miércoles, 6 de agosto de 2014

"Cómo convertir un dragón en mosca", por A.

Cuando mi amiga A. publique su libro "Cómo convertir un dragón en mosca", va a estar en la lista de "los más vendidos". Van a entrevistarla en "¿Qué tal, Fernanda?", y para la segunda edición, cuando se traduzca al inglés, va a empezar a cobrar por conferencia. Entonces, colgada de su fama, voy a escribir la precuela: "Cómo convertimos en dragón a una cualquiera". El título será puro gancho; enseguida voy a disculparme por lo que sugiera la frase "una cualquiera"; voy a explicar que no se trata de ofender a nadie: que es nada más una broma que nos gasta el lenguaje al sintetizar la idea de "una mujer igual de humana que tú, que es cualquier persona, y no rostiza a nadie". ¡Vaya! Me incomoda incluso usar la frase en esta entrada, pero es que el título suena bien...

La idea original es que damos importancia a personas cuya presencia no querríamos en nuestra vida, o al menos, cuyo comportamiento tiene un efecto que no querríamos en nuestra vida; pero al darles importancia, las mantenemos presentes; a veces, esa importancia es lo único que las hace presentes. Y esa misma importancia atribuida, las hace crecer, a veces en su ego, a veces en los poderes que adquieren en nuestra imaginación. ¡Y vaya si podemos tener imaginación, cuando se trata de eso! De ahí que tenemos dragones y dragones... con lo cual pienso: podíamos sacar una serie completa a partir de una tipología: "Cómo convertir en mosca, al dragón con alitas de mariposa", "Cómo convertir en mosca, al dragón que vuela en círculos"...

Silvia Parque

2 comentarios:

  1. Es cierto. La gente tiene el poder que nosotros les damos. Un beso.

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    1. Y a veces somos bien espléndidas.
      Un beso, Susana.

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