lunes, 29 de febrero de 2016

Repetición y rotura

Un día empecé a ver la repetición en todos -en muchos-. Eso le dio un tono lúgubre a la repetición en mí: me hizo necesitar deshacerme de ella.

Están esas amigas que muestran en las redes lo que menos se les parece, lo que las "hace parecer". Y las que muestran eso deseable y genial que es justo lo que las tiene en donde no quieren estar (a veces, no tienen idea).

Están los amigos que son caso para clase de psicología, unos señalados porque no caben en el mundo de los normales, y otros sobreacomodados, convertidos en personaje. Todos, de hecho, ellas y ellos, peligrosamente cerca de ser nada más que personaje.

Están las parejas de mentiras y las parejas de verdad que caminan sobre mentiras.

Gente repitiéndose a sí misma, repitiendo la consigna familiar, repitiendo las formas de la televisión o el cine o de las canciones que oyeron cuando no sabían que había otra cosa para oír.

Busqué a la gente que no estaba en repetición, y era gente rota; alguna ya reparada, pero con la señal de la rotura por ahí. Quise no pasar por eso; pero es romperse o repetirse.

Silvia Parque

Festejo

B ha cerrado la tapa del paquete de toallitas y no sabe cómo abrirla. Intenta e intenta hasta dar vuelta al paquete, pero no se abre... trata de hacerlo por el lado que no es...

Hago clic para abrir la tapa, sin levantarla. No es suficiente: me pide ayuda. Levanto la tapa. La cierra y la abre. ¡Está feliz! Me mira sonriendo con los ojos y la boca. Está tan feliz que deja el paquete y se dedica a festejar.

Silvia Parque

domingo, 28 de febrero de 2016

La cáscara del plátano se come

Esta mañana fui a comprar algunas cosas, antes de dar almuerzo a B. Se hizo un poco tarde, así que en cuanto llegamos a la casa, apenas le quité la chamarra, la senté y saqué un plátano para dárselo.

"¿Por qué dejé que lo viera?", pensé, mientras el lloridito de B empezaba a tomar fuerza. Le había dado una sabrosa y nutritiva mitad de plátano, pero ella quería la otra: la que seguía con cáscara.

Desde la última vez que comió plátano, quiere la cáscara. Esa vez, para darle gusto, la dejé manipular y llevarse a la boca la cáscara, en un intento de pelarlo juntas y despedir a la envoltura protectora; pero hubo llanto, sacudida y muy poco plátano comido.

Esta vez, por mero cansancio, sin intención pedagógica, le di una lavada a su codiciado medio plátano con cáscara y se lo dejé. Tan contenta.

Busqué en Google para ver si estaba intoxicando a mi hija y me llevé la sorpresa de que la cáscara de plátano no solamente si se come, sino que es recomendable hacerlo.

Silvia Parque