A mí me cuesta guardar silencio cuando se trata de afectos profudos. Pero muchas veces, no tiene sentido decir todo lo que una piensa o siente, o todo lo que una sabe, y creo que casi nunca resulta bien hacer cosas que no tienen sentido. En esos casos, lidio con la necesidad de exponer lo que mi alma grita; no de expresarlo
de algún modo, sino de hacérselo saber a alguien en particular. A medida que paso más "días ordinarios en paz", menos difícil me resulta ejercer autodominio sobre mis palabras. Pero "menos difícil" está lejos de "más fácil".
Silvia Parque
Saber hasta dónde puedes hablar y cuándo callarte es complicado. Un beso.
ResponderEliminarSí que puede serlo. A mí no se me complica desde hace unos meses; sé bien cuándo hablar y cuándo callar: ¡lo que se me complica es hacerlo!
EliminarUn beso, Susana :)
Ah..., esos "días ordinarios en paz"... Con el paso del tiempo cada vez me parecen más extraordinarios.
ResponderEliminar:) es bueno hacerlos: son buenos para la salud ;)
Eliminar