miércoles, 31 de diciembre de 2014

Bienvenido, 2015

¡Feliz año nuevo!

Que vean realizados sus mejores deseos.

Silvia Parque

Hacerme lo que estoy llamada a ser

Cuando era niña, el futuro de mi imaginación era una nube de intensidad. Supongo que en la pubertad empecé a tener verdaderas aspiraciones y me veía siendo una "gran" algo.

Creo que en la adolescencia me ocupé tan fielmente de estar siendo, que no me veía en el futuro; pero sí que daba por sentado esa "grandeza" que tenía vista: me iría muy bien en esto y aquello.

El futuro me encontró haciendo realidad esa imaginación de cuando era niña, en un goce intenso y maravilloso. Cuando hubo que enfrentar las demandas de una realidad que se resiste al puro goce, fui valorando y queriendo cosas diferentes. Ya no quería ser una "gran" nada y quería que me fuera bien en cosas que no había contemplado.

Hace poco pensaba en lo terrible que sería ser realmente "grande", como Abraham o como María. Pero no me hace falta detenerme a pensar para tener siempre en cuenta lo incómodo que puede ser vivir en un candelero o peor aún, lo mortificante de tomar decisiones que atraviesan las vidas de otros, a veces literalmente. A mí, estar a cargo de dos tortugas me provee suficiente emoción y ahora, la aventura de tener una hija -por la que doy gracias a Dios-, me parece del tamaño del mundo.

Fue bueno para mi camino, renunciar a las expectativas de otros sobre mí y liberarme de la medida convencional del éxito; pero algo falta y no soporto hacerme tonta; soy floja, egocéntrica, muchas cosas, pero no soy alguien que pueda hacerse tonta, así que no puedo darle la vuelta al par de tareas que tengo pendientes... de hecho puedo dejarlas pendientes por la eternidad, lo que no puedo es darle la vuelta a que están ahí: pendientes. Veamos este 2015.

Silvia Parque

martes, 30 de diciembre de 2014

La posibilidad del tasamiento

En estos días de fin de año, viene bien valorar a las personas en nuestras vidas. Y no me refiero necesariamente a dar valor positivo, sino a "tasar". 

Sería por demás arrogante pretender determinar el valor de una persona, pero se vale reflexionar sobre el valor que puede tener en nuestra vida. Con las cosas materiales, se considera que algo es valioso porque enriquece, sirve, gusta; de alguna manera, aporta algo. Creo que más o menos en líneas generales, para un examen rápido, se vale usar este criterio con las personas... y se vale encontrar que alguien no aporta algo que queramos, incluso cuando antes sí lo queríamos.

Parece una mentalidad muy económica, como de puro interés en lo que vamos a obtener -cuando en todo caso, bueno sería pensar en qué vamos a dar-; pero no estoy enfocando el momento de un encuentro o del inicio de una relación, sino un momento en el que ya se ha sentido la influencia de alguien, y se puede ver si su compañía, suma o resta a nuestro camino. Ni siquiera una persona querida puede ser más valiosa que ese camino. 

Probablemente, no sea buena idea "despedir" a todo el amigo, allegado o conocido, que en un momento dado, no es alguien cuya vibra nos apetezca (nótese que esta entrada no se refiere a la familia). Pero tener conciencia sobre la relación, o la simple interacción que se da con la persona, nos puede resituar convenientemente. 

Silvia Parque