Mostrando entradas con la etiqueta Yo Claudio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yo Claudio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de agosto de 2014

La Historia romana y nuestras reformas

Durante la vida del Claudio de Graves, hasta donde llega "Yo, Claudio", parece que el nieto adoptivo del emperador Augusto, era más bien de ideas republicanas, que se cuidaba de guardar donde no se vieran.

A propósito de las "libertades populares", el historiador Polio, le dice: "Todavía no podemos tenerlas. Las cosas tienen que empeorar antes de poder ser mejores". 

Leyendo sobre las recientes reformas "laboral" y "energética", parece dicho para estos días.

Silvia Parque

martes, 12 de agosto de 2014

El matrimonio en los tiempos de Claudio

Dice el Claudio de Robert Graves:
Recuerdo que en una ocasión escuché  dos de las libertas de mi madre hablar del matrimonio moderno desde el punto de vista de una mujer de familia. ¿Qué ganaban éstas con él?, se preguntaron. La moral era tan disipada, que nadie tomaba ya en serio el matrimonio. Es cierto que unos pocos hombres chapados a la antigua lo respetaban lo bastante como para tener prejuicios en contra de la acción de engendrar hijos en ellas por amigos o servidores de la casa, y que unas cuantas mujeres chapadas a la antigua respetaban los sentimientos de sus esposos lo suficiente como para cuidarse de quedar embarazadas sólo por ellos. Pero por regla general, en la actualidad toda mujer bien parecida podía acostarse con cualquier hombre que se le diese la gana. Si se casaba y luego se cansaba de su esposo, como sucedía habitualmente, y quería divertirse con algún otro, podía tener que vérselas con el orgullo o los celos de su esposo. Y, en general, tampoco se veía en mejor situación financiera después de casase. Su dote pasaba a manos de su esposo, o de su suegro como amo de la casa, si éste todavía vivía. Y un esposo o un suegro eran por lo común una persona más difícil de manejar que un padre o un hermano mayor cuyos puntos flacos la mujer conocía desde hacía tiempo. El casamiento sólo representaba irritantes responsabilidades caseras. Y en cuanto a los hijos ¿quién los quería? Se entrometían en la salud y las diversiones de una mujer durante varios meses, antes del nacimiento, y aunque tuviera una nodriza para ellos, necesitaba tiempo para recuperase del desdichado asunto del parto y con frecuencia sucedía que su silueta quedaba arruinada después de tener dos [....] Y del esposo de una dama, si ésta lo quería, no podía esperarse que se mantuviese alejado de otras mujeres durante el período de embarazo de ella, y de cualquier modo prestaba muy poca atención al niño cuando éste nacía. 
Silvia Parque

sábado, 9 de agosto de 2014

Livia

La historia de sí mismo, contada por el Claudio de Robert Graves, podría ser, hasta la mitad del libro, la historia de Livia. De hecho, en las páginas 42-43 de mi edición de Círculo de lectores, Claudio tiene la cortesía de disculparse por escribir tanto sobre su abuela y se justifica: "es inevitable". Aquí, algunas citas sobre ella:

En principio:
El nombre 'Livia' está vinculado con la palabra latina que significa malignidad [...] nadie la quería de veras; la malignidad impone respeto, no cariño. Poseía la facultad de que la gente comúnmente desenvuelta se sintiese consciente de sí en su presencia, consciente de sus defectos morales e intelectuales.
Ya se sabe lo que puede hacer la ambición y a la Livia expuesta por Graves no le faltaba de eso: 
La mayoría de las mujeres tienen tendencia a poner un límite a sus ambiciones; algunas, muy pocas, se fijan un límite audaz. Pero Livia era la única que no ponía límite alguno a las suyas y sin embargo se mantenía perfectamente serena y fría en medio de lo que, en otra mujer, habría sido juzgado como una locura ilimitada.
Como corresponde a una cultura patriarcal, aunque esta mujer tenía gran poder, tenía mucha mayor influencia que poder.  
Todos sabían que Livia mantenía a Augusto en un puño y que, si bien no estaba realmente atemorizado de ella, por lo menos se cuidaba de ofenderla.
En pocas palabras: "Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto". El autor pone en boca de Póstumo, la siguiente opinión sobre este emperador-esposo:
Es extraordinariamente débil en lo que a ella respecta. ¡Imagínate: hace casi cincuenta años que vive con ella, y todavía cree hasta la última palabra que le dice! 
Con los signos de admiración bien ganados: "¡Mi abuela Livia era astuta!"

Silvia Parque

jueves, 31 de julio de 2014

Tú, Claudio

"Yo, Claudio" me ganó desde sus primeras líneas:
Yo, Tiberio Claudio Druso Neo Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como "Claudio el Idiota" o "Ese Claudio", o "Claudio, el Tartamudo" o "Clau-Clau-Claudio", o, cuando mucho, como "El pobre tío Claudio", voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.
Sin embargo, leí despacio, dejando días entre un avance y otro. Hasta que llegué a la mitad. Entonces ya éramos Claudio y yo, hasta la noche de antier, en que de plano fue difícil contentarme con dormir sin haberlo terminado, y la noche de ayer, que lo retomé aunque estaba realmente cansada.

Ahora viene mi confesión de hortera.

Primero, disfruté mucho los imperios de Tiberio y de Calígula. Qué manera genial de decir las cosas. En momentos cruciales, hace la magia de El bebé de Rosemary, dejando que la mente/intuición del lector/espectador, sea la que acomode lo superlativo. Pero yo quería llegar al imperio de Claudio. Me apena porque me siento como quien espera instrucciones para matar pajaritos, en Matar a un ruiseñor -que no he leído-. Justo ayer por la noche, antes de las páginas finales, leí en la solapa del libro, que Graves escribió "Claudio, el dios, y su esposa Mesalina". Me sentí estafada. Traté de consolarme entendiendo que no es un libro dividido en dos, que son dos libros completos por sí mismos. Ahora que releo sus primeras líneas, caigo en cuenta de que podía estar advertida, con eso de que "no hace mucho, fui conocido de mis parientes". Pero la verdad es que me sentí como al salir de la primera película de El señor de los anillos: ¿cómo que no me van a decir más?

Silvia Parque