domingo, 27 de octubre de 2013

De la no obligatoriedad de la vida

La vida no es obligatoria. Se elige vivir cada día, y es posible elegir no vivir, en cuyo caso, es posible terminar con la vida, o guardar el cuerpo vivo debajo de la cama o en un horario de oficina. Es posible terminar con la vida rápido o lento, o muy lento con alcohol o cigarro o hasta comida. Cada cual elige lo que le resulta mejor, según su condición y posibilidad, al grado de que casi puede decirse, que cada cual elige lo que le toca.

Ni la vida, ni la felicidad, ni ninguna de esas cosas buenas y valiosas son obligatorias. Podemos tomarlas o dejarlas ir. Una parte de ellas se nos regala y se nos retira; pero me interesa la parte en que tomamos y dejamos ir. Yo creo que si llegamos al mundo sin que tuviera que ver con nuestra voluntad -entonces inexistente-, es bueno que nuestra permanencia sí tenga que ver con nuestra voluntad. Un día, una se da cuenta de que está aquí puesta y puede decidir seguir viva, o no. No creo que esté mal quitarse la vida. Que sea un desperdicio o que muchas veces sea una tontería, es diferente; pero "malo", no creo, excepto en el caso de la gente que hace espectáculos que dañan a otros, como las mamás que se matan delante de sus niños o simplemente no arreglan qué pasará con ellos si ellas faltan. Pero un hijo de vecino que no le haga falta a nadie, no creo que sea "malo" que se mate. Espero que no se entienda como alentador para el suicidio; no me parece "bueno" matarse; siempre que sé de alguien que se ha dado muerte -o lo ha intentado-, se me ocurren formas en las que habría podido sentirse mejor (la gente casi nunca se mata porque quiera morir, ese es el problema: se mata para dejar de vivir lo que está viviendo).

Solamente digo que "malo" no me parece. ¿A quién le deberíamos algo, en caso de morir por nuestra propia decisión? Allá los que reclamen, con sus problemas, una ya se habría convertido en deudora incobrable.

Silvia Parque

2 comentarios:

  1. Cada muerte afecta a muchas personas. Tendría que ser un ermitaño sin familia para que no hiciera daño a nadie. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede que tengas toda la razón. Pero distingo entre provocar dolor, y hacer daño. Y hay tantas personas sin familia ni amigos. Eso de ningún modo quiere decir que no me parezca que cada vida es muy valiosa.
      Un beso, Susana.

      Eliminar