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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Niña

Sigo asomándome a revisar que B está bien mientras duerme (que respira sin obstrucción, que no está enfriándose, que no está por caer ni en riesgo de torcerse). Cuando mi tía me cuenta lo bien que les fue en la tienda, le pregunto cuántos metros dejó que se alejara. Es mi bebé. Pero nos despedimos de los pañales hace como un mes, se encarga de poner su ropa sucia en el lugar indicado, sabe cómo hacer un pastel.

Hoy, después de gritarle que me dejara trabajar, le he dicho -de nuevo- que lo lamento, que está mal gritar, que si le grito me diga "respétame, mamá". Ha estrenado la frase unas horas después, nomás porque sí, sin venir a cuento -según yo-. He dicho "sí, B". Y he sentido que pasamos a otro nivel. No sé de qué, supongo que de nuestra relación.

Tenía como un año diez meses cuando un día como otros se puso a tirar la comida; le di la espalda para hacer notar mi enojo. Me dijo "mamá: por favor, date la vuelta". No recuerdo si nunca había dicho una frase de seis palabras, pero con seguridad no era común; menos una frase perfectamente construida que no estaba repitiendo. Usó toda su inteligencia para hacerme entrar en razón.

Mañana cumplo años, así que estuvo diciendo que mañana cumple años. Todavía somos una para muchas cosas. Cuando se hace pipí quiere que la abrace. Ha estado queriendo a cada rato que la duerma -especialmente cuando estoy ocupada-: que la cargue y le cante "a dormir, a dormir". Ahora que lo escribo me da miedo. Confío en que Dios se hace cargo de ella, pero quisiera que me dijera -Dios-: "va a vivir sana y feliz tantos años que será la más vieja de su ciudad".

Silvia Parque

jueves, 14 de septiembre de 2017

Estancia infantil

B empezó a ir a una Estancia infantil por ahí del final de julio. Al principio dos horas; luego, casi tres. Es necesario para que yo pueda trabajar. Semanas antes, ella había estado diciendo que quería ir a la escuela. La casa de mi abuela está frente a una escuela y parece que le resultaba atractiva. Yo sabía que no tenía idea de lo que estaba "queriendo", pero pensé que lo tomaría mejor de lo que lo tomó.

El primer día no quería quedarse, pero no fue malo. Los siguientes días fueron de mal en peor: llanto, gritos y una carita que me partía el corazón. Como mis ingresos económicos son irregulares, me sentía fatal cuando no conseguía la meta de trabajo para la jornada o no me depositaban o lo que fuera. ¿Entonces qué caso tenía dejarla? Pero necesitaba -necesito- la oportunidad que me dan esas horas. Sigo trabajando en la noche, cuando se ha dormido, pero ya no me desvelo tantísimo. A veces también trabajo un rato por la tarde, pero dejo para esos ratos lo que puedo hacer con un ojo a la laptop y otro a la criatura; era demasiado estresante pretender pensar en cosas que requieren cierta concentración, cuando estoy al mismo tiempo diciendo "cuidado con la cabeza" o "bájate de ahí".

Volviendo a la dificultad de dejarla, la verdad es que fueron varias cosas juntas para mi niña. Nos cambiamos de casa, lo que para ella significó adaptarse a otro lugar, otra vez. Tenía dos semanas de haber dejado la teta. Y los primeros días fui bastante ineficaz al despedirme. Yo había planeado hacerlo inmediatamente antes de que ella entrara al área donde yo ya no paso; pero la dinámica para entregar a los niños no me lo permitió. Debíamos despedirnos en casa y luego afuera de la escuela. Afortunadamente, incluso en los peores días, nunca salió triste o enojada; alguna vez indiferente, pero casi siempre contenta o muy contenta; por eso me animé a seguirla llevando.

Sigue sin querer ir. Cada mañana dice que quiere quedarse en casa conmigo, pero ya no hay drama. Como decía, la encuentro siempre bien cuando voy por ella... incluso cuando me reportan que hizo esto o aquello indebido.

