martes, 31 de marzo de 2015

"Yo te esperaba"

Pienso en mi bebé con ESTA canción... "Y de pronto, un día de suerte, se me hizo conocerte [...]"

Y sobre todo, con ESTA OTRA. Esta otra me parece muy especial; ya me hacía llorar antes de estar embarazada. Pienso que logra expresar la resignificación de acciones como "esperar", "soñar", "imaginar", que se vive cuando, en lo que una se convierte en contenedor de un feto, un bebé se convierte en el universo habitándonos. Esto hace que mucho se viva diferente. Hay una vanidad diferente, un miedo diferente; creo que tan diferentes, que requerirían otras palabras.

Me gusta especialmente cuando la canción dice "solo tú me podías curar el mono de escenario", porque de pronto una se encuentra sintiendo cosas o haciendo cosas, que nunca habría creído, que no corresponden a lo que una ha sido.

Silvia Parque

No dar cochinita pibil

Me gusta mucho ver videos de recetas en Youtube. Como parte de mi alienación a causa del embarazo, hoy veo recetas para bebés.

Aunque tengo claro que hay tantas maneras de criar un bebé, como mamás y papás, me sorprendo un poco. Yo creí que estaba siendo universalmente aceptado, en todo el mundo mundial, que no hay que dar nada más que leche, antes de los seis meses; pero no, hay gente que empieza con la alimentación complementaria desde los cuatro. A mí me parece que al principio, lo mejor es dar la verdura o la fruta sin añadir nada, pero hay quien le prepara un dulce al bebé, sin azúcar, pero con otros ingredientes para dar buen sabor. De todo, en la viña del Señor...

Silvia Parque

Ejercicios de preparación para el parto II

Ayer llegó la noche sin que hubiera hecho ejercicio. Estaba muy cansada, casi soñolienta, pero puse los videos: empecé, continué y terminé. Me aplaudí al final. Nada más por cumplida: por el esfuerzo; si fuera por el modo en que me muevo, apenas me ganaría una mirada de misericordia. Esta vez tuve quién supervisara la acción, para saber si estaba haciendo los mismos movimientos que la grácil joven embarazada en la pantalla. Y pues... ella es una grácil joven embarazada, y yo soy como un pata gorda.

La verdad es que mejoro. Sé que con solo un poquito más de flexibilidad y un poquito más de fuerza, habré ganado mucho. Además, hoy por la mañana me di cuenta de que empecé en el momento en que se estaba haciendo imprescindible: cada día me cuesta más trabajo cargar mi peso, me duelen los pies, y la barriga me oprime de un modo que hace que sienta que me falta aire -lo que se alía con una constipación nasal instalada hace semanas-. Si no sigo haciendo ejercicio, acabará siendo difícil caminar.

Para motivarme, pienso que a la niña le gusta y le hace bien; que así será más fácil volver a hacer ejercicio después de la cuarentena -¡cómo si hubiera estado haciendo ejercicio, antes de embarazarme!-; que los ejercicios de Kegel -incluidos en la rutina- tienen más de un beneficio. Y escribo esta entrada.

Silvia Parque


sábado, 28 de marzo de 2015

Hace más de veinte años, y hoy

Leo [AQUÍ] acerca de un enfrentamiento entre estudiantes y policías, en Guerrero; hay lesionados y, al parecer, los jóvenes incendiaron dependencias de gobierno.

Pienso en lo que declaró el Subcomandante Marcos en enero de 1994, luego de que el EZLN tomara varios municipios de Chiapas:
Nosotros esperamos que el pueblo entienda que las causas que nos movieron a hacer esto son justas, y que el camino que elegimos es uno más, no es el único, ni nosotros pensamos que sea encima de todos. Pensamos, es uno más que hay que hacer e invitamos a todo el pueblo a que haga lo mismo, no que se alce en armas, pero que sí luche porque haya en México un gobierno verdaderamente libre y democrático que cumpla las aspiraciones que quiere cada uno. No queremos una dictadura de otro tipo, ni nada así del otro mundo, del comunismo internacional y todo eso. Nosotros queremos justicia donde no hay ni siquiera sobrevivencia mínima. Eso es en todo el estado de Chiapas. Y uno dirá, pues a poco me voy a alzar en armas. No, pero si muestran su acuerdo, o cada quien en donde trabaja, estudiante, maestro, todo eso, de hacer valer lo que hasta ahora nos han negado lo que es el derecho a opinar y a sentir y a disentir. Eso es lo que queremos. Nosotros recurrimos a esto, pues, porque no nos dejaron otra, deveras. 
En la publicación de "La Jornada", donde yo leí esta transcripción, aparecen también palabras de otra persona, que hablaba a nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena:
Podrán no estar de cuerdo con el camino que elegimos, pero tienen que reconocer que las condiciones que nos llevaron a esto son muy crueles y muy desesperantes. Si ustedes comprenden esto, es una gran ayuda para nosotros.
Silvia Parque

Tang de naranja

Cuando era niña, había pocas opciones de polvos para saborizar el agua. Había Fla.vor.aid y Kool.aid, que tenían sabores muy artificiales. Y Tang, nada más de naranja. Después hubo más sabores de Tang, y otras marcas; pero al principio, al menos por mi rumbo, solo eso.

Decía al mayordomo, la señora del comercial: "Jaaaimeee, el niño tiene sed, y no hay naranjas". Y el mayordomo respondía, orgulloso de sí mismo: "Por eso siempre tengo Tang".

El atributo distintivo era que verdaderamente sabía a naranja. En un Selecciones viejo, encontré un anuncio donde prácticamente se invitaba a hacerlo pasar por el sabor del jugo. Ahora que nuestros paladares conocen tanto, no lo creeríamos; pero si se le compara con el Fla.vor.aid y el Kool.aid, en tiempos en que no había otra cosa, puede que compráramos el ofrecimiento.

Lo elijo siempre.

Silvia Parque

La niña siria que se rinde

Matt decía que en su barrio asaltan, y yo creí que tenían plaga de carteristas.

La experiencia siempre se cuela en la percepción y la asignación de significados.

Cuando vine a vivir a Querétaro, pasé meses creyendo que los "cuetes" (cohetes) en honor al santo de la ocasión, eran balazos.

Pero yo crecí en un lugar seguro: un mundo seguro, un hogar seguro. Sé que las cosas no tienen que ser como no deben ser. ESTA niña, que cree que una cámara fotográfica la está amenazando, quién sabe qué pueda entender o creer sobre las posibilidades de estar bien, en medio de lo que le toca vivir.

Silvia Parque

viernes, 27 de marzo de 2015

La peor decepción


La decepción es un asunto entre una misma y sus expectativas; la otra persona no es responsable de cómo vivimos la realidad. Pero en esta cultura, prometer sin cumplir, mentir, no hacer lo que corresponde al rol que jugamos, es decepcionante.

Si decepciona la persona que vende gorditas en la esquina, puede haber frustración. Si decepciona la pareja, o la mamá, o el papá, puede ser el acabose. Y sin embargo, en mi experiencia, nada es tan duro como caer en la cuenta de que yo he sido "la decepcionadora".

A menudo decepcionamos a quienes suponen que "deberíamos" esto o aquéllo, en una especie de contrato del que no estamos enteradas o que nunca firmamos. O decepcionamos a quienes se hicieron imágenes o historias sobre nosotras, salidas de su prejuicio o imaginación. Eventualmente, es lamentable; pero es un asunto entre la persona decepcionada y su inteligencia emocional.

