jueves, 31 de julio de 2014

Resistencia

Tres tijeras estaban junto a mí; yo estaba ocupada en otra cosa, y una parte de mi mente las quiso quitar de la esquina de la mesa, supongo que para ponerlas en su lugar, pero no recibí tal indicación, así que las tomé, metiendo mis dedos por sus orificios para dedos. Cuando observé mi mano, vi que era bonito, que dos estaban bien tomadas, como listas para trabajar, y la tercera había entrado en el conjunto nada más con uno de sus agujeros. Se sentía bien. Coloqué correctamente la tercera tijera; las abrí y las cerré, pero no por completo, sino hasta donde los instrumentos opusieron resistencia. Es muy placentero. 

Silvia Parque

Silvia adulta en internet

Tengo tres cuentas de correo electrónico. En uno de ellos, me doy el lujo de revisar cada día el "Correo no deseado". Ayer encontré, del remitente MeGustas, un mensaje con el siguiente asunto:

"un plan interesante ;-)" 

¿A alguien podía parecerle que eso iba por buen camino? Es decir, ¿a alguien, además de mí? Porque a mí me pareció amable, y por lo tanto, digamos, con alta probabilidad de ser algo bueno.

Abrí el correo, y vi que la dirección electrónica del remitente es "trabajar@trabajar.com". Supongo que pensé que trabajar es algo serio, así que la cosa tendía a lo bueno y a lo serio.

Entonces hago click para descargar el atractivo ofrecimiento que están a punto de hacerme.

Silvia Parque

Tú, Claudio

"Yo, Claudio" me ganó desde sus primeras líneas:
Yo, Tiberio Claudio Druso Neo Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como "Claudio el Idiota" o "Ese Claudio", o "Claudio, el Tartamudo" o "Clau-Clau-Claudio", o, cuando mucho, como "El pobre tío Claudio", voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.
Sin embargo, leí despacio, dejando días entre un avance y otro. Hasta que llegué a la mitad. Entonces ya éramos Claudio y yo, hasta la noche de antier, en que de plano fue difícil contentarme con dormir sin haberlo terminado, y la noche de ayer, que lo retomé aunque estaba realmente cansada.

Ahora viene mi confesión de hortera.

Primero, disfruté mucho los imperios de Tiberio y de Calígula. Qué manera genial de decir las cosas. En momentos cruciales, hace la magia de El bebé de Rosemary, dejando que la mente/intuición del lector/espectador, sea la que acomode lo superlativo. Pero yo quería llegar al imperio de Claudio. Me apena porque me siento como quien espera instrucciones para matar pajaritos, en Matar a un ruiseñor -que no he leído-. Justo ayer por la noche, antes de las páginas finales, leí en la solapa del libro, que Graves escribió "Claudio, el dios, y su esposa Mesalina". Me sentí estafada. Traté de consolarme entendiendo que no es un libro dividido en dos, que son dos libros completos por sí mismos. Ahora que releo sus primeras líneas, caigo en cuenta de que podía estar advertida, con eso de que "no hace mucho, fui conocido de mis parientes". Pero la verdad es que me sentí como al salir de la primera película de El señor de los anillos: ¿cómo que no me van a decir más?

Silvia Parque