Ahora lo veo diferente.
Sé de una persona que se acaba de mudar a la ciudad y está ingeniándoselas con el dinero que trajo, en lo que empieza a tener ingresos acá. Tiene dos hijos en edad escolar y yo me he preguntado estos días si ya lo tendrá todo cubierto. Seguramente sí, porque es de un medio socioeconómico en el que los papás mueven cielo, mar y tierra para que sus hijos vayan a la escuela bien vestidos, bien calzados y con todos los útiles de la lista. En cambio, conocí una familia también "inmigrante", que decidió dejar a las tres hijas sin estudiar lo que restaba del ciclo escolar más un año más, por no poder con la carga de cuotas, uniformes y etcéteras. Nunca había visto algo así de cerca. Me parecía inaceptable: escandaloso. Si tenían techo y los dos papás trabajaban: ¿cómo no mandaban a las niñas a la escuela? Me faltaba mucho qué aprender sobre las dificultades. [Por cierto, esas personas extraordinarias me dieron en qué sentarme cuando no tenía en qué y me compartieron su comida cuando tuve hambre.]
Conocí a una mamá que iba comprando un cuaderno cada semana hasta que completó los de todas las materias, un mes después del inicio de clases. No puedo recordar quién era ella, cuál era nuestra relación o en dónde estábamos cuando la oí contarlo; pero es inolvidable el gusto con que lo dijo. Qué llena de amor estaba.
Silvia Parque