Nunca sentí miedo de que pudieran descuidarla o hacerle daño. Me importaba mucho no llevarla a ninguna estancia hasta que pudiera hablar, para que más o menos pudiera contarme lo que pasa; nunca se sabe a ciencia cierta, pero confío. Antes de elegir el lugar, puse atención en los conceptos que manejan, en cómo se describen, en los mensajes de sus letreros, en cómo se ven las empleadas al salir -vivo muy cerca-; hasta detuve a una mamá que iba a recoger a su niña, para preguntarle cómo se sentía. La entrevista con la directora me convenció: nada de disciplina punitiva.

Mi problema, aparte de esos primeros días en que me sabía muy mal dejarla llorando, fue aceptar soltarla al mundo que no es nuestro mundo.

Piden una lista de cosas cada mes. Y que veo que piden cereal y galletas. Yo nunca le daba cereal comercial* y las galletas en casa son algo festivo de domingo. Pero bueno: a la hora en que asiste, no toca que le den ninguna de las dos cosas, así que solo llevo galletas de las que considero más apropiadas, por si un día se ofrece. La peinan con liguitas de plástico que maltratan el cabello. Hacen peinados que son casi obras de arte; entiendo que es parte de lo que disfrutan y la niña se ve relinda, así que lo acepto. Pero un día le pusieron gel. A su hermoso y virgen cabello lacio de niña de dos años. Sé que soy una sangrona, pero eso sí pedí que no lo hicieran**. Para acabarla, uno de esos primeros días oí a una de las señoritas decir "no creo que haiga". Ni modo.

La verdad es que, aparte de permitirme trabajar, esas dos horas con cincuenta minutos en que nos separamos me dan un espacio para recargar mi capacidad de disfrutarla. No es el ideal, pero ya que va, pues qué bien por lo bueno. Por ejemplo, me ha ayudado mucho a ordenar el día, de manera que sus rutinas le van mejor: hay noches en las que ella misma dice "hay que descansar".

Normalmente se levanta entre 8:15 y 9:30, así que no tengo que despertarla: duerme lo que quiere. Estamos como a tres minutos a pie, de modo que no hay estrés por la ida o el regreso. Un día que me llamaron porque tenía calentura, hice el caminito en un minuto. También sigue haciendo las comidas conmigo, lo que me parece muy importante. De hecho, su oposición a ir se redujo muchísimo cuando le aclaré que no tenía que comer ahí y le di frases para rehusarse.

Esa es la historia. Estoy agradecida con el personal y aprecio mucho poder llevarla.

* Desde la semana pasada, puede cenar cereal en viernes. El miércoles vio el paquete de trigo inflado en la alacena y empezó la campaña "quiero cereal en miércoles" que hoy se transformó en "quiero cereal en jueves".
** De visita en casa de mi hermana, se puso en el cabello todo el gel que le hubieran puesto estos dos meses en la Estancia; a lo mejor más. 

Silvia Parque

lunes, 7 de agosto de 2017

He querido escribir, pero...

He querido escribir sobre temas para los que necesito algo de tiempo: el destete y la estancia infantil, sobre todo; cómo B se convierte en niña y cómo vivo su encuentro con el mundo. Ella dice que es una bebé; acepta ser una "bebé grande", pero no una "niña".

No piense el amable lector que paso trabajando cada minuto despierta; es que esta semana tenía una especie de cansancio mental que me ha hecho necesitar ver fragmentos de Harry Potter en los ratos que usualmente dedicaba al blog. Pero ya está.


En la foto, B está encima de un león mientras abraza una sabanita que ha estado con ella toda la vida. La trajo consigo unos tres días.

Silvia Parque

martes, 27 de diciembre de 2016

Mi bebé de brazos

He tenido que aceptar que B es una niñita. Conversa, ha iniciado el juego de roles y cada vez quiere menos teta. Hay ropa con la que se ve realmente como una niña. 

Sus fotos de hace un año parecen de hace tantísimo.

No quiero detener el tiempo, pero ¿por qué tiene que pasar tan rápido?

Silvia Parque