Mostrando entradas con la etiqueta carta para mis muertos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carta para mis muertos. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de julio de 2013

Para otra de mis personas muertas


Querido abuelo: debe gustarte saber que mi abuela siempre termina cualquier cosa que hable sobre ti, señalando lo guapo que eras... de las pocas cosas sobre las que creo que hay consenso en la familia y es que, qué guapo eras. Qué presencia la tuya, de hombre que hace lo que le da la gana. Cómo me gustaste siempre: cómo me gustaste viejo y sin hablar, y cómo lamenté en su momento, no haber sido mayor o más lista o más capaz, para hablarte yo, para recibirte la única vez que te acercaste; pero así pasa: nos tenemos ahora que nos entendemos todo. Seguro me dejaste en los genes lo que pudiera necesitar. Ahora te encuentro en mí. Me quiero y me cuido también porque soy cosa tuya, ¿sabes? 

Oye: ¿dije alguna vez que te amo? Debo haberlo dicho de pequeñita, pero no sé si lo dije de mayor. Ahora lo sabes. Ahora nos sabemos todo.

Silvia Parque

sábado, 20 de julio de 2013

Para una de mis personas muertas

Yo creo que cuando las personas mueren, se terminan. No creo haya un Cielo o un Infierno a modo película de Hollywood, ni creo que un día vayamos a volver a la vida a modo revista Atalaya; lo único que sé con certeza es que no me preocupa. Creo que somos más que nuestra identidad individual, y que al morir queda en el universo lo que nos formó y que está antes y después de nosotros: eso que hace al aire ser aire, y que hace a los gusanos convertirse en mariposas. Creo también que habitamos en otros, y eso es más claro cuando morimos, porque entonces no habitamos sino en algo: en los otros, en los objetos, en el aire que dejamos impregnado de nuestros humores. Creo pues, que nuestros cuerpos se incorporan como materia orgánica al mundo, y que lo que haya en nosotros además de cuerpo, se incorpora al "Todo". Según mis supuestos, nada originales, esta incorporación nos hace perfectos: la materia orgánica es perfecta haciendo lo que tiene que hacer; el resto sin conciencia de lo que fue "sí mismo individual", también se haría perfecto. Pero para nosotros, si somos comunes y corrientes, el muerto seguirá siendo nuestro "Juan Pérez": como es "Todo" puede ser "Juan Pérez" hasta que dejemos de necesitarle. Este largo preámbulo sirve para explicar más o menos desde que posición hablo con mis muertos. Porque a veces hablo con mis muertos. Y ahora que leo las cartas que Dolega escribe al nietx que un día va a tener, se me ocurrió escribirle a las personas que un día estuvieron en mi vida; así que escribí a mi bisabuela.

Estimada bisabuela: cómo me alegró el día que moriste. Tus actos y lo que se jugaba alrededor de ellos, me fastidiaban los días desde la madrugada. Me pregunté muchas veces porqué las personas adultas alrededor no me libraban de tu presencia, y cuando entendí que no les era posible, por más que fuera materialmente posible, me consolé con fantasías de matarte. Sabía que mis tramas asesinas estarían muy mal para los demás, así que era conflictuante. Ahora entiendo que, por más que siempre hubieras sido de trato difícil, cuando te fuiste volviendo insoportable estabas entrando en un estado demente. Ahora entiendo con más identificación que empatía, lo mal que la pasabas. Y lamento, de corazón, que la pasaras así de mal. No me das lástima, ni siento culpa por no haberme portado mejor, ni creo que a los demás les tocara portarse mejor. Todos hicimos lo que pudimos. Y me alegra, de verdad, que tu amargura se haya disuelto en el dulce abrazo de quien siempre te aceptó incondicionalmente, con amor perfecto.

Silvia Parque