La infidelidad es un elemento cultural casi endémico y sin embargo, duele como parir la muerte, aunque hubiera avisos, aunque se comprendan los motivos de los implicados; por lo visto, aunque se tenga dinero y poder.
Llama la atención cómo siendo tan diferentes las relaciones, las situaciones de vida, los antecedentes y contextos, una situación como esta desencadena reacciones similares. Nos lamemos las heridas con estilos diferentes, con recursos muy distintos; pero al final, a pesar de la diversidad, hay cierta necesidad de exorcismo: por eso la discusión larga y tortuosa cuando probablemente no haya nada que decir.
Silvia Parque