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lunes, 6 de octubre de 2014

Hacer crecer el querer

Algunas personas se burlan del rey del Principito, que ordenaba al sol que saliera, al amanecer -o que se pusiera, justo al atardecer, no lo recuerdo-. A mí me parece inteligentísimo, y creo que el mismo principio aplica con las personas. A la gente no hay que pedirle lo que no está en su naturaleza, o dicho con mayor propiedad, lo que no corresponde a su modo de ser... vaya: lo que no les nace. Esto no salva a nadie de todo lo que no quisiera hacer, y debe hacer: los niños han de aprender a leer y a hacer cuentas, aunque si por algunos fuera, solo cantarían y bailarían; las personas adultas habrán de encontrar la manera de hacerse cargo de sí mismas, aunque prefieran ser un hongo colorido al lado de un lago; no me refiero a eso. Aunque también un poco: porque debemos cumplir con "algo", llevar a cabo una función o atender una tarea, pero habría que dejar a cada cual que lo hiciera a su modo... Sin embargo, yo a lo que me refiero es a las relaciones personales. Tampoco a todas: hay unas fundamentales cuyos "deberes" están llenos de implicaciones trascendentales: ser padre, ser madre, ser esposo o esposa. Un esposo, por ejemplo, habrá de dar soporte emocional, aunque lo suyo sea más bien brindar ayuda práctica; ni modo: es parte del paquete. Pero un amigo, una amiga, un tío, una tía, los primos, los hermanos, no tienen una serie de "cosas por cumplir". Está el amigo con el que se hace esto, y el amigo con el que se hace lo otro; el que no te va a acompañar al hospital, pero te puede enviar flores. Aunque parezca que acompañarte junto a la cama en la enfermedad, vale más; creo que el gesto de las flores, salido de la buena voluntad, en realidad no vale menos. Cada cual da, no precisamente lo que tiene, sino según su ser, y apreciar la diversidad nos hace posible querernos: hacer crecer el querer en nuestra vida.

Silvia Parque

miércoles, 3 de abril de 2013

El Rey de chocolate

Hay algunos personajes peculiares a mi alrededor. Uno de ellos es el Rey de chocolate.

El Rey de chocolate de mi comunidad no tiene nariz de cacahuate como el de la canción; de hecho, tiene una figura tan bien lograda, que un vendedor podría hacerla pasar por arte aunque sea artesanía. Es de chocolate porque se derrite cuando se enoja y ensucia. Alguien haría bien en regalarle un ejemplar de El Principito, con un separador en la página donde aparezca el Rey con poder sobre todo; este rey sí sabe de ciencia gobernante, no se derrite y no ensucia.

Silvia Parque