jueves, 4 de febrero de 2016

¿Es un abuso por parte del otro, cuando tú no has puesto límites?

Hoy atestigüé como alguien perdía sus recursos por ayudar a otros; unos otros que son buenas personas y en verdad necesitaban la ayuda, pero que no tuvieron miramiento por los recursos que el ayudador estaba perdiendo.

Desde mi punto de vista, el responsable de la pérdida es sin duda quien perdió. Los otros, en su necesidad, son como un animal de presa con la presa enfrente... sí, sería deseable que fueran considerados, hasta porque alguien con mayores recursos tiene más posibilidad de ayudar; pero el hambriento a veces no puede sino pensar con el estómago.

Silvia Parque

miércoles, 3 de febrero de 2016

Sí puedes, pero así no.

Abundan en las redes sociales, los mensajes del tipo "tú puedes".


A mí, en general, me gustan. Yo soy de las personas que se benefician con un mensaje motivador. Pero...

¿Cómo sabe, la persona que te envía el mensaje, que "tú puedes"?

¡A veces no puedes!

Si es alguien que conoce tus competencias y tu situación vital, tal vez efectivamente sepa que puedes hacer o conseguir algo determinado. Pero muchas veces, la frase se dice con ligereza: "tú puedes", "todos pueden". Y llega a alguien que no está pudiendo.

Yo creo, de verdad, que todas las personas normales podemos hacer lo que es humanamente posible y que con ayuda de Dios cualquiera puede hasta lo imposible. Bajo ese supuesto, no hay más que añadir al "tú puedes". Sin embargo, cuando el esfuerzo está siendo mucho y los resultados no son los deseados, cuando la frustración crece porque en la realidad concreta la persona no alcanza su objetivo, habría que decir: "tú puedes, pero así no".

Silvia Parque

Consulta al pediatra me hace feliz

Mi pediatra estrella envió a B a consulta con un especialista en neurodesarrollo para asegurarnos de que todo va bien. Hoy fuimos, y todo va bien. Eso ya me hace feliz, pero hay más:

Primero: qué persona más amable. Así da gusto pagar un servicio. Porque no solamente los médicos abrumados por la falta de recursos en el ámbito público pueden ser poco amables; también se ve en las consultas privadas.

Como era de esperarse, el doctor preguntó cosas... cosas básicas como cuánto pesó y midió la niña al nacer. Y yo no supe. No me sé esos datos. Una vez, dije que nació el 19 de abril y nació el 18. El padre no podía creerlo, y yo espeté algo como: "pues yo la cuido todo el día, la baño, la cargo, le doy de comer, le cambio los pañales; no será tan importante una fecha, comparado con eso". Pero cuando lo platiqué entre otras madres, resultó que nadie nunca ha olvidado qué días nacieron sus hijos. Yo, la verdad es que olvido más cosas. En la consulta normal de cada mes, la doctora suele preguntar cosas de las que no tengo idea. Creo que la vez pasada preguntó cuánta leche de fórmula toma. ¡Yo no sé! Toma cuando pide, lo que pide, y yo no voy sumando onzas a lo largo del día... bueno: ahora sí lo hago de vez en cuando, por si vuelve a preguntarme. Pero así ha sido siempre con las preguntas... cuando el papá nos acompaña, él responde.

El caso es que hoy le dije al doctor: "Debo ser la única mamá que no sabe esas cosas, ¿verdad?" Y me dijo que no. Me dijo que no, como quien dice "pase usted al cielo, ya puede disfrutar de la gloria por la eternidad". Lo dijo con una gran sonrisa y yo fui feliz.

Luego me explicó cosas, bla, bla, bla, y en cierto momento dijo, como un juez de un concurso de pasteles: "el vínculo con la madre, excelente". Más bla, bla, bla explicativo y demás; pero, ¡vaya!: recordé el miedo que tenía cuando B nació, de hacer algo terrible para su conexión conmigo. Hubo días, en esa cuarentena en la que nos conocíamos, que yo me quedaba mirándola y me veía en sus ojos, y le huía a mi reflejo temerosa de que al estar viéndome a mí misma, no la estuviera viendo a ella. Luego me ocupé de criar y de seguir viviendo, y esos temores se fueron archivando, pero debía haber algo de ellos porque cuando este médico "aprobó" nuestro vínculo, me sentí aliviada y feliz.

Más adelante, el doctor me mostró ejercicios de estimulación con B como modelo obligada, y ella, como yo esperaba, mostró su disgusto, más intensamente de lo que yo esperaba. Su papá le canta "todo lo que quiero es todo lo que quiero" en momentos como ese, que en el rato de la consulta fueron tres. Comentando al respecto, le dije al doctor que es muy voluntariosa, enfatizando el "muy". Él me dijo que no, que esperara a después del año para hablar de voluntad, que ahora eran reacciones, temperamento, nada más. Y también me sentí feliz. Dijo algo así como que le diéramos una oportunidad. Yo dije, como si acabara de descubrirlo: "entonces el drama en cada cambio de pañal es nada más su defensa contra algo extraño que está ocurriendo en el mundo", y me dijo que sí. Y me sentí y me siento feliz.

Silvia Parque