Muchas veces almuerzo (desayuno, como o ceno) sola, pero hoy almorcé conmigo.
Fui a un lugar por el que he pasado durante años, al que siempre quise llegar. Pedí algo sabroso, me fijé en las características que hacen especial al restaurante; pero la mayor parte del tiempo pensé en "lo que sigue". Nada profundo ni dramático; una cosa importante, concreta, que requería
definición.
Esas cosas de "hacer la vida" se piensan mejor fuera del espacio cotidiano, no rodeada de los muebles y las ventanas de la habitación en la que se duerme.
Es bueno -a veces aunque no sea
bueno, es necesario- hablar con las amigas, leer sobre temas relacionados, consultar especialistas. Pero luego hace falta un momento con una misma, no para darle vueltas a qué se quiere, qué se puede; a las vueltas, al menos yo, no necesito hacerles espacio: se autoprovocan. Hace falta un momento con una misma para decir "esto va a ser", "va a ser así". No para "decidir", que implica considerar opciones, dar esas
vueltas -de las que hablo- a las ideas, dejar que se concentre el sentimiento para que tire hacia un lado o hacia otro. Es un momento no para decidir sino para dejar que la decisión sea.
Silvia Parque