Camino las calles del centro de Querétaro varias veces a la semana, y cada vez las disfruto. Pero no es lo mismo caminar para llegar a algún sitio, que pasear. Al pasear, despacio, con sonrisa de paseo, se aprecian mejor los colores de las hojas de los árboles o la dignidad de la parte alta de los edificios; regocijan la vista.
Me gustan los andadores, especialmente cuando no tienen gente -por ejemplo, en la madrugada-; pero me siento de fiesta cuando son vacaciones y están llenos de turistas tomando fotos. Por la tarde-noche, algunos lugares empiezan a bullir, y una se alegra.
Silvia Parque