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miércoles, 13 de marzo de 2019

La renuncia necesaria

Se habla de la renuncia menos de lo que merece. Para disfrutar algo hay que renunciar a lo que no es ese algo, al menos en ese momento.

Los niños chiquitos causan gracia aprendiendo esto: un niño de dos años puede querer helado de un sabor y helado de otro sabor al mismo tiempo: no uno detrás del otro, no la mezcla de los dos, sino uno y otro al mismo tiempo; pueden querer cargar en sus manos cinco cosas cuando en sus manitas no caben más de dos. Pueden querer mojarse y permanecer secos (aunque eso tiene tal vez más relación con el hecho de no entender la relación causa y efecto).

Las personas adultas suelen hablar de la necesidad de la renuncia cuando algo es inconveniente o menos conveniente que otra cosa. Sin embargo, hay veces que se requiere renunciar a algo, siendo las opciones igual de "convenientes". Por poner un ejemplo simplón, puede ser tan buen plan para un sábado salir al cine, al teatro, a una exposición, a un restaurante especial, a visitar a un amigo... Descartando lo que guste menos, lo que requiera condiciones o recursos que no se tienen, lo que "salga caro" en comparación con otras cosas, pueden quedar dos, tres o más opciones, digamos "empatadas", y habrá que elegir una. Así pasa también con cosas mucho más importantes.

Silvia Parque