Como dijeron, la luna estuvo brillantísima. Fue un gusto emocionante. Un brillante tan intenso, tan absoluto -porque no sé cómo brille el sol: al sol no puedo mirarlo-.
Me gusta ver sus manchas; pienso que son siempre las mismas; entiendo que siempre está ahí, igual de espléndida, y pierde importancia lo que falte por acá: la noche es un lujo para quien se lo apropie.