sábado, 31 de diciembre de 2016

Mi carácter de mierda

Guardé este "Elogio del temperamento", de Roy Galán, hasta un momento en que me sintiera particularmente tranquila, de modo que lo que compartiera no fuera catártico -al menos, en lo inmediato-. Lo leí en Facebook porque Telma lo comentó o le dio "me gusta" y apareció en mi muro (ahí está el enlace para leerlo completo). Había comentarios aduciendo algo así como que: si vamos a permitirnos explotar cuando nos nace, a ver cómo vamos a relacionarnos; tipo "si no te gusta que te griten, tampoco grites" y efectivamente, gritar no conviene para entendernos.

Pero según yo, el texto no es una apología de la desconsideración sino una defensa de la necesidad de existir al modo humano, con lo espinoso que eso resulta. Apunta a que en las relaciones más importantes, las íntimas, no se trata siempre de entender una cuestión objetiva sino de comprender y aceptar a la persona. Sobre todo, apunta al permiso que puede concederse a sí misma la mujer, de hacer lo que está mal visto y de la posibilidad de ser acompañada por alguien que ama lo que una es: todo lo que una es.

Cito la parte del escrito en que empecé a sentir que me estaba hablando:

    Y gritas, claro que gritas.
    ¿Cómo no vas a gritar si te están jodiendo viva?
    Contrólate, te dicen.
    Tu padre putero, dices tú.
    ¿Por qué me tengo que controlar?
    Si el temperamento puede ser igual de válido que la mansedumbre.

Y es que a las mujeres suele ocurrirnos que nuestro "control de emociones" está al servicio de mantener un estado de cosas que nos jode -así, con esa palabra-. Calladita te ves más bonita.

Sobre el grito, últimamente me resulta evidente que si estás en determinada posición -como la de ser la mujer en una relación-, la palabra no se escucha hasta que lleva tono agresivo y/o volumen alto. ¿Y cuál es el caso de seguir hablando si una no es escuchada? Pues que una se aferra a sobrevivir. Que cuando el otro usa recursos (de cualquier tipo: tiempo, energía, dinero... ) que son de una, la intuición de despojo prepara el grito para cuando haya oportunidad. En términos anecdóticos: me cuenta una amiga que luego de armar la de diosescristo en su casa, su marido se porta con decencia. Así, el grito sirve para aguantar un rato más. Pero hay otro grito, uno gutural en el que se parte una a la mitad, que puede mover la identidad y hacer que las cosas cambien, a favor... a favor de la que grita, obviamente. Luego de esa especie de parto, el grito se convierte en aliado... un grito como el de las artes marciales, que acompaña el golpe. Y que a muchos no les va a gustar.

    Que no te hagan sentir culpable por tu carácter.
    No es un carácter de mierda.
    Es perfecto porque sigues con vida.
    Los muertos no pueden enfurecerse ya.
    Y tú todavía eres libre.
    Para ser iracunda.
    Y para llorar como una niña.
    Para la vorágine.
    Y para derrumbarte en la ternura.
    Eres tan bonita.
    Tanto.
   
Esta otra parte la sentí en el estómago porque una de las frases que más escuché a partir de que se descompuso mi relación de pareja, fue: "tu carácter de mierda". Es importante escuchar algo así de la persona a quien  has puesto en posición de definir tu realidad. Yo intenté no tener un carácter de mierda, pero como mis intentos fracasaron, me moví en otra dirección; algo tipo: tengo un carácter de mierda, pero también tengo esto y esto otro que es genial. No se cerró el trato. Gracias a Dios pude estar lista para ver que ese carácter de mierda era yo (al menos, yo estaba ahí). Que en mi peor momento, fue gritar, manotear, arrojar cosas y de hecho, volverme loca, lo que me mantuvo viva y me trajo aquí, a donde estoy a gusto. No digo que estuviera bien; pero es lo que pudo hacer el único carácter a mi servicio. Así que dejé de esforzarme por agradar o cumplir expectativas. Me dejé ser y me gustó.

Qué cutre si tienes que portarte bien para que te quieran.

Qué maravilla cuando te quieren hasta el amor. Cuando la otra persona piensa "Eres tan bonita" mientras estallas, mientras te derrumbas. Y se queda a estar ahí.

Silvia Parque

miércoles, 28 de diciembre de 2016

B y el chocolate

Hoy he comido mucho más chocolate del que debería. Fueron regalos de Navidad. B, aprovechando un descuido, tomó cuatro pequeños y se los zampó en unos 40 segundos. Ha tenido suficiente de aquí a su cumpleaños, en abril. Si sigue por ese camino, terminará como yo.

Por la tarde, estábamos en la cama con un libro; yo salí de la habitación para ir por un pedacito de chocolate y regresé masticando lo último que quedaba en mi boca. En cuanto entré en la recámara, dijo: "chocolate".

Silvia Parque

martes, 27 de diciembre de 2016

Mi bebé de brazos

He tenido que aceptar que B es una niñita. Conversa, ha iniciado el juego de roles y cada vez quiere menos teta. Hay ropa con la que se ve realmente como una niña. 

