domingo, 30 de abril de 2017

Lo de ser niños

A unos se les da mejor que a otros lo de ser niños. A mí no se me dio bien. No me gustaba ser niña ni me gustaban los otros niños; claro que muchas cosas me gustaban: mi cama de oro, por ejemplo; pero, en general, no estaba a gusto, digamos... "existiendo".

Quería crecer.

Fui feliz de hacerme mayor.

Pienso en esto cada vez que, a propósito del día del niño, aparecen frases como "¿Y para qué queríamos crecer?" Porque a mí me queda claro: para ser libre, para tener mi espacio, para entender. Era como si me quedara chica; quiero decir, como si mi yo-niña le quedara ajustada a mi "ser-yo"

Y crecer funcionó. Me gustó ser adolescente, me gustó ser joven, me gusta ser adulta. Me encantaría no tener que preocuparme y vivir jugando, pero eso se traduce en ser rica, no en ser niña.

Silvia Parque

jueves, 27 de abril de 2017

No querré un perro

Soy de reptiles, no de mamíferos; pero creo que los niños ganan mucho cuando un animal forma parte de la familia y el animal que imaginaba formando parte de la mía, acompañando la niñez de mis hijos, era un perro. Me gustan los perros. Creí que no quería uno por el momento, porque no tengo condiciones para cuidarlo y porque bastante ocupada estoy con B; pero me doy cuenta de que no lo querré después, tampoco. 

Alguna ventaja hay para los niños que tienen una casa con papá y otra con mamá: lo que no se puede en un lado, a lo mejor se puede en el otro.

Por si alguien andaba con el pendiente.

Silvia Parque

miércoles, 26 de abril de 2017

La casa donde crecí y caminar con carga

Hoy, sin haberlo planeado, terminé caminando por la calle de la casa donde crecí.

Mi regreso al Rancho Grande significó volver al fraccionamiento donde viví varios años antes de casarme. Por el rumbo de mi niñez, no había vuelto ni cuando venía de visita.

Como suele suceder en estos casos, la calle, la cuadra, todo alrededor es más "pequeño" de lo que recordaba. Excepto "mi casa". Como ahora construyen de menor tamaño las casas de colonias populares, no me pareció pequeña. Estuve ahí un par de minutos, dando unos pasos para adelante y otros para atrás, tratando de ver algo más de lo que podía ver.

Necesité caminar buen rato para llegar al lugar al que me dirigía.

Tuve la sensación de "no quiero que me vean", que cargué durante años en Querétaro. Cuando quedé devastada, temía salir a la calle y toparme con tres o cuatro personas. Me recuperé; pero nunca volví a sentirme completamente a gusto y relajada, por ejemplo, en el centro. Acá también pasaron cosas que hacen que tema encontrar al menos a una persona, la diferencia es que esta persona probablemente no sepa que existo: así que es el colmo. En el camino, acomodé las ideas sobre esta mierda.

Silvia Parque