viernes, 25 de julio de 2014

Dejar hacer

Leí en algún sitio, que en un taller mecánico se cobraba un tanto por el servicio, otro tanto si el cliente quería ver trabajar al mecánico, y todavía más si quería opinar. 

Parece que a la generalidad de los médicos les molesta que el paciente llegue con un autodiagnóstico y la petición de que la receta diga tal y tal

¿Y qué cosa mas incómoda, que ir conduciendo con un copiloto que anuncia: "ahí está el alto", "¡la curva!", "hay un cruce peatonal"?

Por mi parte, prefiero cocinar sin que estén mirando lo que pongo en el sartén: prefiero ahorrarme la cara de "¿pero qué estás haciendo?" También he atestiguado que en un trabajo, tener al jefe enseguidita, preguntando cada diez minutos, cuánto falta para que termines -como los niños chiquitos en la carretera-, no solo no ayuda, sino que estorba.

Hay que confiar y dejar a la gente hacer, o provocamos molestia y atascos en los procesos. 

Para muchas mamás es difícil confiar en que sus hijos pequeños, todavía dependientes, tienen suficiencia para resolver asuntos con otros niños; hay mamás que incluso no pueden confiar en que sus hijos crecidos harán lo correcto sin ellas detrás. No ayuda el hecho de que efectivamente, a veces los niños no consiguen resolver sus asuntos, y a veces los hijos crecidos no hacen lo correcto. Del mismo modo, los subordinados a veces pierden el tiempo, los automovilistas a veces se descuidan, etc. Pero hay que confiar de todas formas, o al menos limitar la expresión de nuestra desconfianza, o vamos a obstaculizar lo que queremos favorecer. 

Con Dios debería ser más fácil "dejar hacer", porque el creyente sabe que Él no falla. Pero la tendencia a tomar el control de lo que esté pasando, puede hacer que nos portemos como si no confiáramos en sus arreglos. A mí me cuesta detenerme cuando tengo el impulso de decir o hacer, en las cuestiones que he resuelto dejar en sus manos.

Silvia Parque

10 comentarios:

  1. Dejar hacer es más difícil cuanto más mayores se hacen los hijos. Un beso.

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    1. Pero es también más necesario.
      Un beso, Susana :)

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  2. Sí, hay que aprender a dejar hacer...

    Besos!

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  3. El problema es cuando te manejas entre los dos extremos y no soportas que nadie te diga como hacer, ni siquiera que te observen, y por el otro lado eres la típica controladora incapaz de delegar, ni de confiar en que las cosas se harán bien sin tu supervisión.

    Tengo el complejo de que siempre hablo de mí, yo, yo, yo, y he hecho el comentario en segunda persona, pero da igual jaja, yo, yo, yo...

    Con mi hija eso me crea graves conflictos morales conmigo misma, sé que debería dejarla, que la hago dependiente, que incluso sus más que probables equivocaciones necesitan para dejar de producirse que se produzcan ¿se entiende verdad? Pues ahí estoy yo, siempre encima evitando errores.

    Un ejemplo tonto, pero que sirve de muestra: Por suerte ella por carácter es independiente, es pequeña pero le permito este año irse ya con las amigas sola a la playa, eso significa coger trenes, organizar horarios etc. Hasta ahí bien, pero cuando organiza la bolsa me voy con ella al cuarto a supervisar para que no se olvide nada. El otro día me dijo que la dejara en paz de una vez, que ya sabía ella lo que tenía que hacer.........Cuando ya estaba en la calle tuve que llamarla a gritos, se olvidaba nada menos que el monedero con el dinero y la tarjeta del tren.....Evidentemente me di cuenta porque en cuanto se fue entré corriendo en su cuarto a supervisar imaginando que algo se dejaba seguro. Debería haberme quedado sentada y que aprendiera de sus meteduras de pata, pero no puedo Silvia, no puedo, no puedo, no puedo!!!!!!!!! Y supongo que ella sigue despistándose precisamente porque su subconsciente sabe que ahí estoy yo, controlando, con lo que es el pez que se muerde la cola

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    1. :D no te apures, Inma, lo más que pasará es que un día, probablemente pronto, tendrá necesidad, no de gritar que la dejes en paz, sino de irse a hacer su vida, o de hacer algo que marcará el hito a partir del cual es evidente que está haciendo su vida y que tú estás fuera del mando (con suerte: cerca, próxima, influyente, importante; pero fuera del mando). Yo creo, por tu forma de ser, que cuando se vaya o veas la evidencia de que es una mujer, no tendrás dificultad en soltarla, y quedarte al margen, disponible para cuando ella te llame o te pida lo que necesite. Entonces, viéndose por su cuenta, es muy probable que recuerde con cariño lo que le ahorraste ;D
      Yo he soltado muchas cosas. Pero conozco muy bien esa tendencia a asumir el control; trabajo con eso ahora mismo, y me resisto; avanzo, suelto, me resisto, vuelvo a empezar y me resisto menos. Creo que el pez puede dejar de morderse la cola ;)

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    2. Yo, aunque quisiera no sabría ser controladora! Soy un desastre... Jajaja sabéis qué hice un día, por ejemplo? Salíamos mi hijo y yo de casa para ir al cole y ni él ni yo nos dimos cuenta de que no llevaba la mochila. Al llegar y ver que no la llevaba, casi le da un ataque. Pasó el día entero sin mochila, y mis padres aún no me lo han perdonado jajaja. Pero tanto el niño como yo, estuvimos de acuerdo en que era responsabilidad suya y, por tanto, su culpa. Ya no se la ha olvidado nunca más.

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    3. El mejor de los remedios para aprender cualquier cosa: cargar con la consecuencia :) Tú debes traer integrado en automático ese truco de "¿esto va a importar en cinco años, en diez años, en veinte...?" :D ¡¡Ah!! Pero como los hijos parecemos hechos para zarandear la vida de nuestros papás, ¿qué tal que él te sale controlador de los suyos, y tú tienes que morderte la lengua para dejar que los traiga "atados bien cortos"? ;D

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  4. He hecho un comentario tan largo, para que luego me diga "Vaya, esto es un error" que no sé si tendré ánimos de volver a escribirlo

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