Silvia Parque
martes, 3 de febrero de 2015
Aprovechar lo que hay
Mi pequeña tortuga tiene manchitas negras en el caparazón. Cuando las vi, puse atención en la otra tortuga y vi que han aumentado sus manchas negras. Es normal; puedo distinguir que no son hongos; pero sé que les hace falta más sol, y tengo la impresión de que esa falta tiene relación con la manchitas. Es que no son días de sol, y no tienen un foco especial. Pero mañana saldrán a asolearse aunque sea un ratito. Un ratito cada día será algo. A veces no aprovechamos lo poco que hay de algo, y nos quedamos sin nada.
El regalo del perfil de mi doctora
Hoy, en la consulta de rutina con mi ginecóloga, tratamos el tema del parto y los primeros momentos de la niña. Yo tenía una lista de cosas por mencionar:
- Posición para el parto...
- Apego inmediato... alojamiento conjunto...
- Características del cuidado neonatal...
- Características de la anestesia (que espero no utilizar)...
En cuanto mencioné lo primero, ella empezó a hablarme una por una, de todas las cosas de mi lista, describiéndome su forma de trabajar, que es exactamente lo que pensé que tendría que solicitar o negociar. Era de esperarse porque la elegí en función de su perfil, afín a lo que llaman "parto humanizado", "parto natural" y similares; pero de cualquier manera, me siento como si acabara de recibir un gran regalo.
- Posición para el parto...
- Apego inmediato... alojamiento conjunto...
- Características del cuidado neonatal...
- Características de la anestesia (que espero no utilizar)...
En cuanto mencioné lo primero, ella empezó a hablarme una por una, de todas las cosas de mi lista, describiéndome su forma de trabajar, que es exactamente lo que pensé que tendría que solicitar o negociar. Era de esperarse porque la elegí en función de su perfil, afín a lo que llaman "parto humanizado", "parto natural" y similares; pero de cualquier manera, me siento como si acabara de recibir un gran regalo.
Silvia Parque
lunes, 2 de febrero de 2015
Estando en necesidad de amor
Está en las postales alentadoras que pululan en Facebook. Está en los libros de autoayuda. Está en los manuales, instructivos y decálogos para tener buenas relaciones amorosas o sobrevivir a las rupturas. Es difícil no estar de acuerdo: antes de amar a alguien, y para que resulte bien la experiencia de ser amada, hay que amarse a una misma.
La mala jugada está en que justo cuando no nos amamos, o cuando nos amamos menos, es cuando estamos necesitadas del amor de alguien más. La persona satisfecha consigo misma, plena de autoestima, podrá tener la ilusión de una pareja, pero no le anda rogando a nadie que la quiera. No obstante, cuando una no se quiere a sí misma -o no se quiere lo suficiente-, urge ser querida. ¿De qué vale que te digan "quiérete, valórate", si no tienes cariño para darte?
El amor, en sus múltiples variantes, es algo que nos pasamos unos a otros. Somos surtidos de una buena dotación durante la crianza, y vamos compartiéndolo con la exhalación; lo liberamos en el aire y llenamos con él algunos ambientes. El caso es que si por alguna razón no lo tenemos en un momento determinado, está muy canijo inventarlo. Algo en la intuición nos hacer querer que venga de algún lado. Entre más encaprichadas estamos con alguien, más suponemos que tiene que venir de ese lado, es decir, de esa persona que queremos que nos quiera. Aunque hay quien quiere que le quiera quien sea...
Yo pienso que andando con carencias de amor, es un mal momento para lo de "quiérete, valórate"; no porque no sea lo mejor que puede pasar, sino porque es realmente muy difícil. Creo que hay que buscar fuentes de abastecimiento de amor, fuera de una misma, y que es muy importante que no se trate de una persona determinada. Para mí, Dios es la solución perfecta: amor incondicional, infinito, con "A" mayúscula. Otros pueden rastrear en su origen: incluso la peor de las madres fue capaz de sostener con su cuerpo un embarazo y eso, si no habla del amor de ella, habla del amor del universo por sus criaturas.
La mala jugada está en que justo cuando no nos amamos, o cuando nos amamos menos, es cuando estamos necesitadas del amor de alguien más. La persona satisfecha consigo misma, plena de autoestima, podrá tener la ilusión de una pareja, pero no le anda rogando a nadie que la quiera. No obstante, cuando una no se quiere a sí misma -o no se quiere lo suficiente-, urge ser querida. ¿De qué vale que te digan "quiérete, valórate", si no tienes cariño para darte?
El amor, en sus múltiples variantes, es algo que nos pasamos unos a otros. Somos surtidos de una buena dotación durante la crianza, y vamos compartiéndolo con la exhalación; lo liberamos en el aire y llenamos con él algunos ambientes. El caso es que si por alguna razón no lo tenemos en un momento determinado, está muy canijo inventarlo. Algo en la intuición nos hacer querer que venga de algún lado. Entre más encaprichadas estamos con alguien, más suponemos que tiene que venir de ese lado, es decir, de esa persona que queremos que nos quiera. Aunque hay quien quiere que le quiera quien sea...
Yo pienso que andando con carencias de amor, es un mal momento para lo de "quiérete, valórate"; no porque no sea lo mejor que puede pasar, sino porque es realmente muy difícil. Creo que hay que buscar fuentes de abastecimiento de amor, fuera de una misma, y que es muy importante que no se trate de una persona determinada. Para mí, Dios es la solución perfecta: amor incondicional, infinito, con "A" mayúscula. Otros pueden rastrear en su origen: incluso la peor de las madres fue capaz de sostener con su cuerpo un embarazo y eso, si no habla del amor de ella, habla del amor del universo por sus criaturas.
Silvia Parque
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