miércoles, 15 de marzo de 2017

Efecto de la queja

Estaba aquí frente a la computadora, quejándome del Internet, luego de haberme quejado, a lo largo del día, al menos con otras seis personas. ¡Y zaz! Tuve conexión. Cada página se abrió con rapidez.

Ya me había pasado antes. Ya no dudo de que la queja funciona. Ahora tengo que descubrir los detalles para poder reproducir el fenómeno: tal vez tengo que quejarme de algún modo específico; tal vez hay una cantidad determinada de personas que debe oír la queja.

Lamentablemente, seguí hablando: "Abre todas las páginas. Está rápido. Funciona muy bien". Llegué a la Bitácora de Macondo, escribí un comentario y se acabó la gracia. Se me avisó que no se habían enviado datos. ¡Vaya, que mi Internet y La carabina de Ambrosio!

Si esto funciona como queja, espero seguir navegando otro rato.

Silvia Parque

domingo, 12 de marzo de 2017

Dependencia

El papá de B olvidó su teléfono celular ayer por la noche. También olvidó una hoja escrita que B me mostró hoy por la mañana; pensé que me la estaba entregando, pero cuando la recogí le dio mucho sentimiento.

El caso es que olvidó el teléfono, por lo que no hay modo de llamarle. Usualmente, le marco cuando B lo menciona varias veces; ya puedo ponerla directamente al teléfono desde el principio para que la conversación sea entre ellos dos. También le llamo para pedirle que traiga una cosa u otra, para ponernos de acuerdo sobre el momento en que vendrá o para avisarle que ha pasado cualquier cosa. Benditos planes de llamadas ilimitadas (él no tiene uno).

Es raro el día en que le marco una sola vez y muy raro el día en que no le marco. Tener su teléfono aquí me hace sentir desprotegida. En realidad, estamos a tal distancia que si tuviera una urgencia, no puedo confiar en que aparezca rápidamente. Por otro lado, no hay motivo para pensar en ninguna una urgencia. Es una cuestión nada más emocional.

Silvia Parque

viernes, 10 de marzo de 2017

B en medio del día complicado

Tuve un día complicado y me molesta cómo B paga los platos rotos. Hice lo que pude por compensar las "afectaciones", pero no fuimos a la Ludoteca, no salimos ni un momentito al jardín, tuvo que estar demasiado tiempo en el "Club de amigos" y hasta terminó usando unos pantalones que le quedan grandes y se le caen. A pesar de lo cansada que me encontraba apenas a la mitad del día, su encanto fue un aliciente. Tiene una actitud que hace de lo más agradable compartir con ella la vida.

Deberíamos tener muy en cuenta la posición tan vulnerable en la que están los niños, sobre todo cuando parece que "se ponen difíciles". Nosotros nos hemos metido en nuestros líos, pero ellos sin deberla ni temerla han resultado ahi en medio.

Silvia Parque

jueves, 9 de marzo de 2017

Fuera de temporada

Las personas suelen decir que cada cual tiene derecho a lo que le dé la gana mientras no haga daño a los demás, pero piensan o sienten que los otros "no deberían" hacer tal o cual cosa. Cuando tienen oportunidad de expresar su opinión más o menos al aire, como a menudo sucede en las redes sociales, sueltan cosas como por ejemplo, que "los gordos no deberían usar ropa entallada" o las mujeres mayores "no deberían pintarse el cabello de azul". Depende de cómo se comente, esto puede ser realmente agresivo. Todo esto lo refiero para declarar que a mí, de verdad, en la mayor parte de estos casos, me parece normalísimo que la gente tenga un aspecto u otro, que se mueva así o asá y que viva parada de cabeza si le viene bien. Será porque en muchos sentidos he sido rara. No necesito "tolerar"; acepto sin cuidado ni miras.

Dicho lo anterior, declaro también que hay algo en lo que me sumo a esta forma de ser de "todo el mundo". Debe haber más cosas, pero esto lo tengo fresco porque en los alrededores de mi nuevo hogar he tenido ocasión de topármelo cada día. No tendría por qué importarme, pero le presto tanta atención que estoy escribiendo esta entrada al respecto. Me parece fuera de lugar, le pongo tache doble y me hace sentir el impulso de ir a arreglarlo yo misma donde lo veo.- Son los adornos fuera de temporada. Adornos de navidad en marzo, adornos de día de muertos en febrero, adornos de las fiestas patronales casi un año después de que se celebraron.

