martes, 11 de septiembre de 2012

Plan de huida

Cuando era adolescente, tenía un plan infantil que me hacía sentir bien: si me hartaba de vivir en mi casa, tomaría mi collar de perlas, un cambio de ropa, y me plantaría en casa del que ahora es mi marido -básicamente, a ser un problema para él-.

Cuando crecí, a menudo tenía miedo de no hacer bien lo que me comprometía a hacer, y entonces, me gustaba pensar que, eventualmente, podría simplemente dejar todo, mudarme de estado, y empezar otra vida.

Ahora, a veces se me juntan los "pendientes", y me pregunto cómo haré para que todo quepa en el tiempo en el que tendría que estar listo. La pregunta estorba, así que me deshago de ella lo más pronto posible, doy a los "pendientes" el tiempo que puedo darles, y asumo los retrasos y las pérdidas. Pero antes de esta parte racional de "hacer lo que es posible hacer", fantaseo unos minutos con que, si todo saliera mal, podría poner a mi marido a cargo de mí, y mudarme con él a otra ciudad, a empezar otra vida.

Silvia Parque

4 comentarios:

  1. Debes hablar del "complejo de extranjería" : ) solía pasarme también algo similar, pero como que me he hecho más "adulta" y, por supuesto, esa fantasía no muere del todo, si acaso, cambia de color o de forma.

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    1. No, yo no me siento extranjera ni ajena -alguna vez me he sentido así, claro-; yo, digamos, quisiera quedarme, pero me alivia pensar que si echo a perder lo que esté haciendo o el modo de vida que me haya construido, puedo salir corriendo :)

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  2. Yo también pensaba eso de pequeña, pero no tenía con quién irme así que me quedé. Ahora me alegro de haberlo hecho. Un beso.

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    1. Claro, hay cosas de la fantasía que está muy bien que se queden en la fantasía :)
      un beso

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