Hay cosas muy baratas que son buenas. Por ejemplo, la crema de cacahuate que preparan en el supermercado. Antes compraba de las que tienen marca, que son caras y no me gustan -las compraba para mi niña-; pero le di una oportunidad a la del supermercado y zaz que esa sí me gusta (creo que es porque no le agregan azúcar).
Entre las cosas baratas que me parecen malísimas están la pasta de dientes, el shampoo y los rastrillos. Lo peor es un rastrillo sin ergonomía, con la navaja sin filo y que se oxida de inmediato.
Silvia Parque