miércoles, 11 de abril de 2018

Otras mamás, cada mamá


La semana pasada estaba en una reunión con niños y una amiga mencionó que le molesta que sus hijos griten mientras juegan; entiende que es normal, pero le molestan los gritos.

Estaba ahí otra amiga que un día mencionó que a veces le abruma el parloteo de su niño; le gusta hablar con él, pero a veces quiere un momento de silencio y la criatura no para de hablar.

A mí no me molesta que B grite mientras juega ni me cansa su conversación, así repita veinte veces lo mismo. Pero me sentí acompañada porque hay más de una cosa que me saca de quicio y una lista larga de indicadores que me alejan de la mamá lindabuenaondasiempredispuestarelax que me gustaría ser.

Me hacen falta esos encuentros con otras mamás con las que pueda sentirme identificada, así sea nada más que en una interacción de Twitter.


Silvia Parque

6 comentarios:

  1. Educar es tan largo proceso, que una se casa de escucharse a sí misma repitiendo hasta la extenuación las mismas frases, por años. Los críos gritan, charlan en voz muy elevada. Compartir, jugar y hacer alboroto es lo normal.

    Lo preocupante es sentir al silencio en casa mientras no les ves. " Esto está muy silencioso", se dice una, y sale pitando a ver qué hace/hacen. Un abrazo

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    1. Sí, realmente puede cansar repetir lo mismo una y otra y otra y otra vez. Hay días en que me siento muy bien y no me altera nada en relación con ella; hay días en que me siento mal y me altero de más. La mayor parte de los días son un término medio: mañanas o tardes buenas con algún mal momento que se pasa rápido... o con varios... a veces no tan rápidos...
      ¡Y sí! Lo peor de lo peor es el silencio. Casi siempre intuyo de lo que está siendo capaz XD
      Un abrazo, Albada.

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  2. Podemos deducir entonces que no eres un bicho tan raro.

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  3. Muchas veces suspiro de alivio cuando mis hijos se van o hacen algo en silencio.
    Y eso que ya pase la infancia de ambos.
    Creo que es normal, sino lo instauramos como que lo es y punto.
    Besos.

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    1. Pues sí: es lo que es. Yo amo su presencia, pero la verdad es que cuando se queda dormida, entro en mi estudio y cierro la puerta, siento como si recibiera un regalo.
      ¡Besos, Dana!

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