jueves, 12 de febrero de 2015

De lo poco a lo más: el abuso

Un día hablaba con alguien sobre la inseguridad, y me decía que un hombre también tiene miedo de que le ataquen, le roben, lo hieran, etc. Yo le decía que sí, pero que usualmente no tiene miedo de que abusen de él sexualmente, o de que lo violen.

Por este lado del mundo, es difícil encontrar una mujer adulta que nunca haya sido de algún modo "tocada" sexualmente sin su consentimiento. Aunque el abusador y el violador suelen ser personas conocidas y cercanas, también están los tipos que se empalman en el transporte público, o los que suponen que es una gracia dar una nalgada a alguien que va pasando. Y es asqueroso.

Aunque en algunos contextos, esto resulta muy claro; en otros, todavía no. Así que es importante hacerlo parte de la educación de los jóvenes, eliminando todo gesto de aprobación o complicidad hacia actitudes de "avance sexual" que son abusivas. Pienso, por ejemplo, en el viejo juego de poner espejitos en lugares estratégicos -como en los zapatos- para ver la ropa interior de las compañeras de la escuela. Es un juego, es parte del rito adolescente de descubrir el sexo; no estoy diciendo que haya que acusar y sentenciar a estos muchachos como a depredadores. Por supuesto que no me asusta, y sé que ahora harán cosas mucho menos "inocentes"... Pero no es correcto, aunque algunas -o muchas- chiquillas se emocionen y sientan una cosquilla de gusto por haber sido vistas. No es correcto, y los adultos alrededor deben educar -a ellos y a ellas- sobre qué es correcto y qué no lo es, en el marco del respeto a la otra persona. Algo que tiene que tiene que ver con enseñar a pedir permiso para todo lo que tiene que ver con cruzar un límite respecto a otra persona. 

Silvia Parque

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