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miércoles, 13 de agosto de 2014

El amor en la compra de útiles escolares

En mi casa, gracias a Dios, la escuela era algo "asegurado". Nunca dejé de tener todo lo que necesitaba, cada ciclo escolar. De hecho, nunca pensé en seguir estudiando como una "opción": era lo que iba a pasar. Ahora sé que no aprecié el tamaño de la inversión que se realizaba en mí y no agradecí suficiente los esfuerzos que implicaba. Mi abuela nos contaba que Fulano de Tal, no me acuerdo si conocido suyo o de mi abuelo, iba a la escuela descalzo y como no podía comprar cuadernos, usaba el reverso de los almanaques para hacer sus apuntes. Aunque siempre me han gustado las historias, recuerdo que me fastidiaba un poco el tono con el que a veces lo contaba: ese tono de: "tantos-niños-que-no-tienen-qué-comer-y-ustedes-que-no-quieren-la-sopa".

Ahora lo veo diferente. 

Sé de una persona que se acaba de mudar a la ciudad y está ingeniándoselas con el dinero que trajo, en lo que empieza a tener ingresos acá. Tiene dos hijos en edad escolar y yo me he preguntado estos días si ya lo tendrá todo cubierto. Seguramente sí, porque es de un medio socioeconómico en el que los papás mueven cielo, mar y tierra para que sus hijos vayan a la escuela bien vestidos, bien calzados y con todos los útiles de la lista. En cambio, conocí una familia también "inmigrante", que decidió dejar a las tres hijas sin estudiar lo que restaba del ciclo escolar más un año más, por no poder con la carga de cuotas, uniformes y etcéteras. Nunca había visto algo así de cerca. Me parecía inaceptable: escandaloso. Si tenían techo y los dos papás trabajaban: ¿cómo no mandaban a las niñas a la escuela? Me faltaba mucho qué aprender sobre las dificultades. [Por cierto, esas personas extraordinarias me dieron en qué sentarme cuando no tenía en qué y me compartieron su comida cuando tuve hambre.]

Conocí a una mamá que iba comprando un cuaderno cada semana hasta que completó los de todas las materias, un mes después del inicio de clases. No puedo recordar quién era ella, cuál era nuestra relación o en dónde estábamos cuando la oí contarlo; pero es inolvidable el gusto con que lo dijo. Qué llena de amor estaba. 

Silvia Parque