viernes, 4 de julio de 2014

Buñuelos, como tantas cosas, los hay así y asá

Paseando por la blogósfera, llegué a Factoría de recetas, de Meri. Es un blog lindo. Hice click desde una lista de uno de los blogs de Telma, porque me gustó el nombre de la entrada anunciada: "Buñuelos de viento". Quise saber qué cosa le agregaba lo poético a una receta de buñuelos.

Iba leyendo los ingredientes, cuando vi la foto de los susodichos... ¡eran -son- bolitas!

He visto buñuelos grandes y pequeños, con azúcar, con miel, con piloncillo; he juzgado que los Bimbuñuelos Bimbo hicieron bien en agregar el prefijo para no llamarse "buñuelos", porque los buñuelos, "como todo el mundo sabe" son extendidos, como los de mi abuela -que tiene la marca registrada "el buñuelo"-.

Fui a corroborar con la máxima autoridad en información no importante. Según Wikipedia, los buñuelos son "una masa de harina que se fríe en abundante aceite", pueden llevar relleno y son muy diferentes en diferentes países -de hecho, son distintos en mi rancho y en donde vivo-.

Es tierna la mirada infantil que nos lleva a creer que el mundo es lo que alcanzamos a ver. Y qué importante recordar, con las pequeñas cosas, lo lejos que estamos de una "última palabra" en cualquier tema.

Silvia Parque

jueves, 3 de julio de 2014

De sufrir a sufrir

Hoy sufrí por el frío.

Salí de la casa a las 19:00 h. En el cielo podía verse que se pondría fresco, pero como visto un suéter, aunque de manga tres cuartos, pensé que estaba suficientemente cubierta y que de pasar frío, sería apenas un poco, tal vez ya cerca de la casa, al regreso. Como a las 20:00 h cambió el plan, y el regreso a casa se convirtió en cena en una terraza; se puso frío y luego más frío; a la hora de sí regresar a casa, esperar al taxi fue un poco heroico, porque el viento parecía soplar directo a mi garganta, en la acera de una avenida larga que se me figuraba carretera para el aire. Pero llegó el taxi. Luego de un par de cientos de metros, el conductor preguntó si subía una de las dos ventanillas abiertas, y fui entrando en calor. Sin embargo, había que hacer una escala técnica en una farmacia, y después de las compras, vino el clímax del recorrido: frío invernal de ponerme a sufrir.

Me puse muy tensa de contraer los músculos, en una especie de intento de mi cuerpo por "hacerse bolita". Caminé rápido. Sufrí de veras. Todavía hubo otra escala, en la esquina de mi calle, para comprar un par de panes. Es una bendición que de eso se trate mi sufrimiento. De unos minutos -apenas unos minutos- de comprobar que estoy vivísima, porque los elementos me hacen protegerme. De que lo más parecido a una auto-recriminación -estando lejos de serlo-, sea la nota mental de "la próxima vez, me llevo algo con qué taparme". De un friíto seguido de apreciar lo cálido de mi casa, la fortuna de tener leche para el café.

Hoy he vuelto a leer que "el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional" -está en un cuadro, en una pared del lugar al que fui-. Estoy totalmente de acuerdo, y sostengo que hasta en el frío puede no sufrirse. Pero hoy, este pequeño sufrir fue bueno. O algo así.

Silvia Parque

martes, 1 de julio de 2014

Menos queja y más aprecio

Estaba pensando que limpiar las micas de mis anteojos me quita el tiempo. Pero en principio, las micas antirreflejantes del tipo de las que tengo -según aseguró la vendedora- se ensucian menos que otras; luego, ¿cuánto tiempo puedo tardar en eso? Es verdad que es varias veces al día, y a veces varias veces en un rato, pero el resultado es ver bien. Es realmente bueno ver bien, pero muchas cosas realmente buenas se nos escapan con la costumbre. Aprecio que pasé unos días con las micas rayadas, revalorando el servicio de mis anteojos.

Silvia Parque