Hace un minuto, una pareja peleaba afuera de mí casa: él juraba por su vida, ella pidió un taxi. Se oye todo. Cada día, la vecina grita a sus hijos -creo que vive muy enojada; entiendo que también debe escucharnos-. La casa, además, tiene sus ruidos
propios, los amplificados y los misteriosos. Debe estar guardando nuestros regaños y regocijos, como ha venido haciendo por décadas -aquí nacio mi casera, aquí parió a su hijo mayor-.
Silvia Parque
No hay comentarios:
Publicar un comentario