Sin embargo, cuando fallamos en algo importante, de esos fallos que lastiman al otro hasta hacerle daño, y que sí estaba en nuestras manos no cometer: qué difícil es sabernos causa de decepción. Puestos a elegir, prefiero que me decepcionen.

Silvia Parque

Ejercicios de preparación al parto

Después de fallar una vez y otra vez, en mi intento por hacer rutinaria una simple caminata de 20 de minutos diarios, hoy empecé a hacer "ejercicios de preparación al parto". Es una rutina breve y simple; pero la mayor parte me cuesta mucho trabajo, y hay ejercicios para los que me declaré incompetente, este primer día.

Tengo experiencias reiteradas de incapacidad, en esto de hacer con mi cuerpo, lo que el modelo hace con el suyo. Pero nunca me había sentido tan como una foca pesada. Mejor ahora que después. A la niña, parece que le gusta.

Silvia Parque

El recibo de agua y ajustar cuentas conmigo

A mí no me gustan algunas cosas de mí: ser displicente con mi cuidado personal, postergar lo que quiero hacer, dejar que el miedo me haga evadir el camino hacia mis metas. Pero soy comprensiva conmigo, me tengo paciencia y aprecio los pasitos que doy para ser "más" como quiero ser. En lo que soy poco tolerante, es en "hacerme tonta". No me fustigo por eso nada más porque no me fustigo por nada; pero no lo permito.

He creído que pocas veces me "hago tonta". Suelo estar muy consciente de los qué, por qué, y para qué, aunque a veces sea prudente no hacérselos saber a nadie más que a mí misma. Pero a veces, ocurre; cuando pasa, según yo, salgo inmediatamente de la nube de tontería artificial. Porque el "hacerse tonto" no es lo mismo que ser tonto. Yo con la tontería en sí misma no tengo más problema que con otras debilidades o fallos: es la tontería "a modo" la que no soporto en mí. Supongo que tengo un llamado interior a la responsabilidad. (Se piensa que la responsabilidad siempre te lleva a hacer lo correcto, pero no necesariamente: se trata de responder por lo que haces o dejas de hacer, correcto o incorrecto.)

El caso es que he ido por la vida, dándome gusto y actuando según mi criterio, lo cual, a veces ha traído consecuencias que no eran las más deseables. Y he creído -como vengo diciendo en toda la entrada- que no "me hago tonta", porque efectivamente no me hago tonta en estas cosas trascendentales de la identidad, los afectos, las motivaciones del comportamiento. Pero: "dime de qué presumes y te diré de qué careces".

El mes pasado, no llegó el recibo del agua. En realidad, se convierte en recibo hasta que lo has pagado; antes, es un aviso de cuánto se debe y cuándo hay que pagarlo. El caso es que no llegó, o se voló, o desapareció, y "por lo tanto": no lo pagamos. Como si no lo debiéramos. Como si el papelito fuera lo importante. Como si no supiéramos que mes tras mes, hay que pagar el agua.

No es grave. Es más difícil pagar dos meses que un solo mes, pero tan-tan. Lo que me quedo pensando, es en la capacidad para entrar en una nube rosa donde no hay que hacernos cargo de lo que hay que hacernos cargo. Porque no estamos hablando de estar en contra del modo en que se cobra el agua, o del hecho en sí mismo de pagar por el agua: eso sería otra historia. Estamos hablando de hacernos tontos. ¿Y de qué sirve que no me haga tonta en lo profundo e importante, si me hago tonta en lo superficial, que es de lo que está lleno lo cotidiano?

Pensándolo, empecé a ver cómo, retorcidamente, me "hago tonta" con lo que acaba siendo displicencia, postergar, y evadir. Y aunque no voy a empezar a fustigarme, creo que es momento de que la comprensión sea menos pasalona.

Silvia Parque

jueves, 26 de marzo de 2015

Básicos para mi relación con las personas

Para mi bienestar, en mi relación con las personas:

Si "alguien" no me ha hecho daño a mí o a alguien más directamente relacionado conmigo, incluso cuando efectivamente haya hecho algo que es en mi contra o en contra de alguien directamente relacionado conmigo: no tengo un problema con ese "alguien".

Si "alguien" me ha dañado, o a alguien más directamente relacionado conmigo, me ocupo de aliviar los efectos del daño; me deshago del problema con la persona, porque mi energía no da para ocuparme de dos asuntos de ese tamaño, al mismo tiempo.

Silvia Parque

Pre-cena familiar

Hoy comparto pre-cena con las tortugas. Mi papa rellena llegará hasta tarde y no comí con proteína, así que me preparo un huevo cocido que compartiré con ellas. Siento que así somos más una familia.

Silvia Parque

Si nos quedamos con lo bueno que no queremos, se hace basura

No es raro que las personas se den cuenta de lo conveniente que resulta deshacernos de los mensajes negativos que recibimos. Si con suerte, con apoyo, con atención, conseguimos deshacernos de la basura que hemos guardado, usualmente no admitiremos basura nueva: filtramos lo que otros dicen de nosotros, o las reacciones de otros hacia nosotros, de modo que vamos dejando fuera "lo malo".

Pero no solo "lo malo" es basura. Se hace basura todo lo guardado que no nos sirve. Eso incluye mensajes de todo tipo: miradas, sugerencias, comentarios, que se hacen con buenas intenciones y hasta con cariño, y que pueden estar llenos de razón.

Supongamos que yo preparo pizza de cierta manera, con mi receta uniquísima: una pizza que me satisface totalmente. Supongamos que al saber que le dedico tiempo y energía a mis pizzas, un buen amigo me comparte el secreto de la salsa de los más renombrados cocineros italianos. Sin duda, agradeceré saberlo; pero si mi propia salsa es esencial para mi receta uniquísima, con la que estoy tan satisfecha, no voy a utilizar el maravilloso secreto revelado. Tal vez pueda aprovechar algo de lo que me han dicho para mejorar mi salsa; pero si hago su salsa, voy a perderme de la mía, y adiós mi pizza.

¡Bueno! Con la pizza no importa porque puedo preparar mi receta un día, y otra receta al siguiente día. Pero si se trata de cómo vivir, hay que arriesgarnos por nuestra vocación, por nuestros principios, y cuando lleguen otras visiones de la vida, tan buenas como la nuestra, hay que recordar por qué y para qué nuestras elecciones, y hay que dejar fuera lo que no nos sirve, por bueno que pueda ser para otros. Esto no significa dejar de escuchar o de considerar las ideas que se nos proponen; pero no a todo le vamos a decir "sí": ni siquiera a todo lo útil o valioso.

Esto puede ponerse muy difícil para los adolescentes, cuando les llega el momento de hacer elecciones vocacionales. Imaginemos que después de pensar y pensar, el chico o la chica, decide que su pasión está, por ejemplo, en el Derecho: que eso es lo suyo. Pero llega el Tío Práctico y le dice que revise cuántos egresados de Derecho hay en el país, que haga un sondeo para ver a qué se están dedicando estos egresados, que... bla, bla. No digo que no haya que tenerlo en cuenta. Advierto que después del Tío Práctico, puede llegar la Tía Placer, el primo Lógica, la vecina Optimista con el amigo Pesimista, y toda una gama de conocidos, cada cual con una postura diferente. Por más que el joven o la joven, trate de tomar en cuenta todos los criterios, en su propio criterio no va a caber todo.

