A B se le preparó un lugar en la parte central-superior de la cama, sobre una de sus sabanitas. Y no quedó mucho espacio para dos cuerpos adultos. Pensé que esa incomodidad pasaría cuando libráramos la etapa "recién nacida", así que no le di importancia; de cualquier manera no esperábamos dormir muy cómodos por un tiempo... Lo crucial fueron dos sustos que me llevé una noche:
* Primero, despertar y no verla, para descubrir que estaba junto a mí - pegada a mí, con su cara entre el colchón y mi cuerpo; no sé si rodó o yo la habré jalado.
* Luego, descubrir que la había tapado como si estuviera al revés, es decir, le cubrí completamente la cabeza creyendo que eran los pies. Creo que es menos probable que yo permanezca dormida si me levanto de la cama y doy un par de pasos antes de verla.
Ya espero un bambineto que están por heredarle.
Con la crianza en brazos me va mejor, aunque tampoco es como lo imaginé. Amo cargarla y podría pasarme el día echada con ella, solo que:
1. Lo único que parece gustarle más que estar en brazos es estar en los brazos de una persona que esté caminando; recuperándome de la cesárea, esa persona no puedo ser yo: creí que sí hace unos días y mi cuerpo replicó ostensiblemente. Sí puedo caminar, pero no es lo mismo dirigirme de un punto a otro, que ir y venir, una y otra y otra y otra vez.
2. Mi "baja por maternidad" no puede ser muy extensa: necesito regresar al escritorio y al teclado. Probé tenerla en brazos y escribir solo con una mano, pero no es operativo. Planeo trabajar con ella encima en un fular, pero cuando sea un poco mayor; ahora me da la impresión de que se perdería "ahí" -es tan pequeñita-. Entretanto, aprovecharé la ayuda de mi abuela...
Lo que sí es como en mis mejores sueños es lo de amamantar. Eso da para otra entrada...
Silvia Parque