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domingo, 28 de mayo de 2017

Duérmete, niña

Pasa la medianoche y mi hija quiere platicar; quiere jugar; quiere seguir con el día.

Mientras escribo se reduce notoriamente el nivel de su ruido.

Se ha quedado dormida.

Hace un par de noches comprobé que si no "cae" de inmediato luego de los arrumacos, no se quedará dormida conmigo en la cama. No puede dejar de platicar. Así que la dejo a su aire, lo que a veces no le parece bien; se opone y a veces se opone con gran pena.

Nunca dejaría de atender su malestar; pero en noches como ésta, me llama y no acudo a la primera, porque a veces luego de llamarme se entretiene con algo y es una oportunidad para que se quede dormida. También le digo que "voooy en un momeeento" y voy hasta que termino lo que estoy haciendo, aunque escuche algo de queja penosa en lo que estoy ocupada. Es otra oportunidad para que "caiga" porque, como he dicho, no se va a quedar dormida conmigo ahí junto.

Y me acuerdo de Matt, diciendo que leyó el libro completo de Estivill y sí le sirvió, aplicado usando su criterio, y de cómo me propuse nunca dejar sola a B con una pena. No la dejaría si supiera que está verdaderamente sufriendo; pero de algún modo, para una pequeñita, no tener lo que quiere como lo quiere es una pena, y yo tuve la fantasía de estar junto a ella cada vez, disponible para el abrazo.

Silvia Parque

sábado, 21 de enero de 2017

Otra de "esas nochecitas" y todo sereno

Esta fue otra de "esas nochecitas".

B se quedó dormida demasiado temprano. Su hora de dormir ha estado retrocediendo, gracias a Dios; pero lo de ayer fue demasiado, asi que ya me lo esperaba. Las últimas veces que "ya me lo espero", me preparo; entonces no se convierte en un drama terrible como llegó a serlo en varias ocasiones: no le grito, no soy ruda, no me desbordo emocionalmente y eso lo cambia todo.

Despertó antes de medianoche, tomó teta y las horas siguientes durmió a ratitos. Dos veces pasé por la emoción de despertarla al contacto con la cobija, al intentar taparla. Una vez pasé por la emoción de abrir los ojos y no verla: había salido de la recámara. Pero todo estuvo bien. Ya cuando tenía más sueño, lloriqueó un poco, pero la mayor parte del tiempo, platicaba y pedía teta o leche. Es bonito oírla; yo le contestaba susurrando, repitiendo sus palabras, completando sus oraciones, sorprendiéndome de sus recuerdos. Cuando no quise darle más teta, se lo dije tal cual: "ya no quiero darte porque estoy cansada y quiero dormir"; luego de que se le cayó leche sobre mi cama, ya no hubo más leche de vaca, tampoco. Y ni entonces hubo drama. 

Como dije, los lloriqueos vinieron cuando ella tenía sueño; a nadie nos gusta no poder dormir, pero si tienes un año con nueve meses, estás totalmente indefensa ante "eso" tomando tu cuerpo. Tomé su manita y empecé a cantarle. Entonce ella dijo "¿dormir conmigo?" -con su pronunciación, claro-. Aunque ahora dice muchas frases, comúnmente de tres palabras, sigue maravillándome cuando le oigo algo nuevo -a cada rato-, y esto no lo había dicho. Pero no es solo que hable, sino lo que está pidiendo. Me conmuevo y por supuesto, la acuesto junto a mí, la abrazo, la acaricio, sigo cantando. Yo estoy medio dormida; ella tiene los ojos abiertos, pero está tranquila. Amo abrazarla, apretar un poquito; no se puede hacer eso con un bebé... ya es una niñita. Al rato se mueve. Le digo que no vaya a la parte mojada del colchón y me la juego cerrando los ojos; cuando los abro, veo que me ha hecho caso. Ha ido a su cama. Esta vez espero buen rato antes de taparla. 

Estoy muy cansada, pero feliz. 

Se habla mucho de "cómo hacer que los niños... esto o lo otro". Sin embargo, seria bueno hablar más de que a los papás nos toca "portarnos bien" y de la necesidad de hacernos cargo de nuestra frustración y de nuestras emociones. Creo que lo demás se va dando. 

Silvia Parque

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Después de un día pesado

Ayer tuve el día normal más pesado de todos los tiempos. No hubo accidente ni enfermedad, gracias a Dios; pero fue muy cansado. Trabajé toda la tarde. Eso B lo toma a veces bien, a veces mal. Ayer lo tomó bastante mal. Podría decirse que hizo lo que pudo por su cuenta: jugó buen rato, se contentó merendando sola; pero quería mamá, necesitaba salir, al rato tenía sueño y yo me iba poniendo tensa porque el trabajo se complicaba. Con todo eso en el cuerpecito de un año y medio -un año, siete meses, en realidad-, fuimos por fin al parque cuando ya había oscurecido; regresamos, cenó, le di teta y casi de inmediato se quedó dormida. Eran las 8:30. Normalmente se queda dormida alrededor de las diez, así que la noche podía ir muy bien o...

Despertó como a la una de la mañana. Era necesario cambiarle el pañal y ya no se durmió. Empezamos bien, platicando. Luego quiso ir a jugar y no le gustó que ya no fuera posible. Al rato empezó a pedir teta para chupetear, pero la pobre estaba tan cansada que no podía acercarse y engancharse sola; yo debía sentarme, cargarla y colocarla al pecho; ella duraba en mis brazos unos segundos y pretendía retirarse a jugar y volver segundos más tarde. Así que terminé gritando un "¡Yaaaa! ¡Por favor! ¡Tengo sueño!" que se repitió dos o tres veces, haciéndome sentir mal cada vez. Su cansancio era evidente y me apenó pensar que tal vez se sentía tan mal como yo (me ardían los ojos, me dolía la cabeza). Afortunadamente estaba su papá, que entró a la recámara a contener los ánimos y a tratar de dormirla. Con lo primero fue suficiente.