Sus fotos de hace un año parecen de hace tantísimo.

No quiero detener el tiempo, pero ¿por qué tiene que pasar tan rápido?

Silvia Parque

lunes, 26 de diciembre de 2016

Limpia de fin de año

Esta semana haré "limpia"; no limpieza, sino "limpia". Regalaré o tiraré las cosas que no he usado y que han estado por ahí por si se ocupaban alguna vez en un universo paralelo que se abriera ante nosotras. Amo despejar en lo material porque siento que me despeja la vida. También es un ejercicio que me pone en acción respecto a materiales que tengo ahí para algo que quiero hacer, pero no he hecho; los pongo en un lugar visible y les doy una última oportunidad.

Silvia Parque

domingo, 25 de diciembre de 2016

¡FELIZ NAVIDAD!

Feliz Navidad a todas las personas que pasan por aquí; en especial a los lectores habituales que comentan, por aquí o por Facebook: ustedes son parte de lo muy bueno de mi vida -pero MUY bueno, de verdad-: les aprecio y les quiero, están en mis oraciones, no con una mención genérica como cuando alguien quiere la paz mundial, sino bendiciéndoles específicamente, imaginándoles a ustedes y a sus familias. El cariño que me dan y que han extendido hacia mi niña, me ha cubierto, me ha nutrido y es parte de lo que arma estas fiestas en el corazón. Que hoy estén muy bien.

Silvia Parque

sábado, 24 de diciembre de 2016

Día feliz de la Nochebuena

Me he levantado temprano para ordenar, limpiar, acomodar. Trabajaré un rato y luego estaremos de fiesta todo el día. Según los planes, B irá con su papá a comer con las primas de él; entretanto, yo envolveré regalos. ¡Estoy tan emocionada con los regalos! Han venido desde el rancho grande, del corazón de las tías abuelas de mi niña; ellas, mi mamá y mi abuela nos han invitado la cena. Somos increíblemente afortunadas. Empezaremos con helado, probablemente mientras el papá de B cocina. Cenaremos lasagna y ensalada toscana. Luego, pastel de zanahoria cubierto de betún. Habrá que dejarle una rebanada a Santa.

El soundtrack del día tendrá como elemento principal al burrito sabanero y a Antón (supongo que Antón es nombre de persona). Íbamos a quebrar una piñatita que ha estado esperando el día de fiesta, pero mejor lo dejamos para mañana, para darle espacio suficiente a cada cosa. Queremos poder sentarnos a ver un libro de fotografías de Navidad y por supuesto, a las doce hay que acostar al niño.

Silvia Parque

jueves, 22 de diciembre de 2016

B y C en el parque de los parques

¿Recuerdan que B no es Emily?

Una amiga nos invitó al parque. Ella, su niña, B y yo, iríamos a un parque grande muy bonito que queda más o menos cerca de nuestra casa, pero al que solo hemos ido dos veces porque sin coche es una lata. ¡Un lujo! Sin embargo, mi amiga se puso guapa y a la hora de la hora, fuimos al parque de los parques de la ciudad: un lujazo.

Podría extenderme en cómo B disfrutó lo que disfrutó y cómo experimentamos lo que no disfrutó; pero lo que quiero asentar es la enorme diferencia entre las niñas. Mi amiga puede caminar mientras su hijita, a la que llamaré C*, camina a su lado, hacia donde ella le conduce; C acepta andar el camino simplemente yendo hacia un lugar. B se detiene, explora, quiere ir tras lo que le llama la atención; hay que llegar hacia el borde, probar esa esquina, ver lo de más allá. Mi amiga puede concebir que yo me detenga a tomarles una foto porque ella podría detenerse a tomarnos una, con C por ahí sin alejarse. La supervisión que B requiere en un espacio abierto implica mi completa atención todo el tiempo. C está conforme mientras su mamá ve atracciones para mayores. Para B, la idea de ir al parque es subir, bajar, correr, trepar y todo lo que sea moverse, tocar o cualquier manifestación contraria a estarse quieta.

Para mayor información, la hemos pasado fenomenal. Lo último que dijo B antes de quedarse dormida fue: parque, árbol, lago, pato.

* C tiene seis o siete meses más que B; se conocen desde que B acababa de nacer.

Silvia Parque

Sentir la pasión y hacer

Ayer volví  a publicar un relatito en PARA ANTES DE DORMIR. No publicaba uno desde agosto.

He pasado años dejando que ideas y palabras ronden por mi mente hasta que el posible texto desaparece, entre las cosas que hay que hacer, el entretenimiento y el cansancio. Pero últimamente, escribo; aparte del blog, quiero decir.

Me siento bien escribiendo. Es lo que nací para hacer. Volver a la práctica hizo que ayer me resultara natural levantarme por la madrugada a escribir el relatito, así que aunque estoy enfocada en textos que no son para los blogs, tal vez los blogs se vean beneficiados con mi aplicación.

Escribía mucho cuando era adolescente. Ahora he vuelto a sentir la pasión de aquella época. Eso me ha traído algo de mí misma.

