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martes, 24 de junio de 2014

Segunda representación de "Tartufo"

Una se da cuenta de lo grande que es Dios, cuando termina la segunda representación de la obra de teatro, y hay testigos de que una no se ha quedado congelada en la parte en que una entra, y habla.

Es una experiencia fenomenal.

La magia del teatro se hace a sí misma, cuando un buen operador dice el justo "para acá" o "para allá", "más arriba" o "más abajo", y una se deja poner y quitar, como corresponde.

¡Además, es muy divertido!

La ocasión es perfecta para reunir a los amigos y seguir jugando, después de los aplausos, a que una es actriz, porque se ha actuado y lo celebramos. (Respeto mucho el trabajo de los profesionales -y mis amigos son buenos amigos-.)

Una función más, el jueves.

Silvia Parque

jueves, 12 de junio de 2014

De estreno a estreno

Dice uno de mis tíos que "el que nada sabe, nada teme", y un poco así estoy con el próximo estreno de Tartufo. No tengo el vestuario listo, no tengo mis antifaces listos, todavía se me escapan unas líneas, y tan tranquila. El sábado ensayaremos extra y confío en que saldrá bien. Me encomiendo a Dios, y con eso basta. Tenemos la buena suerte de que el público básicamente se compondrá de parientes y amigos, así que nos ven con buenos ojos. Comparo estas vísperas con las de la obra pasada en la que participé -La casa de Bernarda Alba-, y es abismal la diferencia entre el nervio y la calma.

Silvia Parque

sábado, 7 de junio de 2014

Estudiar El Tartufo

Vi ESTA versión de El Tartufo, de Moliere. Queda "larga", supongo que porque el teatro esta hecho para el teatro, y no para la televisión. Luego vi una versión buenísima, que inicia con lo que Moliere escribió como final, pero el video disponible era nada más un fragmento de la obra. Seguí con un montaje escolar, bastante simpático, que interrumpí porque el audio no era bueno.

Es día de estudiar, así que me entero de que, para la RAE, "tartufo" es: "Hombre hipócrita y falso", por alusión al personaje de Moliere. El título completo de la obra es "Tartufo o El impostor".

Se lee rápido, esperamos representarla en una hora, pero llevamos semanas ensayando sin lograr correrla completa, en parte porque participantes como yo, faltamos varias veces. Es tan buena, que es increíble que el dramaturgo haya escrito ese final; no cuesta creer que sea un final "a modo" para complacer a quienes tenían el poder de prohibir la representación. Mi clase de teatro ha cambiado el final, y tal vez no sea una joya del teatro, pero es bastante bueno, sobre todo comparado con el original.

Silvia Parque

jueves, 15 de mayo de 2014

Hacer a este hombre

Seré un hombre en "Tartufo". Eso implica: pelvis hacia adelante y voz de hombre. Pero no tengo una voz de hombre en el repertorio, así que será una voz extra-aguda. No es más difícil que estar al frente y ser vista. 

Creo que es importante hacer cosas que nos parecen difíciles. Podemos llegar a sorprendernos de nuestra capacidad, no por lo regular o bien que lleguemos a hacer algo, sino por el arrojo, la persistencia, la disciplina que se puedan poner en juego.

Silvia Parque

viernes, 21 de febrero de 2014

La cosa más ridícula del mundo

Si todo continúa como está previsto, seré Valerio en Tartufo (de Moliere).

Valerio aparece dos veces en la obra; la primera vez, para enfrentarse, pelear y reconciliarse con su amada enamorada, Mariana. La cosa más ridícula del mundo, justo como suele ser.

   Él: ¿Y qué piensa usted, señorita?
   Ella: No lo sé.
   Él: Buena respuesta. ¿No lo sabe?
   Ella: No.
   Él: ¿No?
   Ella: ¿Qué me aconseja usted, Valerio?
   Él: ¿Yo? Yo le aconsejo que se case con Tartufo.
   Ella. ¿Usted me lo aconseja?
   Él: Sí.
   Ella: ¿De veras?
   Él: De veras. La elección está hecha. ¿Qué quiere que le diga?
   Ella: Bien señor, le agradezco el consejo.
   Él: No creo que le cueste mucho seguirlo.
   Ella: Lo mismo que le ha costado a usted dármelo.
   Él: Yo le he dado mi opinión para complacerla, señorita.
   Ella: Y yo la seguiré para darle gusto señor.

Y como sabrá quien haya leído la obra o visto su representación, siguen dándole gusto al drama, hasta que él hace como que se va, la criada los junta y los tres confabulan. Al final-final, todo termina bien.

Pero en la vida real, al menos después de los treinta años, estos dramitas se arman con todos nuestros defectos y las cosas acaban mal.

¿Qué necesidad de andarnos por las ramas y no decir a la primera lo que pensamos y sentimos, tal como lo pensamos y sentimos? ¿Por qué no preguntar directamente lo que queremos saber y por qué no pedir con claridad lo que estamos queriendo? Por miedosos y para protegernos, por supuesto; pero la vida se pasa muy rápido para tener tanto cuidado con lo que ni siquiera saca sangre.

Silvia Parque