martes, 10 de junio de 2014

No todo tiene la misma importancia, ni algo tiene la misma importancia para todos

Con la edad, después de preocupaciones, dramas y alguna tragedia, la importancia de las cosas se resitúa. A cada cual, se le resitúan a su manera. En mi experiencia, lo que ocurrió es que fui dejando de querer comerme el mundo, y valoré más el bienestar cotidiano. Me quedó claro que si quiero algo, mejor ir por ello de inmediato. Y es que yo era una de esas personas con una libretita muy linda que usaría para escribir algo muy especial con una pluma elegante, cuando estuviera bien vestida y me sintiera en paz. Pero aprendí que no tengo tiempo para esperar a que "todo esté bien".  Y cada vez confirmo que cuando hago como sea, y disfruto lo que haya, todo se acomoda para bien.

En la escala de valores de cada cual, con los parámetros de cada cual, hay cosas "muy importantes", "importantes-a-secas", "poco importantes" y "nada importantes". Si se le da a todo la misma importancia, no hay energía que le alcance a un ser humano común. Puedo darle a mi trabajo toda mi concentración y todo mi esfuerzo, en un horario determinado; pero no le doy tiempo extra porque mi prioridad es mi familia. Si tengo que desvelarme en lunes porque el fin de semana no corregí un texto, me desvelo con gusto; pero no le digo "no" a la demanda de tiempo extra que haga mi familia. Una vez echada a andar la política, se hacen hábitos y va siendo automático dar prioridad a lo que tiene mayor importancia según la escala que ha construido una misma -no porque nadie lo haya indicado-.

Cuando ha estado en riesgo o se ha llegado a perder lo valorado, suele surgir la disposición a cuidarlo. A menudo es más complicado situar la importancia de lo que no tiene tanta importancia. Por ejemplo: ¿qué es mejor hacer en el precioso tiempo entre el despertar y el salir de casa, cada mañana? Se me ocurre, al menos: hacer ejercicio, meditar, implementar ritual de belleza, organizar el día, hacer oración, arreglar la cocina, regar las plantas... A mi alrededor hay personas que desayunan, y a mí eso no se me habría ocurrido. Salgo de mi casa a las 6:35 hrs; si tengo hambre en ese momento es señal de que mi dieta está muy desorganizada. Pero para otras personas desayunar en su casa sostiene el vigor que necesitan durante la mañana -también desayuno, pero más tarde, en la oficina-.

El caso es que encontrar cuánta importancia tiene cada cosa, quedarnos con lo que la tiene, y dejar pasar rápido lo que no la tiene o tiene poca, hace la vida más fácil y ligera. Que dejen de molestar las pequeñeces que no salieron bien, da energía para invertir en hacer que resulte lo importante. Supongo que tiene más que ver con madurez emocional que con la edad; en definitiva no es algo automático respecto a cumplir años, pero creo que está muy vinculado a la experiencia de pérdida y la conciencia de muerte, que requieren experiencia de vida.

Silvia Parque

6 comentarios:

  1. Lo que es importante además, y tú lo tocas también, es no dar por sentado que hay una manera o un orden determinado de hacer las cosas, sino adaptarlo a nuestra vida, modo y necesidades.
    Yo por las mañanas podría madrugar menos, pero me interesa perder un ratito de sueño y dejar la cama hecha y los platos fregados, me da paz saber que cuando regreso no tengo faenas pendientes, por lo que me compensa, a otras personas sin embargo no.
    Me ducho por las mañanas, pero cuando trabajaba de 6 a 2, lo hacía por las noches. Es un ejemplo, al final hay que hacer lo que hay que hacer, pero todo se puede acomodar a nuestro gusto.
    Besitos

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    1. ¡Claro! Luego resulta difícil entender que algo que es prioritario para una, tiene muy poca o ninguna importancia para otra persona. O bien, que lo que aprendimos que "debía ser", era lo que importaba en nuestra familia de origen o nuestra comunidad, pero no tiene-que ser lo que nos importe a nosotras.
      También es importante la cuestión de la flexibilidad. Incluso con lo que más importancia tiene, si no hay un margen que permita que si no sale de una manera, salga de otra manera, se pone una tensa y muy pesada con los demás... creo.
      ¡Besos, Inma!

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  2. Muy buena entrada. Yo noto que he evolucionado mucho en este tema de las prioridades. Es uno de esos aspectos en los que te das cuenta de que has madurado y cambiado ( en otras muchas cosas me siento siempre igual). Mis prioridades de hoy no tienen nada que ver con las de hace 12 años. Me identifico contigo en tu ordenación familia-trabajo. Pero nada que ver en tus mañanas!. Yo tan temprano solo estoy para dormir, y si eso no es posible hago lo mínimo para cumplir con mi obligación, no estoy para nada más.
    Un beso

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    1. ¡Gracias! Yo es de las pocas cosas en las que evolucioné, pero cambia la vida, y muy rápido. Mis prioridades no tienen nada que ver con las de hace 2 años ;D :D
      No vayas a creer que hago todo lo que enlisté como "opciones para hacer" en las mañanas, ¡ganas tengo! Las últimas semanas más bien suena el despertador, me doy otros cinco minutos, otros diez minutos, y así hasta el límite de cuando ya tengo que levantarme para alcanzar a tomar el autobús :D
      ¡Un beso, Matt!

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  3. ¡Perfectamente explicado! Sí, a medida que vas cumpliendo años vas poniendo la importancia de las cosas en valores mucho más realistas y prácticos.
    Me ha encantado tu descripción de tu persona esperandoa que "todo esté bien"
    Me recuerda a alguien conocido :P
    Besazo

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    1. Realismo y practicidad, eso es. Yo he sido una persona de lo menos práctica, y ahora entiendo que necesito practicidad para pasarla bien, y valoro mucho pasarla bien porque así consigo "estar bien" ;D
      ¿Tú también eras de las del momento ideal dibujado en la mente? ;D Mejor hacernos un buen momento del que se esté viviendo, ¿no? :D Tú parece que lo aprendiste y asimilaste super bien, Dolega :)
      ¡Beso, Dolega!

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