Con unos minutos de calma, conseguimos volver a la buena teta. Me disculpé por haber gritado. Como después de cenar, se quedó dormida rápidamente.

Silvia Parque

viernes, 9 de septiembre de 2016

Cansada

Estoy muy cansada: mucho: mucho: mucho.

Ayer empecé una actividad laboral que no puedo relegar a las noches, como cuando corrijo textos. Fue difícil para mi niña perder algo de mi atención, así que en cuanto me desocupé y me recuperó, tomó un segundo aire que la tenía bien prendida ya muy noche. Bueno... otras veces toma "segundos aires" porque vuela una mosca; pero en esta ocasión fue por este motivo. Además, cuatrapeada la rutina por el giro de mis actividades, terminamos yendo al parque de noche; imposible que se encaminara armónicamente a una hora de dormir "oportuna". Mañana será otro día...

Silvia Parque

martes, 23 de agosto de 2016

Despierta

Hace semanas iba a escribir sobre cómo "regularicé" la "hora de dormir" de B, pero tuvimos un par de noches locas. Pensé que serían excepciones de las que también habría que hablar, pero no mucho después llegó la varicela y todo revoloteó. Apenas va volviendo la normalidad. Lo escribo pasada la medianoche, con ella despierta.

Silvia Parque

sábado, 25 de junio de 2016

Tocando fondo con la hora de dormir

Hoy he estado a punto de soltarle una palabrota a B. Me pegó varias veces con la cabeza, por accidente, en lo que se movía como cachorro pulgoso en la cama, a la supuesta-hora-de-dormir. Ya otras noches se había agotado mi paciencia antes de que le llegara el sueño, pero nunca me había molestado con ella. Ahora sí porque me dolió. Y la verdad es que no es justo:

Ella dio signos claros de que tenía sueño pasadas las ocho de la noche, pero como a mí se me hizo tarde en tener la cena lista, no la acosté a su hora; ya había comido dos mangos, así que podía considerarla cenada, pero yo quería que comiera pasta y luego quise que me dejara cenar. Podía pasar que al llevarla a la cama cayera rendida, o que se le hubiera espantado el sueño. Pasó lo segundo.

Tan fastidiada me sentí, que la traje al corralito y me puse a buscar el método Estivill en ese momento. Mi idea era, siguiendo el consejo de Matt, aprovechar lo que pudiera adecuarse a nosotras. No leí sus libros, pero leí varios de los resúmenes de sus consejos, asegurándome de no hacerlo desde la visión de alguno de sus detractores. Ya los conocía, pero en definitiva son otra cosa cuando se leen con una niña de un año bien despierta a la hora en que una no puede más. Sigue dándome repelús, pero algo bueno saqué de estas lecturas. Puede parecer muy básico, pero a mí me hace mucha falta asimilarlo:

Yo estoy a cargo. Debo y puedo implementar lo que me parezca conveniente, con toda seguridad. Obviamente, las necesidades de la bebé están en el centro de mi atención; pero ella no va a definir qué se hace y qué se deja de hacer. 

O sea: Yo estoy a cargo. [Repetirlo 500 veces o hasta que entre al tuétano.]

De lo anterior se desprende algo que llevo más de un año tratando de implementar (considérese que tardé meses en conseguir usar siempre biberones limpios):

Uno de mis encargos más importantes es poner orden: regularizar. Los niños se benefician de las rutinas adecuadas a sus ritmos: hábitos que permiten a sus organismos acostumbrarse a "lo que toca"... incluyendo que "toca dormir". Así que no debe ser común que, como hoy, se me haga tarde para darle de cenar. Y necesitamos ir bajando el nivel de actividad cuando llega la tarde (nuestro ritual para dormir se convierte en pijamada). 

Y bueno: a partir de la búsqueda inicial del método Estivill, encontré varios artículos con consejos prácticos. No me atrevo a recomendar ninguno, porque en las lecturas preliminares a todos les encuentro algo a lo que le pongo tache, pero ya contaré qué funcionó... porque algo funcionará.

Silvia Parque 

jueves, 16 de junio de 2016

La hora de dormir

Hoy, el papá de B y yo hemos tenido una conversación importante sobre el sueño de la niña. Por si no tienen todo el tiempo en mente mis interesantísimos ires y venires con B, les recuerdo que la "hora de dormir" ya era prueba superada, que teníamos una rutina agradable que funcionaba... y que luego ya no: se descompuso. Atravesábamos la descompostura cuando la niña enfermó, y así llegamos al día de hoy, en que mis actividades están a punto de cambiar, lo que incrementa la necesidad de que ella duerma a sus horas, para que yo disponga de mi horario de adulto.

La verdad es que el papá de B y yo nos complementamos bien como padres porque somos diferentes; él aporta a la crianza elementos y recursos valiosos que yo no podría; pero precisamente porque somos diferentes, a veces no estamos de acuerdo. Hoy me sonó "estivilliano" y por supuesto, me opuse tajantemente a cualquier paso en esa dirección. Afortunadamente, hasta ahora no hemos tardado en entendernos y en encontrar una vía que nos satisfaga a ambos; siento que siempre, eso a lo que llegamos es mejor que lo que cada cual pretendía; incluso, si nos quedamos con lo que pensaba él o lo que pensaba yo, "eso" mejora después de haberlo hablado.

Silvia Parque