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miércoles, 1 de octubre de 2014

La planta alien

Yo tenía una maceta con tréboles. En algún momento, se secaron, los corté, y renacieron... quiero decir: los corté, y nacieron más tréboles: crecieron, se multiplicaron, y crecieron más. Entonces, se secaron, y los corté, entrando de nuevo en el maravilloso ciclo de la vida de los tréboles. Y nació algo. Creció. Fue siendo evidente que no era un trébol. Tenía un pequeño compañero que también creció. Han crecido. Ahora no sé qué tengo.

Silvia Parque

viernes, 4 de abril de 2014

Su lugar para ser felices

Encontré un buen lugar para la planta hermosa, grande, y un gran lugar para la planta hermosa, pequeña. A los pocos días, noté que en realidad el lugar de la planta hermosa, grande, no era bueno, y la moví a un sitio que sí parecía más que bueno: perfecto. Pero a ninguna de las dos les gustó el lugar que les elegí.

Tuvieron tiempo para adaptarse y como todas en esta casa, estaba claro que no se iban a echar a morir; pero no eran felices. Así que, tal como la última vez que ocuparon un lugar nuevo en el mundo, las reacomodé según ellas, y no según mi gusto. Y ahora han vuelto a ser felices. Y los lugares parecen hechos para que estén ahí.

Silvia Parque

jueves, 30 de enero de 2014

Dos tortugas orejas rojas

No hay nada más hermoso en mi habitación, que es donde prácticamente está todo lo que tengo, que mis pequeños monstruos. Y eso que tengo una hermosa planta de hojas grandes y moteadas, que crece espléndida, como si yo tuviera buena mano; y una plantita de tréboles que cuando se levantan son una obrita de arte.

Silvia Parque

martes, 31 de diciembre de 2013

Bien siempre

Las tortugas trepan al tronco flotante. La pequeña se sube y se queda quieta, asida con las garras; apenas empieza a parecer a gusto cuando la grande sube y su peso hace girar el tronco; caen las dos. La pequeña sube otra vez y vuelta a empezar; con suerte, cuando la grande sube no voltea el tronco de inmediato, sino hasta que camina.

Alrededor del acuario están mis dos plantas, y hay dos alcatraces en una botella. El sol le daba un color muy bonito a todo; ahora se ha escondido un poco. Así está el mundo animal y vegetal de mi habitación: sin apego y sin enterarse... están bien siempre, estén como estén.

Silvia Parque

jueves, 31 de octubre de 2013

Lo verde

Ver que va naciendo una hojita me resulta esperanzador.

Una ramita en un árbol me parece un claro signo de "todo está bien".

Y es que en el reino vegetal se hace más evidente que todo está bien, porque queda más cerca y por eso más claro, que si la planta muere, alimenta a las demás en un ciclo de vida sin dramatismo.

No puedo evitar dolerme cuando por ejemplo, los árboles viven en un cuadrito de tierra asfixiado por el pavimento, ¡pero con qué dignidad lo viven!

Silvia Parque

sábado, 27 de julio de 2013

La alegría de la jardinera principiante

Ver que ha aparecido un tallito o una ramita, provoca una emoción en la que se combinan ternura, orgullo y alegría, con una gran carga de buena voluntad. Se le da la bienvenida al mundo, apenas con cualquier comentario, para no abrumarla y dejar que crezca en paz, a su ritmo.

Imagino que esa emoción puede ser mayor cuando una misma ha sembrado la semilla de la planta; pero en mi caso y para el caso concreto de mis tréboles, ya es de por sí bastante considerable, porque al paquete de sensa-sentimientos se le agrega el alivio, luego de que mi suculenta se agregara a la lista de fallecidas bajo mi cuidado.

Silvia Parque

sábado, 6 de julio de 2013

Dejar en su sitio

Aprendí que a las plantas hay que dejarlas en un sitio, ellas se acomodan al lugar donde se les puso, y si se les mueve a cada rato, no pueden acomodarse en paz. Con las salvedades evidentes, también nos pasa a las personas.

Silvia Parque

sábado, 29 de junio de 2013

Para las plantas

Con las plantas, no se trata de lo que a una le parezca bonito, sino de lo que les haga bien. Por ejemplo, he constatado que a los helechos no les conviene vivir en los baños, así que mejor sacarlos de ahí, con todo y lo apropiadas que puedan parecer sus hojas, para alegrar el lugar de la casa donde cae agua. Tampoco hay que hacer que las plantas de afuera vivan adentro, o viceversa.

Silvia Parque

jueves, 20 de junio de 2013

La planta que despedí

En su momento, para volver a caminar a gusto por mi casa, saqué una planta que había cuidado unos tres años. Dijeron que era mía porque yo la hice crecer verde y hermosa, pero originalmente fue de otra persona y yo no quería rastro de esa persona en mi vida.

No fue difícil deshacerme de ella -celebro la ambigüedad de esta frase después de la última oración del párrafo anterior-. No quería alimentarla y no iba a matarla, tampoco. Pero la quise mucho: tan como yo: consentida, respondiente, muy bonita para quien sepa apreciar. Le expliqué lo que pasó y la llevé con alguien que la cuidará bien. A veces, la he visto al pasar.

Silvia Parque

lunes, 20 de mayo de 2013

Un jardín

Estar con Dios es suficiente, estar con una misma es bueno, pero es un eufemismo decir que eso es estar acompañada; estar acompañada implica a otro ser mortal; no necesariamente de carne y hueso.

Formar un jardín es un poco hacer un paraíso. Las plantas responden a la mano de quien las cuida, sienten la presencia y la ausencia de esa mano; exigen exactamente lo que necesitan, pero no dramatizan, en todo caso mueren para ver si es posible renacer en mejor temporada.

Silvia Parque

jueves, 16 de mayo de 2013

¿Se puede tener un mejor nombre?


He plantado una suculenta.

Es un pedacito de suculenta en un vaso desechable, pero tiene tierra de la buena, bien húmeda. Le he dado la bienvenida a la vida.

Así he plantado lo que quiero: empezando como puedo con lo que hay, que a menudo es un poquito; generando condiciones para que los proyectos se hagan realidad. Me retraso y a veces, incluso me detengo; pero soy del desierto: resisto.

Silvia Parque