Las oficinas son de quien las ocupa. Y yo "soy de aquí", de las puertas pesadas, los muebles ligeros, las sillas ergonómicas y las paredes vacías.
En la secundaria, un profesor trataba de hacernos entender que debíamos cuidar el mobiliario, instruyéndonos sobre la diferencia entre: 1) que las cosas fueran de nosotros y 2) que fueran para nosotros. Me pareció una gran explicación: debíamos cuidar las cosas tanto porque no eran de nosotros, como porque eran para nosotros. Por esos años me fui iniciando en suponer que el mundo es para mí, al menos la parte del mundo que quiero: se me ofrece, me llega, tiene mi nombre en un cartelito invisible.
Alguien más llega a esta larga mesa ovalada y me gusta que luego de saludarnos y comentar cualquier cosa, volvemos cada cual a su laptop, él a su Toshiba y yo a mi Compaq.
Silvia Parque
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