miércoles, 30 de octubre de 2013

La tortuguita estaba dormida

La tortuguita estaba dormida. La tomé con las dos manos, me la acerqué, le dije cosas bonitas. No pude resistirme a darle un beso en el caparazón, apenas un roce, casi nada; un contacto atravesado por tal corriente de amor no podría hacerme daño. Tardó en despertar y movió sus patas con energía. La eché al agua.

Silvia Parque

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