martes, 12 de abril de 2016

Adiós, Edén

Mi bebé creció, y ahora muchas veces se ve como una pequeña niña. Eso nos trae momentos deliciosos, pero también complica nuestra relación. Ahora, no solamente debo impedir que se alimente de shampoo y jabón; también debo hacer que haga lo que le pido.

Al principio, todo era cuestión de quitar cosas de su camino o de sus manos, y sustituirlas por otras. En este momento, va siendo necesario que siga indicaciones. Me quedó claro, luego de una semana en casa de la bisabuela: le pegaba a un mueble con una puerta, intentaba sacar fotografías de un cajón del que no debían salir, y quebró una tetera y un adorno -recién comprado, por cierto-. No es que anduviera "suelta" por ahí: obviamente, yo la detenía cada vez que estaba haciendo algo que no debía hacer... excepto cuando quebró la tetera... ahí sí me distraje, la verdad (lo del adorno fue un poco culpa de la bisabuela, porque ella la estaba cuidando).

Nuestra mayor complicación está en el cambio de ropa y de pañal: sobre todo, el de pañal. No he conseguido que se quede quieta, y mucho menos que coopere. Su papá lo maneja mucho mejor; primero: porque tiene maña para sujetarla (a mí se me escabulle y me da miedo lastimarla); luego: porque se comunica con ella como para hacer un documental sobre su relación (tenemos una canción tranquilizadora para el cambio de pañal: a mí dejó de funcionarme, con él sigue haciendo efecto); y sobre todo: no pierde la calma, asume que tiene el control y la niña lo percibe.

Como decía, mi pequeña bebé y yo vivíamos en el jardín del Edén; ahora entramos en el mundo.

Silvia Parque

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