Entre todos, los que más me molestan son los adornos navideños. Que yo entiendo que da flojera quitarlos, pero ¿cómo soportan vivir con ellos? Se ven arruinados, cubiertos de polvo, desteñidos. ¿Por qué imponerlos a la vista del transeúnte que está pensando en el día que es, del mes que es? Ya sé que como en los casos de las mujeres que amamantamos donde queremos: a quien no le guste, que mire para otro lado. Pero aquí entre nos: ¿no pensaron que si no iban a poder quitar esos moños de lo alto del pino, mejor no ponerlos? ¿No pueden pagarle a alguien para que lo haga? ¡¿No tienen hijos a los que puedan obligar a hacerlo?! Yo podría ayudar.

Silvia Parque

miércoles, 8 de marzo de 2017

Quieran, valoren, agradezcan su servicio de Internet

Estoy feliz en mi nuevo hogar. Superado el periodo de adaptación de B a un entorno diferente y habiendo asimilado -ambas- que su papá no pude venir todos los días, solo un "pero" le pongo a la temporada.

El Internet es una lata. 

No siempre, pero muchas veces. Hay momentos en los que funciona de lo mejor y casi me felicito por el ahorro relativo que supone usar el Internet del teléfono. Hay días bastante malos, en los que no consigo estar un buen rato conectada con normalidad. Hoy he preferido ir a rentar una máquina para poder trabajar. 

Creí que solucionaría el asunto pagando por más megas, pero no; de hecho, creo que ha empeorado... O será que pasada la satisfacción de saber que podía conectarme, "quiero más". Y no es que esté deseando oír mis recetas, aunque incluso B las pide; tampoco pretendo practicar mi inglés en Duolingo, aunque me gustaría; solo quiero poder trabajar en cuanto decido que es momento de empezar, poder consultar mis correos electrónicos un par de veces al día, pasear un poquito por la blogósfera y publicar aquí.

Ustedes que tienen conexión normal y velocidad apropiada para vivir en el siglo XXI: aprovechen.

Silvia Parque

jueves, 2 de marzo de 2017

Carta a mi hija sobre lo que es mi problema y su portarse bien

Querida B:

Cuando me enojo, cuando pierdo la paciencia, cuando me fastidio: siempre es mi problema. Siempre es mi falta de recursos para gestionar la situación de mejor manera. No importa lo que hagas, no tienes la culpa de mis reacciones, y en nuestra relación, soy yo la responsable del "ambiente" entre las dos, al menos de aquí a que dejes de ser una niña.

¡Todavía hay tanto en ti de bebé! Me estremezco de pensar en lo rápido que creces y, sin embargo, me he pasado los últimos días pidiéndote que entiendas, que te adaptes, que me pongas las cosas fáciles. Una tontería de mi parte; pero así somos los adultos: nos ponemos tontos de vez en cuando y a veces en lo más importante. Tú, ni caso: es mi problema.

Tú siempre te portas bien. Papá y yo evitamos esa frase para sacarte del mundo de "portarse bien / portarse mal", pero lo oyes de otras personas bienintencionadas. No te confundas. El "portarse bien" en nuestra familia, si cabe, se trata de ser una misma; hay otras cosas en relación con el mundo y con los demás, pero son para mayores. Al año con diez meses, está bien si sientes una incontenible necesidad de tocar lo que digo que no toques; está bien si no quieres comer lo que preparé y serví; está bien si no quieres seguir las instrucciones del juego; está bien si no quieres responder lo que te preguntan. Como eres mi hija, te toca hacerme caso; es necesario; pero está bien si no lo haces: también eso es mi problema. Porque hay cosas que no convienen, cosas que hacen daño, cosas que simplemente no se hacen porque así se ha puesto de acuerdo la gente; pero no tiene que gustarte y está bien que te portes como corresponde a lo que sientes. Ya veremos qué hacer con eso.  

Te encomiendo a Dios cada mañana y cada noche, y confío en que él suple mis -nuestros- fallos, faltas e inconsistencias. Lo convierto en Su problema, ¿como ves? Yo te amo y hago lo que puedo. Estoy dispuesta a pagar por tus sesiones de análisis, como hizo mi mamá. Te apoyaré incondicionalmente toda mi vida, como sigue haciendo ella conmigo; siempre. 

Silvia Parque