lunes, 31 de enero de 2022

García y el chile colorado

Hoy, en uno de los grupos a los que di clase, tuve oportunidad de acordarme de "Un mensaje a García" y de mi abuela hablando de mi tío R.

Mi mamá me pasó un librito pequeñito cuando yo era niña y lo he recordado siempre. Lo guardé mucho tiempo, tal vez todavía esté por ahí: un mini-librito de cartón... En ese entonces no me fijaba en los autores de lo que leía, así que ni idea de que lo escribió Elbert Hubbard (AQUÍ está). Ahora puedo tener una mirada crítica sobre la lógica capitalista o autoritaria o bla, bla del texto, pero también puedo seguir apreciando el mensaje que me sirvió: hay que hacer lo que hay que hacer: buscar cómo. 

Mi forma de ser no se inclina a resolver cuestiones prácticas; se me puede hacer muy complicado; sin embargo, aprendí que había que hacer lo que hay que hacer y que, lo que me tocaba, durante la infancia y adolescencia, era "la escuela". Así pues, había que hacer, por ejemplo, la tarea. Y quisiera transmitir por qué elijo decir: "había que hacer la tarea", en lugar de "tenía que hacer la tarea". No es que me sintiera obligada, como si en mi mente existiera la posibilidad de no hacer la tarea y las fuerzas externas a mí -los adultos, el sistema de recompensas- me obligaran a hacerla: es que me correspondía hacer la tarea de modo que no contemplaba la posibilidad de no hacerla; por lo tanto, si algo me impedía hacer lo que me habían encargado, había que resolverlo. 

Y ahí entra mi abuela hablando de mi tío R. 

No recuerdo a propósito de qué situaciones específicas, pero más de una vez escuché a mi abuela reconvenir a alguien y poner de ejemplo que mi tío R, cuando se le encargaba algo, iba y lo traía: si en la tienda de siempre no lo encontraba, iba a otra o a otra y, si de plano no había "eso" justo, compraba algo que pudiera considerar equivalente. El producto del que mi abuela hablaba en el ejemplo era el chile que usaba para hacer chile colorado: supongo que pasó en una sola ocasión que impactó a mi abuela y desde entonces contaba: mi tío, si se le encargaba chile mirasol y no había, traía pasilla o guajillo o algo, pero no regresaba con las manos vacías. 

Mi abuela y su cocina funcionaban de tal manera, que no habría podido emplear un chile que no fuera específicamente el que había encargado, así que la iniciativa de mi tío no le era útil; pero le enorgullecía. Y seguro que a mi tío sí le es útil en el trabajo, en la vida.

Silvia Parque

sábado, 29 de enero de 2022

La paciencia y la crianza respetuosa

 A menudo, las personas piensan que para criar respetuosamente hay que tener paciencia. Bueno, se creen sobre la crianza respetuosa muchas cosas que no son; pero voy a hablar de esto.

Yo estoy segura de que no hay que tener paciencia para criar respetuosamente: lo que hay que tener es una postura, la de que las crías son dignas de respeto, que merecen respeto, que es su derecho ser respetadas y por ende, no tengo derecho a hacer nada que sea faltarle al respeto a la mía, no hay nada que ella pueda hacer que la haga merecedora de un trato no respetuoso porque es siempre una persona, aunque sea una persona que no me haga caso, una persona que persista en su intento de hacer algo que no debe o una persona que DESCOMPONGA MI TELÉFONO CON EL QUE TRABAJO Y QUE ES EL CENTRO DE MI VIDA ECONÓMICA. 

Sí, se necesita paciencia y entonces hay que tenerla, pero no por default o de inicio, pues. La paciencia se desarrolla en el ejercicio de la misma. Primero, tomo la decisión de que me portaré respetuosamente y luego, al notar que para hacerlo necesito paciencia, pues me ocupo de hacerme de la paciencia necesaria... y francamente creo que para algunos casos, se requiere MUUUUCHA. 

Bueno, pues mi hija ha roto, literalmente, una parte de mi teléfono. Ha tomado mi teléfono cuando no tenía permiso de hacerlo, lo ha abierto y le ha roto una parte. Yo, que soy un ser humano que no había tomado su sertralina en la mañana, una hija de esta sociedad adultocentrista con 500 años de cultura patriarcal encima, le he gritado. 

Luego, he visto cuatro minutos de recetas de cocina para tranquilizarme y he venido a escribir esta entrada. 

Nada justifica que le grite. No soy una mala mamá porque en esta ocasión, lo he hecho; pero no necesito hacer como si gritar no fuera maltrato para sentirme mejor. La responsable aquí soy yo, la persona adulta aquí soy yo. Yo no tomé mi sertralina -lo que me hace difícil manejar mis reacciones-, yo perdí de vista durante un rato a una niña que en este momento de su vida no debe ser perdida de vista un rato. Puedo enojarme conmigo por ser incapaz de siempre implementar las mejores prácticas en salud mental y siempre darle a mi niña la supervisión que requiere tal como la requiere o puedo ser buena conmigo, aceptar mis límites y seguir adelante.

Mientras escribía esta entrada, ella se acercó a pedirme jugo y yo le he dicho que ya no estoy enojada con ella, pero que es un problema muy grande quedarme sin teléfono, que vamos a ver cómo le hacemos para que los cuide...

No tengo paciencia. Tomé una decisión que me llevó a un compromiso. A veces no me sale bien, pero ahí vamos.

Silvia Parque

jueves, 27 de enero de 2022

Tengo frío

Hay quien dice que Chihuahua no ha vuelto a tener los fríos de cuando yo era niña, pero mis años en Querétaro me movieron el termostato con el que nací y yo ahorita tengo mucho frío, casi el frío que duele. 

Hemos estado bajo cero las últimas madrugadas; pero mi hija, tan campante; nada friolenta, esa criatura; hay que estar pendiente de que no se quite los calcetines y tremendo disgusto se llevó hoy porque decreté que solo se puede jugar con agua en primavera y verano.

Ojalá todo el mundo tuviera donde resguardarse, con qué abrigarse.

Silvia Parque