lunes, 27 de agosto de 2012

La disciplina adulta

La disciplina no debería ser un peso, al contrario. Se disciplina al niño para abrirle las puertas de la libertad; claro que tiene algo de doloroso sujetarse -y la disciplina sujeta-, pero los adultos ofrecen al niño, a cambio de su pequeño dolor, apoyo incondicional y variedad de recompensas; además, en los primeros años, nada más la sujeción puede dar seguridad. Así es como la persona aprende a respetar límites, y a seguir un orden. Cuando crece, si también aprendió disciplina mental, la persona está en condiciones de replantear lo que aprendió, de cuestionar sus sujeciones, y entonces llega el gran paso adolescente, en el que se dejan los límites impuestos y se construyen los propios, ya con la marca indeleble de la cultura.

En la edad adulta, la disciplina es una elección o una gran pena -patética-; si es una elección, el dolor de volver al buen camino (por ejemplo, de los hábitos de estudio o de la organización financiera), dura poco y tiene recompensas inmediatas, porque de inmediato una se siente más dueña de sí, y entonces, más libre.

Silvia Parque

4 comentarios:

  1. Me recuerda algo que oí el otro día. El niño está sometido a la autoridad de sus padres, pero eso no le coharta, sino que le ayuda a crecer libre. Hasta que llega un momento en que eres capaz de marcarte tus propias reglas. Un beso.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, pero es tan difícil imponer esa disciplina y hacerlo bien...

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    Respuestas
    1. Sí, pero es más difícil tratar de traer al orden a un adolescente sin límites, que fijar límites a un niño :) Bien-bien-super-bien nunca va a salir, pero creo que la intención de hacerlo y el esfuerzo constante, rinden sus frutos (hay quienes dejan que la tele críe, que el mundo sea el que pone los límites...)
      Saludos, Inmagina, me encanta contar con tu comentario :D

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