Los caminos siempre conducen a un buen lugar si una es suficientemente ligera. Es común cargar tensión, resistencias,
malas vibras que vinculan con lastres -lo digo por mí pero también lo veo en los otros-. Que se vaya acabando el año es de los mejores pretextos para revisar
de qué son los kilos que el alma va pesando. Si una permite que Dios haga lo suyo, queda claro qué pensamientos, afectos o hábitos hay que enviar a la papelera de reciclaje, no por disciplina ni como sacrificio, sino nomás para estar bien.
Silvia Parque
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