Esto de "dejar ir" opciones, está presente todo el tiempo. Algunas personas suponen que siempre eligen lo "realmente bueno"; pero la verdad es que dejamos muchas buenas opciones, porque no corresponden a nuestra visión del mundo, de las personas, de las cosas; porque no tenemos tiempo para vivir más que la vida que estamos viviendo. Si lo asumimos, no hay necesidad de desgastarnos tratando de integrar a nuestra forma de ser o de hacer, cada buena idea que se nos ofrece.

Silvia Parque

miércoles, 25 de marzo de 2015

Arcoíris

He visto el arcoíris de mayor brillo, entre todos los que haya visto; el primero del que puedo percibir un arco completo. Salí para verlo mejor, y noté a su compañero: ese arcoíris tenue que suele aparecer junto al principal, nada más si una se fija bien. Qué cosa más bella.

Silvia Parque

Espera a que el otro pueda escucharte

¿Has visto a un gato con los pelos erizados y la cola levantada? No es el momento para acercarte.

Con las personas pasa más o menos lo mismo. No es personal. Puedes tener buena intención y puedes tener la razón; tal vez, lo que vas a decir o lo que quieres hacer, es justo lo que la persona necesita; pero si no es el momento: no lo es.

Para esperar con calma que alguien que te importa se tranquilice y te permita acercarte, nada mejor que encomendar la persona y la situación, a Dios. Pero con calma o sin calma, con o sin estrategia, esperar es lo apropiado para que no te lastimen, para no hacer el problema más grande, y para tener alguna posibilidad de ayudar efectivamente.

Silvia Parque

Solo un poquito de peligro

Ayer, en la tienda, tiré dos latas de leche evaporada, y una de ellas se abrió, así que la compré.

Esta mañana recordé lo importante que es sacar el alimento de inmediato, de una lata abollada o abierta. Vacié la leche en un recipiente, y me consolé pensando que de todas formas, la lata ya tenía tiempo lastimada; la pila de la que cayó es de latas -en oferta- con algún golpe evidente. O la tiraba a la basura, o la usaba con confianza, y no la iba a tirar. Así que bebo café con leche evaporada y usaré el resto para hacer pasta, a mediodía.

Si nos ponemos cuidadosos, muchas de nuestras prácticas deberían cambiar, y muchas se harían imposibles. Yo me quedo con lo básico: lavar las manos, desinfectar el agua... cosas así. Pienso que "poco veneno no mata", y que, como descubrió mi amiga oncóloga, si te pones a averiguar, todo es cancerígeno.

Tengo en cuenta los perjuicios relacionados con la Coca Cola, la sopa Maruchan, y la larga lista de productos con jarabe de maíz de alta fructuosa, o niveles increíbles de sodio. Pero creo dos cosas: que el problema es el exceso y la falta de balance entre la chatarra y lo nutritivo, y que estoy protegida. Puede parecer que nada más la primera creencia es objetiva y racional; pero lo segundo no es una tontería. Tuve un maestro de clínica que nos decía que lo que iba a matar a los fumadores no era fumar, sino la culpa con la que fumaban desde que empezaron las campañas contra el cigarro.

Silvia Parque

martes, 24 de marzo de 2015

TERMINA DE ESCRIBIR en facebook

Ahora, TERMINA DE ESCRIBIR tiene una PÁGINA EN FACEBOOK.

Silvia Parque

Septenios del desarrollo: de los 0 a los 21 años

Encontré en Youtube, una plática del Dr. Karmelo Bizkarra: Los septenios de la biografía humana.

Según cuenta este médico, el desarrollo humano se divide en septenios, que a su vez forman tres grandes grupos:

  • Desarrollo físico, de los 0 a los 21 años.
  • Desarrollo anímico, de los 21 a los 42 años.
  • Desarrollo espiritual, de los 42 a los 63 años.

Concluido el último periodo, la persona puede dedicar su energía a "dar" al mundo, a partir de lo que ha aprendido.

He resumido lo que más me ha interesado de las características del primer gran grupo:

Septenio de los 0 a los 7 años.- "El niño es un habitante de dos mundos, porque el niño no está aquí todavía. Un niño de tres meses, un niño de cinco meses, va entrando poco a poco [...] en su cuerpo". El niño necesita experimentar la bondad, a partir del cuidado que recibe; de este modo, "simpatizará con el mundo": se sentirá protegido y querido, y crecerá saludablemente. En sus primeros años, logrará tres conquistas: la del espacio, al conseguir estar erguido y caminar con las manos libres; la del lenguaje, al conseguir comunicarse con la palabra; y la de las capacidades básicas del pensar. Hacia el tercer año de vida, termina su fusión con el mundo de la madre, y aparece la sensación de individualidad; el papel del padre es fundamental en este proceso. Esto no quiere decir que antes, el niño no tenga su propia forma de ser; cada cual nace con su propio temperamento, que ha de respetarse, igual que sus ritmos de alimentación y sueño.
Es especialmente importante saber que si se empuja al niño de esta etapa, a aprender antes de tiempo, perderá vitalidad; por eso, si va a la escuela, debería ir a jugar. Lo que tenga que aprender, lo aprenderá por imitación, sin largas explicaciones, y sin que se pueda evitar que note las inconsistencias entre el pensar, el sentir y el hacer de sus modelos.

Septenio de los 7 a los 14 años.- Se trata de un periodo de maduración psicológica, que coincide con la etapa escolar del niño, en la que necesita experimentar la belleza: los ideales. No es de extrañar que la figura de mayor influencia sea el maestro: la autoridad que sabe. Se recomienda la lectura de las vidas de personajes que han ayudado a que el mundo sea mejor. Sin embargo, no debe perderse de vista que el niño, más ágil que nunca, necesita contacto con la naturaleza, sobre todo porque aprende con el ritmo, y la naturaleza le ofrece ciclos y estaciones. Por esto, es el tiempo ideal para el desarrollo de patrones de hábitos.
Más o menos a la mitad del septenio, alrededor de los 9-11 años, el niño vivirá una crisis cuando note que el mundo no es tan bueno ni tan bello como creía; ya no estará completamente protegido por los padres, y requerirá valor para enfrentar la realidad.

Septenio de los 14 a los 21 años. Es la fase de la relación social y la búsqueda de complementariedad, incluido el aspecto sexual. El adolescente necesita experimentar la verdad, en cuanto a la consistencia entre el actuar, el sentir y el pensar. Su mayor influencia es el grupo de amigos, y "hará todo lo necesario, sano e insano, para sentirse integrado al grupo". Es el momento no solo de crear su individualidad, sino de creer en ella, para lo cual necesita oponerse a sus padres y resistirse a la autoridad.
Alrededor de los 18 años y medio, es común que el adolescente se pregunte para qué ha venido al mundo; a menudo, los conflictos que genera esta crisis desembocan en conductas peligrosas. Afortunadamente, muchos conflictos se solucionan solo con llegar a los 21 años, y vivir el "nacimiento del yo".

Silvia Parque

Querido estrógeno

Las hormonas, señoras y señores, existen, y actúan. No justifican malcriadeces en la adolescencia, ni violencia en los hombres, ni comportamiento de bruja en las mujeres que menstrúan. Pero existen, y hacen lo suyo. Las mías, están desatadas.

