martes, 30 de diciembre de 2014

Junto con pegado

Cuando entras a una página peligrosa, te topas con esos recuadros del mal que te invitan a hacer click para ganarte una tablet o $1'000,000. Supongo que no cae nadie mayor de diez años y menor de ochenta, que tenga más de unos meses navegando. Están los otros, más difíciles de evitar, que son el mismísimo click con el que te vas a deshacer de un recuadro o de toda una página, y por el cual, a veces no queda de otra, más que apagar la máquina. Se evitan con los antivirus que vienen con anti-todo.

Pero hay otra cosa que me disgusta, y creo que no es evitable... no sé cómo llamarla... cuando entrar en algo te hace entrar en otra cosa. Ayer paseaba por la blogósfera y comenté algo en un blog; me distraje, si no, no habría comentado; el caso es que mi comentario se hizo desde mi cuenta de Google. Y yo comento en los blogs desde mi cuenta en Blogger. Ya sé que Blogger está con Google, sí; pero tengo una cuenta para una cosa, y otra, para otra. Así le va bien a mi neurosis. Que fuera como fue, no fue tramposo porque el vínculo no estaba escondido; no hace daño, tampoco; pero a mí no me gusta. Como tampoco me gusta que Linkedin me "hable" desde la cuenta del correo alterno que le di. ¿Por qué no sigue contactándome en la cuenta que tiene marcada como correo principal? Me molesta sentir que toman sus propias decisiones.

Silvia Parque

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