Perdí el autobús para ir a mi clase de teatro. De cinco a siete minutos después debía pasar el siguiente de la misma ruta, pero no pasó. Esperar al que llegó después me permitió atestiguar un fenómeno paranormal. Todos los pasajeros iban cuidadosamente peinados, de hecho con peinados
elaborados. En realidad, todos menos uno, que llevaba el cabello muy corto; pero lejos de desentonar, este pasajero era una variante más en la exhibición de estilos.
Silvia Parque
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