Sabía que paso por un periodo de extra-emotividad; pero el día de hoy, llegué a un punto crítico. Estaba leyendo la biografía de un candidato a gobernador, y llegando a su lista de logros, de cuando fue funcionario público, leo que se establecieron tal universidad y tal otra, en su municipio... que una guardería... un centro de salud... y me entran ganas de llorar, como si fuera la lista de Schlinder. Toda conmovida.

Es extraño porque al mismo tiempo, la Silvia normal que habíta en mí, observa el fenómeno...

Silvia Parque

lunes, 23 de marzo de 2015

Papa asada

Comí una papa asada, con carne al pastor y queso. Me gusta mucho; pero a veces la pido nada más porque no tienen -en ningún lugar por aquí-, una simple papa asada con mantequilla. Puedo cocer una, ponerle mantequilla y dármela (a falta de asador); pero no es lo mismo.

Silvia Parque

Una famosa y la fantasía de mi hija

Vi a Carmen Aristegui en el mensaje en relación con su despido, hace tres días, y noté que tiene poco cabello. Hoy veía sus fotografías en las imágenes que la gente utiliza para publicar mensajes: se le ve en diferentes estados de ánimo, con poco maquillaje, y bien vestida sin que sea su ropa lo que llame la atención. Me gusta, y pensé en mi hija.

No quiero que mi hija sea una cosa u otra (profesionista, deportista, cirquera, ama de casa...); no estoy deseando que destaque o consiga el éxito que el mundo diga que es deseable. Quiero que sea ella, y se cumpla a sí misma; que esté satisfecha con la persona que es. Sé que si ocurre, se reflejará en su imagen, y sí: me gustaría que se viera así de bonita; con la mirada honesta y la vitalidad de quien está pensando en algo.

Silvia Parque

Lo que provocan sus movimientos

Había mencionado que siento los movimientos de mi bebé. Pero no hay punto de comparación con lo que siento ahora, que su tamaño y su fuerza hacen que los movimientos, incluso se vean. Es tan extraño como agradable. Yo lo disfruto muchísimo, hasta cuando provoca que algo que no sé, se me estire, y duela.

Me queda claro que si ahora es difícil acomodarme para dormir, y mis propios movimientos van viéndose limitados, cuando la panza siga creciendo, eso va a "ir a más". Sin embargo, sobre todo cuando la siento, quisiera, de algún modo, que se quedara ahí dentro. Digo "de algún modo", por tener cuidado con mis deseos, porque por supuesto, quiero que nazca y verla crecer. Pero en el fondo, en mi interior, siento que ya la conozco y que adentro está muy bien. Ya hasta la he visto crecida, en mis sueños, así que no tengo curiosidad... La estoy queriendo para mí, y sé que no me pertenece, así que renuncio al deseo, pero de que lo he sentido: lo siento...

He tenido esas pláticas sobre las mujeres que tenían diez, once, quince hijos, y he dicho aquello de "todos esos años embarazadas". Porque el embarazo es fabuloso, un milagro, y todo eso; pero no precisamente un dulce, aunque traiga consigo momentos dulces. No obstante, si pudiera llevarla conmigo un año, tres años... o diez. ¡Gran tontería!, pero si se pudiera...

Los primeros meses del embarazo, supe que, a diferencia de otras mamás, yo no sentia que ella y yo fuéramos "una misma". Primero me sentí invadida; luego, de un modo más amable, sentí mi cuerpo compartido; pero no he sentido que sea "parte de mí": siempre la he sentido "ella", hasta con sus propios gustos: con su voluntad. Pensé que tal vez, las mujeres que se sentían en fusión con su producto serían más propensas a cursar con depresión post-parto, y pensé que yo no tendría problema en experimentar cómo la inquilina procedía a ocupar su propio espacio en el mundo, acá afuera -donde por cierto, seguiría dependiendo de mí-. Ahora sé que será una renuncia. No voy a sufrir por eso; sobre todo, porque ya me voy ocupando; pero será una renuncia.

Silvia Parque

sábado, 21 de marzo de 2015

Llegó la primavera

Es el tercer mes del año, y conforme a mi teoría de que hay una tendencia a empezar las cosas en el tercer momento (tercer día, tercera semana, tercer mes, tercer año...), es un buen día para sacudir los propósitos de año nuevo, y para poner en acción y apretar el acelerador de los proyectos.

La mejor limpieza de primavera es la que se hace en la mente y en el afecto. Quitadas las telarañas y el polvo, hasta se respira mejor.

Silvia Parque

Casa segura

El número 216 de la revista Mi bebé y yo, publica el artículo: "Pasos seguros por toda la casa", en el que ofrecen "tips de los expertos para que sus primeros pasos los lleve a cabo con seguridad" -un niño, por supuesto-.

A lo largo del recorrido por la recámara, sala, cuarto de baño y cocina, se mencionan:
  • monitores, 
  • barandal de cama, 
  • lámpara de luz suave, 
  • cubre enchufes, 
  • cubre esquinas para los muebles, 
  • seguro que evite que la puerta azote, 
  • seguros para las ventanas, 
  • barrera de seguridad para la puerta de la recámara, 
  • rejas protectoras para mascotas, 
  • puertas de seguridad al inicio y final de las escaleras, 
  • pasamanos, 
  • seguro para la tapa del WC, 
  • seguros para los cajones, 
  • seguros para manijas de las estufas, 
  • seguros para puertas de cómodas, armarios, y del refrigerador.

Me parece buena idea colocar cubre enchufes en el área donde usualmente está el niño, o asegurar las puertitas o cajones donde se guardan medicinas o productos de limpieza. ¿Pero tantísima seguridad es necesaria? Yo sé que las desgracias pasan en un segundo, pero generaciones y generaciones hemos sobrevivido a casas comunes con "áreas peligrosas".- Esta idea es un poco chocante: generaciones y generaciones han sobrevivido sin inventos que nos dan mayor calidad de vida, y de los que no hay por qué prescindir; pero es que la lista me parece una exageración...

Silvia Parque

Algunas viejas buenas costumbres

Usualmente, en el camión, me ceden el lugar. A veces, no.

La cortesía de ceder el asiento a una mujer, se presta a cuestionamientos en relación con nuestras creencias sobre el género. Sin embargo, ceder el asiento a una mujer evidentemente embarazada, igual que cederlo a una persona mayor, discapacitada, o cargando un bebé, es un acto de consideración hacia las limitaciones y necesidades del otro.

Nadie sabe, en realidad, quién está en mejor condición para permanecer de pie y hacer equilibrios, así que no hay por qué juzgar a quien no se levanta para que otro se siente; sin embargo, sería bueno tener presente educar a nuestros hijos e hijas, en la consideración a los demás.

Silvia Parque

viernes, 20 de marzo de 2015

Niñas que confían en el mundo

El domingo pasado vi a una niñita que había estado en el hospital. Ahora estábamos en una cafetería. Entre el montón de gente que hablaba, esperaba o comía, alguna le resultaría conocida, y otra, no tanto. Creo que se dio cuenta de que le poníamos atención, y dijo: "quiero hot cakes"; suave y natural, con voz bajita. Era imposible que fuera vista o escuchada del otro lado de la barra, donde servían, y por supuesto, no se dirigió a la caja, para pagar al ordenar. Fue a donde había alguien conocido, y funcionó: Fulano llamó a Perengana y se atendió a la niña. No preparan hot cakes en ese lugar, pero mientras me movía para no estorbar, oí cómo le ofrecían otra cosa. Me había dado mucho gusto verla, en brazos de su mamá, y caminando por ahí; pero oírla pedir lo que se le antojó, me dio mucho más gusto: supongo que me pareció que el apetito es señal de salud, y el deseo es señal de ánimo.

