martes, 24 de julio de 2012

Que descansen

Explorando el campus universitario, entré al edificio de la biblioteca. En el espacio de la entrada, equivalente al recibidor de una casa -sé que tiene un nombre...-, vi a un joven durmiendo profundamente. No se veía "echando una siesta", el cuerpo parecía pesado como el de quien cae exhausto, la expresión del rostro era de verdadero encuentro con la inconsciencia.

En mi primer semestre en la universidad -como estudiante-, dormía un rato en lo que empezaba la primera clase; con los días, varias compañeras fueron uniéndose al sueño: nos acomodábamos sobre el escritorio, en el piso, extendiendo el cuerpo en dos bancas, etc. Entrábamos a las siete de la mañana, y como corresponde a la vida universitaria, estábamos normalmente desveladas.

Puede parecer casi lo mismo que vi, pero era diferente. Aunque desconozco el caso del bello durmiente de hoy, sé que forma parte de una población de estudiantes en la que muchos trabajan por necesidad, incluso tiempo completo. Nosotras, no.

Silvia Parque

1 comentario:

  1. Me temo que en España si se duermen es porque vienen de pasar la noche de juerga, así que no tienen excusa. Un beso.

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