miércoles, 4 de abril de 2018

Música

El casi recién llegado.
Hace unas semanas llegó a mi casa un reproductor de música: un Sony viejito. Le funciona el radio y se puede conectar al teléfono o a la lap -no sirve lo demás-. Llegó con un juego de bocinas, no sé qué tan buenas, pero estupendas para mí: mucho mejores que las que estaban en funciones.

Y he redescubierto la música.

Las melodías son otra cosa. Algunas son increíblemente superiores a lo que oía de ellas. Otras, al contrario.

Y me gusta -también me gusta bailar-.

A pesar de que conozco las generalidades sobre el efecto de la música en el estado de ánimo, nunca le he dado el lugar que merece. He creído que no soy musical. Sin embargo, el día que llegó la música con el reproductor y las bocinas, mi cuerpo lo apreció; mi mente lo apreció; realmente me hizo bien.

Silvia Parque

martes, 3 de abril de 2018

Superficiales y tontas

Me parece mal calificar a las personas para "hacer menos" a quienes según yo son de tal o cual manera; pero a veces lo hago. Hoy, hace un momento, he concluido que me caen requetemal las personas superficiales y tontas; las personas superficiales, no; las tontas, tampoco; es la conjunción de las dos características: me choca.

Además, misóginamente, siento aversión en mayor medida hacia las mujeres superficiales y tontas, que hacia los hombres superficiales y tontos; tal vez eso lo trabaje conmigo misma después.

Silvia Parque

domingo, 1 de abril de 2018

Necesidad de aprobación

Escribo un artículo sobre relaciones de pareja que dañan y me centro en la dependencia emocional. Debí terminarlo hace días.

Esta mañana, llamo al papá de B y le comunico que he decidido hacer algo de tal modo. Es un asunto más o menos intrascendente; cambia un poco un plan que teníamos, pero a él no le afecta. Responde, en tono más o menos plano: "Haz lo que te parezca".

No es como eso que dicen sobre las mamás: que cuando dicen "haz lo que te dé la gana" están diciendo "deberías hacer lo que ya sabes que quiero que hagas". Él de verdad me dice, sin vuelta ni revés, que decida yo. Y va. Hago lo que me parece, nos hablamos más tarde para ultimar detalles sobre el asunto y listo. Su "haz lo que te parezca" no está dicho de mala manera, no es áspero, no es rudo; pero tampoco fue dicho de manera gentil y antes eso me hubiera puesto mal. Yo necesitaba un "está bien" ("qué buena idea", "¡claro!", "tienes razón"). Ahora, justo el momento en que deseo su aprobación me hace recordar cómo era sentir esa necesidad y sonrío por ya no estar en eso.

Sin embargo, creo que es el hecho de que no seamos pareja lo que me hace no esperar su aprobación. Me pregunto si un día tendré una relación de pareja en la que no quiera / necesite / espere estar siendo aprobada.

Silvia Parque