Tres semanas antes, me llamó la atención otra frase, de otra niñita; una más pequeña, de las que ya caminan bien y se entiende lo que hablan, pero que todavía tienen mucho de bebé. Se encontró en medio de unos cinco adultos, y sin levantar la cabeza ni dirigirse a alguien en particular, preguntó: "¿dónde está mi mamá?" El tono podría haber sido el de un médico que llega a hacer visita a un enfermo, y pregunta: "¿dónde está el suero que se indicó?" Nada dramático, pero dejando bien claro que es una pregunta con requerimiento de respuesta. La otra mujer que estaba cerca, le dijo: "vamos a ver si está arriba", y la llevó a buscar... No sé si los hombres sintieron la necesidad expresada en la pregunta; pero sé que la otra mujer y yo, sentimos la necesidad de responder a esa necesidad. El caso es que la niña soltó la pregunta sin buscar ningún rostro, sin tocar ninguna pierna; pero tampoco "al aire".

Ambas sabían que serían escuchadas. Incluso considerando la aprensión de la más pequeñita, creo que ambas podían confiar en el mundo. Es bueno verlo.

Silvia Parque

jueves, 19 de marzo de 2015

El agua como fuente de energía personal

Como he pasado por periodos sin energía, me he ocupado de distinguir qué es lo que consigue animarme. El agua destaca, y no me cuesta nada ser del club "amigos del agua", como sí me cuesta, por ejemplo, hacer ejercicio.

Era especial aquella agua de los recipientes de barro, que dejaron de usarse porque dijeron que eran cancerígenos: ese sabor a tierra y esa sensación fresca, producían un efecto realmente energético. Pero el agua común hace lo suyo.

Y no solamente es el agua como bebida. Un baño a la mitad del día, recarga las pilas. Como si limpiar la piel, sacudiera el cansancio y despejara la mente.

Silvia Parque

Efecto chocolate

Amo el chocolate. Como mi ginecóloga indicó moderación con la sal y el azúcar, en los últimos meses no he comido todo el chocolate que habría comido, de no estar embarazada.

Ya había notado que una barrita pone activa a la bebé. Sin embargo, ahora que sus movimientos son mucho más perceptibles, puedo notar la magnitud del "efecto chocolate". Gran magnitud.

En realidad, a veces se mueve con gran energía sin que yo haya comido nada azucarado. Pero sabiendo que acabo de compartirle mi ración del día de chocolate, sus movimientos enérgicos me generan un poquito de algo parecido a la culpa. Pienso que la estoy drogando, y me detengo. [Siempre he temido que un día hagan ilegal el chocolate.]

De inmediato descarto la posibilidad de que sufra daño; pero sí atiendo las advertencias de que un feto excitado tiene mayor probabilidad de ser un bebé inquieto. Es lo que me han dicho...

Silvia Parque

miércoles, 18 de marzo de 2015

Las garras de las tortugas

Mis tortugas tienen garras enormes. Para llevarlas de un lado a otro, es necesario tomarlas desde atrás, con el pulgar sobre el caparazón y el resto de la mano abajo de la tortuga. Usualmente se mueven, por lo que hay que cambiar la posición de la mano transportadora para sujetar bien, o usar la otra mano al mismo tiempo. De cualquier modo, es difícil que las garras no terminen arañando un poco, así que hay que hacerlo con cariño para que no moleste.

Silvia Parque

Me pica


Mi piel es territorio en crisis.

Apenas unos días después de saber que estaba embarazada, compré aceite de almendras, y empecé a untarlo regularmente en las partes del cuerpo que sabía que iban a crecer. La barriga creció tanto, que dejé de ver la parte de abajo de mi vientre, y la omití de las sesiones de cuidado. Hasta que un día sentí una comezón más molesta que las otras, ahí donde ya no podía ver, en el vientre, abajo. La piel estaba roja, roja -según el informe que recibí-, y daba la impresión de romperse. Ahora la cuido con una pomada especial, y parece que se ve mejor; pero la sensación de ardor y picor, sigue.

En medio de la barriga, todos los pantalones excepto uno, dejan la marca de su presencia. He creído que es porque ya casi nada me queda; pero puede ser que no sea la relación tamaño-talla, sino la sensibilidad de la piel. Quisiera que no me rozara nada.

Para terminar: arriba, en el cuadrante superior izquierdo de mi cuerpo, como un caminito de la espalda a un costado de mi teta, pasando por el hombro: seis granitos dan lata como un ejército de piojos asesinos. No son ronchas; parecen granos comunes, de los que salen en la cara de los pubertos. Cuando yo pasé por mi temporada de acné, nunca tuve comezón de esta manera, pero así se portan estos seis. Tal vez la pomada para la barriga era demasiado para la piel de este otro lado, más delicada, y tapó los poros; he dejado de usarla ahí, y empecé a lavarme con jabón exfoliante. Espero que funcione.

Para ponerlo en perspectiva, calculo el porcentaje de la piel "afectado", y me alegro de que no sea para tanto.

Silvia Parque

martes, 17 de marzo de 2015

Aguantar o soportar, en el amor

Siento interés por las parejas que han conseguido mantenerse unidas, amándose, a través de décadas. Por las parejas de personas mayores que consiguen llegar juntas a la vejez, no simplemente coexistiendo en una casa, sino realmente siendo una pareja sentimental.

Cuando se piensa en las características de esas personas, o de su relación, se considera lo positivo: que se demuestran el afecto, que se cuidan, que consideran las necesidades de la otra persona, etc. También se pueden abstraer ciertos "principios estratégicos": no dejar que los hijos se interpongan en la relación, resolver los conflictos antes de que crezcan... Pero hay algo que creo que a nadie le gusta notar, y que es de lo más importante; algo que sería políticamente incorrecto sugerir a las parejas actuales: estas personas, en un momento u otro de la relación, han "aguantado" o "soportado" una mala actitud o un mal comportamiento de la otra persona. Más allá de tolerar algún hábito molesto, y antes de perdonar algo indebido, ha sido necesario que durante algún tiempo, permanecieran en la relación cuando estaban siendo tratados de una manera injusta, oprobiosa o indebida. Y si a nadie cuerdo le ha gustado nunca "aguantar" o "soportar"; menos, en estos tiempos. Por supuesto: el amor no se trata de eso: el amor da buen fruto y crece entre el respeto y la amabilidad. Pero por una u otra razón, el amor entre dos seres imperfectos tiene malas rachas, en las que se ensombrece dejando partes de la relación vulnerables y expuestas a una gama de cosas penosas. Ahora, cuando "lo penoso" ocurre, se deja morir lo que quede de amor, y cada cual se pone a salvo.

He oído a algunas mujeres mayores, decir que si hubieran tenido la facilidad para salir adelante económica o socialmente después de un divorcio, se habrían divorciado cuando el esposo hizo esto o aquéllo. Así que algunas mujeres del siglo pasado, tal vez muchas -hablo con más mujeres que hombres-, se quedaron en una relación, a pesar de infidelidades, abandono emocional, groserías, etc., porque sintieron que no tenían opción. Pero otras se quedaron porque querían conservar el matrimonio: por amor, del modo en que entendieran el amor; y finalmente, la esperanza de que las cosas "se arreglaran" se convirtió en realidad. Quince años o treinta años después de la crisis, haber "aguantado" o "soportado" un tiempo, no parece haber sido mala idea. Esto es delicado porque puede confundirse con la pasividad de quien está en posición de víctima. Aceptar un trato indigno es un lento suicidio emocional; esperar que el violento cambie sin hacer nada al respecto, es peligroso e inefectivo. No se trata de eso. Tal vez se trata de ser sagaz en medio de la defensa de lo que es propio...

