Cuando B nació, empezó una temporada de mucha agua porque amamantar provoca sed; pero luego, ocupada con una cosa y otra, dejé de satisfacer la necesidad en el momento y resultó que fui bebiendo cada vez menos agua. Nunca dejé de sentir sed; tengo eso a favor porque sé que otras personas no la sienten (o no la distinguen del hambre).
Así que el día primero pensé que sería bueno volver a beber suficiente agua, sobre todo porque según sé, la hidratación ayuda a tener energía, ¡y la "pila" es de lo que más me hace falta!
En cuanto empecé, la actividad se reforzó a sí misma: el agua en el cuerpo pide más agua, yo creo.
Hoy, además, volví a beber un vaso de agua caliente para empezar el día; se siente bien.
Silvia Parque