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martes, 5 de agosto de 2014

No todo el café me inflama

Soy una persona inmune a muchas cosas, gracias a Dios. No me contagio de resfriados, gripes o similares. Puedo comer en donde sea, sin preocuparme por mi estómago. He llegado a los treinta y tres años sin hacerme intolerante a la lactosa y sin reflujo. Mis hormonas hacen de las suyas, pero muy rápido aprendí a surfear por sus altibajos. Estoy muy agradecida por todo eso, y por lo mismo, me resisto a aceptar que el café me inflama.

He pasado por episodios de colitis; en el último, no podía usar más que uno de mis pantalones, porque ninguno me cerraba; pero tomé cartas en el asunto, y sanseacabó. Esas "cartas en el asunto" incluyeron prescindir del café durante dos semanas. Y como quien no quiere darse cuenta, he venido observando, desde que terminó la abstinencia, que sí: el café me inflama.

La buena noticia es que no pasa con todo el café. Primero pensé que era cuestión de cantidad, pero no. He puesto atención y creo que se trata del grano. [Antes de continuar, dejo anotado que el frappé tampoco me hace nada; no entiendo por qué, si la temperatura no puede ser el problema...] Según parece, el buen café se porta muy bien. Así que la entrada podría titularse "Mi vientre se ha vuelto pijo". Continuaré la investigación hasta tener mayor seguridad.

Silvia Parque

viernes, 6 de junio de 2014

Prescindir del café

El médico ha recetado tres pastillas distintas y una cápsula, para que se baje la inflamación de mi vientre. Además, ha ordenado que por dos semanas, evite el exceso de grasas, de dulce, de harinas blancas, que coma un poco de frutas y verduras, pero nada de cítricos, y la nota final: ni picante, ni refresco, ni café.

No como con picante, apenas le doy un traguito a algún refresco una vez a la semana, pero el café es mi compañero de trabajo y de ocio. Yo tomo café en las mañanas, después de la comida, por la tarde, en la noche; no todos esos cafés todos los días, pero a cualquier hora, sí. Prescindir de él no es un suplicio pero es difícil. El área común de la oficina se llena del aroma del café recién hecho, a la hora justa de abrir el correo electrónico, a ver qué ha pasado. Y me consuelo y motivo con café frappé por las tardes, especialmente ahora que hay un lugar que los prepara extraordinario junto a mi casa.

Como no me voy a joder, esto abre un abanico de posibilidades para el placer: estoy empezando a ponerle ganas al disfrute del agua, con su combinación exacta de hidrógeno y de oxígeno...

Silvia Parque