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lunes, 29 de mayo de 2017

Enamoramiento

Me enamoro rápido y con frecuencia. Se me da bien y termina bien, a menudo con un final pre-programado. A menudo habiendo implicado poco al objeto del enamoramiento. El amor es otra cosa.

He dicho antes que en la escuela, siempre estuve un poco enamorada de un profesor u otro. En mi matrimonio había espacio para mis pequeños romances casi siempre imaginarios. He pasado temporadas realmente enamorada de personajes de ficción.

Solo me faltó enamoramiento en los momentos más malos. Solo he pasado largas temporadas no-enamorada cuando he traído perdida a la mujer que soy.

Silvia Parque

lunes, 21 de enero de 2013

Como un dulce

Amar y querer, de Manuel Alejandro, en voz de José José.

Desde que llegué a la edad adulta, me enamoro como echar a andar un juguete mecánico al que hay que guardar a la hora de ir a otra cosa. El enamoramiento es como un dulce.

El amor es otra cosa. 

Silvia Parque

sábado, 22 de diciembre de 2012

La maravilla

Yo comprendo que el enamoramiento nubla la razón; es una cosa de la evolución para fomentar el apareamiento o más románticamente: es un velo en la mirada que permite nacer al amor (parafraseando algo que leí en algún lado -no recuerdo escrito por quién-). También sé que parte del truco está en no creer que hay truco. Así que ahí están las siete maravillas que hacen de mi marido la séptima maravilla. No las voy a publicar, pero ahí están y hacen maravillas conmigo.

Silvia Parque

lunes, 6 de agosto de 2012

"Tú sabes que me apasiona tu persona y esa zona..."

"Y la manera en que amas / entre llamas / y me consumo..."
El son del dolor, La Cuca

Hace un par de semanas conversaba con una joven que vive el inicio de su vida en pareja y dije, no sé exactamente a propósito de qué, pero más o menos hablando de los primeros años del matrimonio: "bueno, entonces estaba enamorada..." ¡Ambas pusimos una expresión de sorpresa al escucharme!

En efecto, el enamoramiento va y viene; no se puede esperar que siempre esté ahí, se termina, se reaviva. A veces no se reaviva de inmediato: eso puede querer decir muchas cosas, por ejemplo, que la pareja trabaja en algo importante fuera "del círculo amoroso".

El matrimonio no es un corazón de enamorados. Es genial enamorarse en el matrimonio y de hecho es importante desarrollar la capacidad de hacerlo; pero el amor del matrimonio es lo que es, precisamente, por no precisar del encanto del enamoramiento.

Como soy de condición enamoradiza, en general, vivo enamorada. Por temporadas, más de la vida -por ejemplo- que de la persona que amo; es mejor que sea así.

Hoy muy enamorada*, 
Silvia Parque


*de la persona que amo... como casi siempre.

martes, 6 de septiembre de 2011

Al rato ya no es lo mismo

Leo "El rey de hierro", de Maurice Druon; el primer tomo de la serie Los reyes malditos (Javier Vergara Editor, 1981). La portada de mi ejemplar es lindísima, en azul brillante con flores de lis doradas, enmarcando la imagen de un rey que debe ser Felipe El Hermoso. Las letras del título, igual de doradas que las florecitas, están sobresaltadas, dando el gusto de sentirlas. Es un novelón para entretenerse fácil, con la gracia de acabar de enterarle a una de los datos históricos que debió aprender en la escuela.

Voy en la segunda parte de tres que componen el libro; como soy de un cursi romanticismo popular, estoy vulgarmente intrigada con las pasiones de la nobleza europea; aún así me detuve y regresé a la parte uno, para compartir esta frase: "Las dificultades que son aliciente de un naciente amor resultan intolerables cuando han transcurrido cuatro años; y a menudo la pasión muere por lo mismo que la provocó" (capítulo 5, p. 72). Que ni qué...

Un amigo me dijo que cuando se está enamorado, los defectos del otro aparecen como algo atrayente o, al menos, simpático. Pero el enamoramiento es como una borrachera, así que tiene que pasarse o una se vuelve un poco yonkie... decíamos, pues, él y yo, que pasado el trance, el peso del amor da una dimensión manejable a los defectos del otro; sobre todo porque son opacados por las virtudes percibidas. Puede ser que las personas maduras lleguen a una visión realista, relativamente objetiva, de su amado(a). El problema es que lo malo se note más que lo bueno -sea o no más, efectivamente-; lo triste es que lo malo sean esos mismos defectos que eran simpáticos o hasta atrayentes.

Silvia Parque