Silvia Parque

Preguntar y responder

Me escribe un ex alumno para preguntarme algo, y le respondo. Le respondería a cualquiera; pero a este joven le respondo con mucho gusto, por su educación y su interés en lo que hace.

Preparo arroz y me acuerdo de que el día en que hice lentejas por primera vez, me topé con una conocida de mi abuela, y le pregunté por la proporción agua-lentejas. Me aclaró lo que necesitaba saber, aunque no teníamos relación entre nosotras; ella ni siquiera tenía una relación cercana con mi abuela.

Así, noto que en las reuniones, cuando alguien pregunta "qué será bueno" para esto o para lo otro, quien puede responder, responde. Hay quienes lo hacen para lucirse y acaparar la conversación; pero creo que la mayor parte de las personas, sentimos inclinación por compartir algo que sabemos, y que puede ayudar a otro.

Silvia Parque

lunes, 16 de marzo de 2015

Descubrir cosas macabras en el espejo

Introduzco, asentando que soy una persona vanidosa. Puede ser difícil de creer, porque mi imagen dista de la imagen de una mujer preocupada por su apariencia. Pero a mí me gusto, y me importa permanecer bajo mis propios "parámetros" de belleza: de la mía.

Y bueno, pues... tengo benditas 31 semanas de embarazo, con lo que eso trae consigo...

Había estado disfrutando de sentirme muy bien con mi aspecto. Amo mi barriga enorme, como si me hiciera poderosa. Tal vez eso me diera una buena actitud para ver mi cara, y así iba yo por el mundo de la superficialidad, feliz por verme como me veo, y por no necesitar que la opinión de nadie respaldara mi gusto.

Hasta una mañana, hace poco, en la que descubrí algo macabro: un par de rayas oscuras en cada una de mis axilas.

Fue realmente algo tristísimo durante varios minutos..

Luego, pensé que seguro habría algún producto para eso, y que si estas manchas son primas de la línea alba -con la que no he tratado-, el "problema" desaparecerá cuando mis hormonas vuelvan a la normalidad. Fui a buscar información en internet, y la encontré en un foro de embarazadas. Me sorprendió la expresión de algunas mujeres, en relación con la hiperpigmentación de diferentes partes de sus cuerpos, y por eso escribo esta entrada.

¡Qué manera tan fea de hablar de sí mismas! De su piel o de su cuerpo, que finalmente, son parte de sí mismas. Yo no voy a decir que la imagen no tenga importancia: he empezado por exponer que soy vanidosa y he usado la palabra "macabro" para describir lo que vi. También, como ellas, asocio las manchas oscuras con "suciedad", y me apena. Pero son mis axilas: como estén. Y no sé cómo se vea lo que les pase a ellas, pero ¿qué tanto pueden estar "en descomposición"? ¿Qué tan "asqueroso" y "terrible" puede ser? Pongámonos más de nuestro lado.

Silvia Parque

Sobre el despido de Aristegui


Comunica MVS, el domingo 15 de marzo, que: "ha dado por terminada la relación de trabajo que tenía con la periodista Carmen Aristegui Flores [...]"

No veo ni oigo a Carmen Aristegui con frecuencia; solo busco lo que publicó o dijo, cuando hay un tema de mi interés. No pongo las manos al fuego por ella, aunque me parece honesta y comprometida. Me gusta su trabajo, pero creo que aunque no me gustara, me posicionaría igual. No se trata de su persona o del evento particular de un despido injustificado (o tres despidos, o los que sean); no hace falta suponerla una heroína y seguramente hay peores injusticias en el mundo de las relaciones laborales. Se trata de nuestro derecho a la información y del grado en el que podemos dejar la mesa puesta, al banquete de la corrupción. Se trata de la necesidad de un poco de cordura, en un país donde suceden cosas tan terribles, que sería para dar risa si no nos fuera la vida en ello.

Silvia Parque

La normalidad es sensible

Una serie de "incomodidades corporales" me ha mantenido un tanto alejada del blog... del jabón para lavar trastes, del par de libros que estoy leyendo, etc. También estuve de farra con mi abuela del martes al sábado, para mi gran satisfacción. Podría decirse que tuve unas "vacaciones peculiares". Pero es hora de volver a la normalidad.

No obstante, la normalidad es muy sensible, y cuando la dejas de lado, tienes que rogarle para que regrese.

Hoy desperté tarde, la lluvia me hizo cancelar planes, y pagos retrasados me hacen reprogramar la agenda.

Tengo la teoría de que estos regresos al orden, requieren de tres días. Veamos cómo llegamos al miércoles.

Silvia Parque

viernes, 13 de marzo de 2015

Resfriado

Estoy pasando un resfriado. Quiero decir, con esa conjugación del verbo, que estoy pasando al resfriado, de ser en mi cuerpo, a estar en la experiencia... ¡Vaya! Que estoy pasándolo a otro lado...

Yo siempre trato de evitar las medicinas; más para los resfriados, que no se curan. No me gusta tomar químicos para acabar con los síntomas de algo que de todas formas está pasando en mi cuerpo; los dejaba como último recurso, cuando era realmente necesario, porque tuviera que concentrarme más en el trabajo o porque me sintiera muy mal. Ahora que no puedo/debo tomar casi nada, por el embarazo, sí que hubiera querido poder hacerlo. Será porque vengo de otras dolencias, y así, lloviendo sobre mojado, se siente que la humedad cala en los huesos.

¡Pero, bueno! Sé que un resfriado dura unos días, y que no me pasa nada grave, gracias a Dios. Además, tengo a la abuela en casa, consintiéndome; eso es mejor que cualquier cápsula o tableta.

Silvia Parque

martes, 10 de marzo de 2015

Mucho - poco

Soy aficionada a la especificidad. En realidad, es mi neurosis que me dificulta navegar relajadamente por donde no hay señales específicas. Pero ahí voy, tomándome las cosas cada vez con más calma, asumiendo que no es posible entenderlo todo, todo el tiempo, y que no hace falta.

En medio de esto, ayer hubo que ir a que me revisaran porque me dolía mucho el vientre. Luego de un breve susto, se concluye que tengo esto y aquéllo, y que hay que hacer esto y lo otro. Nada grave, aunque hay que mantenerlo bajo control. El problema se dio a conocer gracias a que me dolía "mucho"; pero, ¿cuánto es mucho? ¿Cómo va una a saberlo? En el momento en el que no podía moverme por el dolor, pensé que podía considerarse "objetivamente"  mucho; pero qué complicado decidir; me declaro no amiga de estos adverbios...

Entre lo que dijo el médico, me llamó la atención lo siguiente: "No es normal que vaya tantas veces". Al baño, se refería: que no era normal que fuera tantas veces a orinar. Ya he contado que voy como quinientas cincuenta mil veces; pero todo el mundo sabe que eso le pasa a las embarazadas. Así que en mi anterior consulta, le dije a mi ginecóloga que iba muchas veces al baño, y dijo que era normal; se lo dije como cualquier cosa, porque no es algo que me provoque molestia; pensaba que así tocaba que fuera. El problema, por supuesto, es que en "muchas veces" cabe cualquier concepción de "mucho". A este médico le dije que en X tiempo que habíamos estado en la sala de espera, había ido a orinar Y veces, y que podía necesitar orinar inmediatamente después de orinar. Resultó que eso era demasiado. Más que el "mucho" normal. Y es que el mucho, regular poco pueden ser tan de cada cual... Ni hablar de mi digestión; en esto, lo que yo creía que era "normal", parece que es "poco"...

