viernes, 8 de abril de 2016

Lo que me funciona

Como decía POR ACÁ, salí de viaje.

A mí el cambio de alrededores me sirve mucho para pensar. Además, volver al rancho grande del que salí, me sirve especialmente para pensar en mí.

Ahora, sin embargo, con B, lo de pensar se complica. Atenderle no me deja mucho espacio mental para otra cosa, y mientras duerme, estoy muy cansada. Ya daba casi por perdido el viaje, en ese sentido, cuando tuve una breve conversación con una amiga. Fue apenas un rato, en medio de algo de alboroto y compartiendo la mesa con su pequeña adolescente, así que no nos metimos en profundidades íntimas; pero alcanzó a hacerme una pregunta y a decirme algo que estuvo haciendo eco hasta producir una vuelta de tuerca:

"¿Qué te pasó", me dijo. "Me achicopalé", respondí. Esto, lo otro, lo de más allá, y sugirió: "haz lo que te funciona".

Algo en mí tomó esas palabras como una orden de mi alma.

Un par de días después, pasando la noche en una habitación de hotel, tuve una conversación con Dios, como hacía tiempo no la teníamos. De todo el proceso, salió una decisión cuya expresión verbal puede ser tomada de muchas maneras; la comparto, esperando encontrar buenos entendedores, y confiando en que las personas que me leen con frecuencia, me conocen -mucho mejor que quienes me tratan en el mundo material-:

Pueden ir todos muy lejos. 

No estoy enviando a nadie a ningún lado. Pero pueden ir: cualesquiera.

¡Y zaz! Se siente muy bien. Una gran descarga.

No encontré mi identificación en uno de los tantos "retenes" del aeropuerto, por lo que tuve que salir de la fila y encaminarme al último lugar donde la había mostrado, esperando que la tuvieran ahí. Afortunadamente, volví a buscar antes de caminar mucho, y gracias a Dios, la encontré. Seguí mi camino, dándome cuenta de que no sentía culpa, vergüenza, ni nada por tener dificultades para hacer trámites sencillos y estresarme. Me pareció muy bien. Me parecí muy bien.

Así he seguido hasta el momento... no sé si dure mucho, ¡pero tampoco importa! Cuando haga falta, algo volverá a recordarme que tengo permiso de ser yo, exactamente como soy.

Silvia Parque

2 comentarios:

  1. Claro que sí. Sé tú misma. Ten en cuenta que tienes al lado una niña que se está fijando y aprendiendo mucho más de lo que parece. A ver si tratando de de imitar a su madre va a parecerse a otra. Lo de que hablas con Dios y te contesta quizá sea muy pronto para que lo entienda, pero dale tiempo.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con esos términos, no se me va a olvidar, Macondo: ¡no quiero que mi hija se parezca a otra! :D ;D
      Muchos besos :)

      Eliminar