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lunes, 11 de diciembre de 2017

Anticonceptivos a la basura

He contado antes como afortunadamente nunca he padecido síndrome premenstrual; seguramente eso es parte de lo que me permitió relacionarme muy bien con mi menstruación. A los 18 años, empecé a tomar pastillas anticonceptivas y desaparecieron los pocos cólicos que tenía cada mes, además de poder disfrutar de un ciclo totalmente regular. Usaba Yasmin, que según vi se ha hecho de mala reputación últimamente, pero a mí en ese entonces me cayó de perlas. Casi diez años más tarde, se me sugirió descansar un rato de las pastillas y lo hice. Me encontré tan bien combinando el ritmo con los condones, que no volví a tomarlas.

Con 34 años, me embaracé y tuve a mi bebé. Todo quedó revolucionado en mi cuerpo y por primera vez empecé a sentir que las hormonas me "hacían algo": no como para llamarlo síndrome premenstrual, pero ya no era yo inmune a los cambios de una y otra etapa del mes. Al parecer tengo más hambre los días previos a mi menstruación; siempre quiero chocolate, pero más en esos días. También estoy más sensible emocionalmente, como para notarlo, pero no como para considerarlo un problema.

Así había estado: comiendo más cuando me apetece y usando condones cuando había oportunidad; hasta que pensé que era momento de volver a usar pastillas. Primero, como un acto de fe ante la perspectiva de más encuentros sexuales en el futuro próximo. Pero sobre todo, protegiéndome de mi inconsciente: Yo quiero otro hijo. No es el momento adecuado para embarazarme de nuevo; sin embargo, mi cuerpo que todo lo sabe, sabe que quiero otro hijo y sabe también que no quedan muchos años para que me embarace sin riesgo. Así que me dije: vamos a lo seguro. Fui al médico, me recetó y HORROR.

Empecé a sentir náuseas desde el primer día. Tantas como cuando estaba embarazada, aunque no duraban tanto como cuando estaba embarazada. Náuseas en medio de malestar general. Podía pensar que había estado muy cansada, pero el frío me ha obligado a dormir, de modo que he descansado. Lo que no noté es que me estaba poniendo nerviosa. Hace semanas me queda claro que necesito vacaciones y apoyo con la crianza; pero no estaba poniéndome "loca". Ayer me di cuenta de que me estaba sintiendo como cuando el neurólogo diagnosticó Trastorno de Ansiedad. Una cosa que come por dentro y desborda. Una desesperación que hace años me hacía salir de la casa y caminar rápido hacia donde fuera y después me hizo meterme bajo las cobijas a fantasear morir, pero que ahora me llegó siendo mamá de una niñita que pide, se queja, llora y para quien soy el principal referente de seguridad.

Hoy me sentí desbordada. Lo manejé como pude, me hice una infusión que me cayó bien y oré. Supe que son las pastillas. Así que a la mierda las pastillas.

Silvia Parque

lunes, 23 de octubre de 2017

La menarquia de mi hija

Psicoletra publicó un texto de Ibone Olza que se llama "La primera tienda roja". Trata sobre celebrar la menarquia y menciona la experiencia de la autora con la menarquia de su hija.

Ya he contado que siempre amé mi menstruación. Sigo teniendo una buena relación con ella, pero ya no la relación lujuriosa de hace unos años. El texto de Olza me revivió la sensación de antes.

Bueno: pues con este asunto ocurre que ahora está el significado que tiene en relación con mi hija.

Normalmente, las niñas con Síndrome de Turner necesitan que se les provoque la pubertad suministrándoles hormonas y hasta hace unos meses terminé de ¿asumirlo?

Las primeras veces que B vio mi sangre menstrual sentí que no podía decirle "te pasará cuando seas grande" y me dio pena. Me daba pena cuando ella tomaba mis toallas sanitarias; algo así como por qué yo sí y ella no. No sé por qué lo tomé de esa manera, si por ejemplo, no tengo duda de que será mamá si quiere serlo: confío en que sea de las afortunadas que consiguen embarazarse y parir, pero no creo que la maternidad se trate de eso, así que si quiere ser mamá y no puede embarazarse y parir, lo será de otra forma. Siempre que hablamos de que estuvo en mi panza le digo que lo importante es que estaba en mi corazón. ¿Entonces por qué no decirle "te pasará cuando seas grande" de algo mucho más sencillo de conseguir -con el tratamiento hormonal-? No sé. Pero ya no tengo esa complicación. Tal vez tenía que recuperar mi antigua relación de gozo con mi menstruación, para poder estar bien con el tema de la suya.

Silvia Parque

sábado, 8 de junio de 2013

Otra de las entradas obscenas

Esta entrada debería llamarse "A mí me gusta mi menstruación", pero la titulo "Otra de las entradas obscenas" para ahorrarle un disgusto a quien prefiera saltársela. Creo que lo que sigue es de mal gusto.

Entre las innumerables cosas que son una pérdida de tiempo y que seguiré haciendo disfrazándolo de interés por el pensamiento colectivo, está revisar lo que es TT en Twitter; comentarlo ya es pérdida de tiempo de otro calibre, pero este asunto de la menstruación se me apareció de otras formas por estos días, así que ahora publico:

A mí me gusta mi menstruación. 

Parece que el TT #SiFueraHombre se nutre entre otras cosas, de mujeres diciendo lo bueno que sería no menstruar.

A mí me gusta. No solamente no me molesta. Fue emocionante la primera vez, cuando entendí qué estaba pasando. Cada vez me parece festivo. Hubo algunos años en que significaba el alivio de que los anticonceptivos habían funcionado. Hay ocasiones en que preferiría que no se anunciara con dolor de muslos. Pero me gusta. Usualmente digo algo como: "bueno... a mí no me molesta", pero la verdad es que me gusta.

Entiendo que a algunas mujeres les parece "sucio"; supongo que no me lo parece porque no soy higiénica, pero la verdad es que creo que la gente viviría más a gusto si sus fluidos les gustaran.

Hay personas que no tienen relaciones sexuales en esos días. Si fuera mi caso, entonces sí me parecería una molestia; pero nunca se me ocurrió que mi menstruación fuera un impedimento para el sexo... al contrario.

Silvia Parque