Silvia Parque

lunes, 9 de marzo de 2015

Duele

Hace bien poco decía que el tercer trimestre de embarazo empezaba de lo mejor. Hoy es día de novedades. Para empezar: todo sigue de lo mejor, priorizando que no hay problema y realmente, no sufro. No todo el tiempo estoy muy cómoda, y no todo lo que pasa en mi cuerpo es exactamente "bonito", pero está bien. Estoy muy agradecida porque la bebé crece y se mueve con normalidad, y porque yo estoy, realmente, en buenas "condiciones".

Sin embargo, hoy duele. Mucho. Duele en este preciso momento, y ha dolido desde la mañana. Mucho.

Es que mi umbral de dolor, yo sé, no es como el de la mayoría de las mujeres. Soy delicada, me queda claro, y saberlo, me tranquiliza.

He llamado a la doctora, le he descrito lo que pasa, y me dice que es normal, que puedo tomar tal cosa para el dolor, y que mientras no sienta contracciones, no hay de qué preocuparse; que la niña estará "encajada", y así se siente; que tome un baño con agua tibia, y descanse.

Si las pastillas son nada más para el dolor, prefiero no tomarlas. Lo que me importaba era saber que no pasaba nada de cuidado. He ido a la cama, me he balanceado para cambiar a la niña de posición, y efectivamente se ha movido, ha dejado de dolerme donde dolía, pero el dolor apareció en otro sitio; como si en cualquier acomodo, hubiera algo que presiona. Mi madrina, que también es doctora, me dice que así pasa, y que a veces dejan adolorido en donde han estado (que es de cuidado si duele "mucho" y -de nuevo- si hay contracciones).

Cuando por fin tuve hermosos diez o quince minutos sin dolor, me levanté al baño y vine a la computadora; pero apenas me senté, dolió otra vez.

Así las cosas. Habrá que reinterpretar la "sensación de presión"...

Silvia Parque

sábado, 7 de marzo de 2015

Olvidos

No se me da naturalmente, recordar los nombres de las personas; antes no me importaba, así que no ejercité esa habilidad. Para cerrar el círculo displicente, tampoco ponía cuidado en guardar los datos de contacto de las personas con las que me relacionaba. Así pasó que no tengo modo de agradecer y honrar, a algunas personas que se portaron muy bien conmigo. Lamento especialmente, no tener idea de dónde localizar a una familia que fue mi vecina, y que me alimentó, me cuidó y me amparó, hace unos seis años. A menudo pienso en ellos; no a cada rato, pero sí a menudo. Un papá, una mamá, y tres hijas. Había un hijo que vivía en otra ciudad. Fueron muy generosos conmigo desde que me vieron, y no recuerdo el nombre de ninguno; ni siquiera su imagen.

Silvia Parque

Sin excusas

Ayer, muy temprano, hablaba con mi abuela sobre los niños, y entre no sé qué, dije que finalmente, lo que los niños son, resulta de los padres, y mencioné esa cita que me encanta, de que los hijos son una mezcla de herencia y educación, y los padres aportamos ambas. Me decía mi abuela que los niños aprenden cosas "de fuera" desde que van al jardín de niños, y yo respondía que a los tres, cuatro, cinco años, cómo se porte el niño es responsabilidad de los papás: que les toca ser capaces de ejercer mayor influencia que las que vengan "de fuera": a veces no podrán, habrá quienes la tengan demasiado difícil; pero eso no quita que sea su responsabilidad. Me dijo, como suelen decir algunas señoras que son madres, para defender su punto, que "ya veríamos", con ese tono de: "ahora vas a vivirlo y vas a ver cómo es la realidad". Pero es que repito: me queda claro que a veces no sale bien o sale muy mal, y eso no es para lapidar a nadie; solo que eso no quita de quién es la responsabilidad. Estoy hablando de niñitos, claro: luego cada cual agarramos nuestro camino, y somos responsables de él. Pero si él niño te salió con un temperamento jodidame difícil, comprendo que te supere, no obstante, sigue siendo tu responsabilidad. Si tienes que dejar al niño al cuidado de tu vecina que apenas le echa un ojo para que no se mate, comprendo que la situación esté fuera de tu control, pero sigue siendo tu responsabilidad. Ese tiempo tiene un límite; haces lo que puedes, y paulatinamente, el adolescente y luego el joven, tendrá que arreglárselas y hacerse cargo; pero al menos en los primeros años, sí que el niño es tu obra, por acción u omisión. Así que si a mí me "resulta" una niña malcriada, o malhablada, o lo que sea, puedo decir que superó mi capacidad, que no tuve los recursos que necesitaba, que me faltó apoyo, que era ingobernable, que no sé cómo pasó, pero no diré que no es mi obra y mi responsabilidad. Incluso si la materia prima fuera objetivamente de mala calidad, con ésa me toca trabajar: es mi responsabilidad.

Silvia Parque

De caídas célebres

A mí me atraen las prédicas que hablan de los pecados y los fracasos de las grandes personas de la Biblia. Me gusta pensar en la duda de Pedro, en la vida desordenada de la mujer a la que Jesús le pide agua, en el casi reproche de la hermana de Lázaro, en los discípulos quedándose dormidos, en las debilidades del rey David. Como que así me queda claro que yo también quepo...

Silvia Parque


jueves, 5 de marzo de 2015

Temporada electorera

Este año de elecciones, me reconozco diferente que en la última "temporada electorera".

No creo en la eficacia del trabajo del Instituto Nacional Electoral. Todavía recuerdo la confianza que alguna vez se tuvo en el Instituto Federal Electoral, y me sorprendo de cómo somos capaces de echar a perder las cosas.

No creo en la propuesta de ningún partido político. Sí puedo distinguir que entre lo que hay, alguno es mejor o menos peor que los otros; considero que alguno aglutina a más civiles con ideas que respaldo, y me identifico con alguna plataforma política. Pero en todos hay demasiado para sospechar...

Ya no sé si creo que las soluciones que le urgen al país, vayan a llegar a partir de un cambio en los equipos que gobiernan; sigo esperanzada en que algunas personas y algún modelo, podrían hacer algo bueno, y sin embargo, creo que son las personas y el modelo con menos oportunidad... [Quizá lo más importante es que no creo que las soluciones que requieren las personas para su vida, vayan a llegar a partir de un cambio en la situación del país.]

Así que este año, consultaré la información mínima para decidir mi voto, me mantendré lo más lejos posible del ruido de la propaganda, y trataré de no interactuar en redes sociales con "me gusta", "compartir", "retuitear", "google +1", etc. Digo "trataré", porque seguramente voy a interactuar de alguna manera en algún momento (ya lo he hecho); pero será poco.

Silvia Parque

miércoles, 4 de marzo de 2015

Cosas para tener

Ahora que haya un nuevo miembro de la familia, fuera de mi barriga, se requerirán cosas. Tengo una lista de lo que necesitará ella, una lista de lo que necesitaré yo, y una de lo que hay que tener en la casa. Pero me quedó un objeto que no entra en ninguna de las tres categorías: una cámara fotográfica. 

No necesito una foto por hora, cada día; pero habrá que tener fotos. Y no voy a cargar la laptop, como si fuera una de esas tabletas fotografiadoras...

Silvia Parque

De página en página

He abierto una cuenta de PayPal para recibir pagos. No debería ser para mencionarse, pero es que... no le entiendo... Supongo que le entenderé mañana; pero a mí estas cosas de llenar formatos, me quiebran la cabeza. De hecho, la abrí porque no fui capaz de llenar en un formulario, los datos de mi cuenta bancaria, para recibir pagos por esa vía, que es lo que  me resultaría más cómodo.

Escribo esta entrada mientras l-e-n-t-a-m-e-n-t-e, se guardan los datos de mi perfil de usuario, en una plataforma en la que voy a colaborar (y que requiere "saber" cómo pagarme). No sé si puedo cambiar de página y seguir adelante con lo que necesito hacer. No sé si puedo cancelar el "guardado" y dejarlo para después. ¡Vaya! ¡Que no se moverme!

Habrá que aprender...

Silvia Parque

martes, 3 de marzo de 2015

La voz y la palabra

Omar García busca firmas a través de Avaaz para pedir -"exigir", según sus palabras- al Primer Ministro de Reino Unido, que a su vez pida al Presidente de México -que anda de visita por allá- que reabra la investigación en relación con la desaparición de estudiantes en Ayotzinapa, "incluyendo el involucramiento de las fuerzas federales".

Comparto un breve parrafito del texto de la petición:
El gobierno mexicano jamás imaginó que un grupo de estudiantes campesinos que apenas tienen para comer, puedan levantar sus voces y decirles a la cara que son corruptos. Y encima de eso, cuando nos asesinan, cuando nos desaparecen, cuando nos reprimen, no nos callamos.
Sí: son corruptos. Son poderosos. Pero del otro lado, quedan la voz y la palabra...

Silvia Parque

Rutina buena y rutina mala

Noté que puedo decir que amo la rutina y que no soporto lo rutinario, y ambas cosas son ciertas.

La rutina me da estructura, y yo amo estar sujeta: de inmediato me pongo el cinturón de seguridad. Supongo que siguiendo una rutina, me siento un poco como jugando Tetris: me satisfago cuando ha sido hecho lo que estaba dispuesto que fuera hecho primero, y siento que le sigue lo que estaba dispuesto que fuera hecho después. Cuando tengo cinco o seis días con una rutina establecida, y todo va bien, siento que me va bien en la vida; tal vez porque mis rutinas tienen ese propósito.

Pero me desanima profundamente, por ejemplo, la idea de cumplir un horario de oficina, con lo que eso suele implicar: llegar a un pase de lista y hacer lo programado, que se repite al siguiente día, a la siguiente semana, al siguiente mes...

Tratando de entender por qué mi rutina sí me gusta, lo primero que pienso es que mi rutina es "mía". Está hecha considerando mi particularidad, y es flexible en consideración a mis necesidades. Pero, además, encuentro que mi rutina es más de forma que de fondo, y que lo que puede llamarse "rutina de contenidos" es lo que realmente me parece insoportable. Yo puedo trabajar con alguien cuyo tema es la educación infantil, y luego con alguien cuyo tema es la depresión en ancianos. Usualmente trabajo con psicólogos o profesores, pero ahora la vida me ha sorprendido con el trabajo de una mercadóloga. Esa diversidad me alimenta.

Silvia Parque

lunes, 2 de marzo de 2015

Las recetas

Amo las recetas. No las sigo; soy "muy mía" en la cocina; pero me parecen bonitas, y me dan ideas.

Durante años, escribí recetas que tomaba de aquí y de allá; pero unos inquilinos de la casa donde estaban mis cosas, rayaron mi cuaderno de recetas, y me molestó tanto, que me deshice de él. Luego, junté recetas, ya sin el esfuerzo de transcribir: las recortaba del periódico o de los empaques de alimentos, y las guardaba; pero en un cambio de casa, un tanto fastidiada porque no tendría una cocina normal a donde iba, las tiré todas.

Ahora, oigo recetas en Youtube. Me produce un extraño placer escuchar las voces de personas comunes dando indicaciones. Porque las que me gustan, son las voces de personas comunes, en grabaciones caseras. Disfruto poner diferentes videos de cómo se prepara lo mismo; me gusta mucho notar las variantes, a veces mínimas, a veces en el lenguaje, a veces en los ingredientes, a veces en el procedimiento. De hecho, escribiendo esto me doy cuenta de que, mientras los documentales y la mayoría de los programas solo los oigo -no los veo-, sí me puedo quedar viendo, del principio al fin, la práctica de una receta.

Silvia Parque

El tercer trimestre

El embarazo me trata muy bien. Después de los malestares del primer trimestre, todo ha ido de bueno a mejor. Ahora voy descubriendo las novedades del tercer trimestre, y como me pasó con todas las novedades, me pregunto cómo he vivido en un mundo con tantas madres, sin haberme enterado de que estas cosas pasan... porque en las películas de toda la vida -las de ahora muestran más-, lo que se ven son las náuseas del principio, y desmayos que creo que son mucho menos frecuentes en la realidad que en la ficción.

Ya he contado que ahora voy a orinar una cantidad inaudita de veces. No me molesta porque no se siente como cuando hay una infección de vías urinarias; a veces me gustaría poder hacer una comida completa sin interrupciones, pero así me preparo para lo que será la vida con la bebé. Afortunadamente, casi siempre estoy en mi casa. Debe ser muy incómodo para las mujeres embarazadas que trabajan en un lugar donde tengan que hacer todo un recorrido para llegar al baño.

Fuera de eso, hay dos cosas nuevas: comezón y un poco de calor por las noches.

La comezón es por todos lados. No es algo terrible, aunque un día estuvo cerca de serlo. Definitivamente es difícil de ignorar, pero trato de no rascarme porque sé que eso da más comezón, y porque me advierten que favorecería las estrías. Me sorprendió cómo están resecas mis piernas. Tiene sentido porque las hormonas hacen su trabajo sobre el cuerpo completo, y la piel que estuve cuidando fue la de la barriga y las tetas...

Lo del calor por las noches me sorprende más, porque yo soy muy de estar cubierta y calientita. Cuando me casé, dormía con una cobija gruesa en pleno verano; lo dejé por el bien del otro, pero nunca se había visto que quisiera destaparme a principios de marzo. De hecho, todavía hace un par de semanas me bañaba con agua muy caliente; ahora me baño con agua templada, lo que resulta bueno para la piel ahora que estamos en lo que estamos...

Silvia Parque

Había una vez, el respeto

Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, una sociedad en la que la gente se trataba con respeto, excepto en el caso de los patanes(as) horteras.

La verdad es que era un mundo muy apretado, en el que era difícil hablar con confianza, y había vías de comunicación completamente cerradas para quien no tuviera sombreros muy altos con cuatro plumas de aves exóticas.

El mundo cambió. La soltura fue abriéndose paso; ya casi nadie usaba sombreros, y en general, los días parecían más soleados y menos calurosos.

Los nuevos tiempos pintaban bien.

Hasta que alguien extrañó el respeto que una vez estuvo abajo de las formas de relación... Pensó que andaría por ahí: contra ése, nadie tenía nada; pero todavía no lo encuentra.

Silvia Parque