Aquí: "Narices"

Silvia Parque

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Crema

Quiero declarar públicamente que tengo un problema con la crema (la crema de leche para cocinar).

El fin de semana compraba el mandado para los siguientes días y dejé el botecito de crema que ya tenía en las manos, porque uso la crema con demasiada frecuencia. Amo la pasta con crema, el pollo con crema, los chilaquiles en crema y ponerle crema a los frijoles o a lo que se deje. Es demasiado. Traje un paquete de espagueti, planeando prepararlo en salsa de tomate. Pero ayer fui por la crema. 

Silvia Parque

Día de no aniversario

Un día como hoy, hace mil años, me puse un vestido de novia y me casé. No lo tenía en mente, pero estaba viendo los recuerdos en Facebook y vi un estado del 2012 en el que compartía con el mundo el aniversario.

Lo que me resulta desagradable de no estar casada ahora es la incomodidad cuando la gente asume que seguimos siendo pareja. El fin de semana, la señora de mis tacos favoritos hacía la cuenta de lo que comimos y mencionaba cuántos tacos fueron de la niña, cuántos míos y cuántos de "mi esposo". Me siento ridícula con mis ganas de decir "no es mi esposo". Si saliera con un amigo y dijeran algo así, no les corregiría. ¿Qué más da? Pero me importa: me molesta. Contesto sobre lo que estamos hablando y digo "el señor" en donde la señora esperaría que dijera "mi esposo", pero me doy cuenta de que he quedado como si estuviera marcando distancia entre nosotras en lugar de haber señalado que el hombre no es mi esposo.

Nunca celebramos un aniversario como me hubiera gustado. No le doy demasiada importancia a una fecha; creo que cualquier momento es bueno para celebrar la vida, el amor o lo que sea, pero el primer año en que ya no hubo algo que celebrar, me di cuenta de que nunca hubo una celebración como me hubiera gustado.

Silvia Parque

martes, 20 de diciembre de 2016

B no es Emily

Hoy, B tiró dos veces el árbol de Navidad. Afortunadamente para ambas, yo había leído por la mañana:  "¿Por qué sigue haciéndolo si le he dicho que no?". Las recomendaciones de la autora, funcionan. El árbol permaneció en paz el resto del día.

Justo ayer le comentaba al papá de B que estuve recordando un experimento de mi documental favorito sobre desarrollo emocional [AQUÍ]. Vi la serie completa ("Universo del bebé" / "The baby human") varias veces cuando estaba embarazada.

Conocemos a Jack y a Emily, ambos de nueve meses, con unos tres experimentos previos. Queda claro que Jack tiene un temperamento, digamos, "intenso", y Emily uno "sosegado". Luego, viene "La planta prohibida": la criatura está con su mamá, tienen un librito y una revista, respectivamente; luego se introduce una planta que la mamá no debe dejar que el bebé toque.

A Jack "le resulta imposible controlarse", dice el narrador. Podemos ver al niño una y otra vez tratar de alcanzar la planta, mientras su mamá lo quita, le habla, le muestra el libro, y acaba por cargarle para alejarlo.

En cambio, cuando entra la planta, Emily alarga el bracito; su mamá le detiene el brazo con suavidad, diciendo "no" y eso es todo. ¡Eso es todo! La niña no vuelve a intentarlo; se dedica al librito.

Obviamente, B no es como Emily.

Silvia Parque

lunes, 19 de diciembre de 2016

¡Tacos, tacos, tacos!

La otra tarde, B salio del baño todavía más contenta de lo que entró. En la cama, huyó mientras trataba de vestirle, en un ritual que consiste en que yo la llame repetidas veces y haga como que voy tras ella, mientras decimos cosas que nos divierten. Como siempre, ella reía y gritaba de gusto, con los ojos iluminados. Cada vez es más grande, así que ahora se mueve más y los gritos tienen mayor volumen. Esa tarde empezó a subir y bajar en una especie de mezcla "saltitos-sentadillas". Y surgió el nuevo grito de júbilo: "¡tacos, tacos!" Cada vez más rápido e intenso: "¡tacos, tacos, tacos, tacos!" Aquello duró tanto rato que empecé a preocuparme un poquito. Se movía tanto, que el buen rato terminó con un arco hacia atrás y un golpe, que aunque fue en el colchón, me asustó porque fue en la cabeza. Ella se asustó con mi susto y quiso teta; pero apenas vio que se me iba pasando, comenzó, bajito: "tacos, tacos". Ahora lo dice varias veces al día. Le agrega, alternativamente: "mangos", "pizza", "tamal"; pero los tacos no faltan.

Silvia Parque

viernes, 16 de diciembre de 2016

Estoy cansada. Tanto que...

Estoy cansada. Tanto, que he tomado la imagen con la que Matt ilustra su ÚLTIMA ENTRADA.


Fui al blog del crédito en la imagen (AQUÍ) y lo disfruté. La diseñadora y yo nacimos en el mismo año; creo que estoy en su sintonía.

Silvia Parque

jueves, 15 de diciembre de 2016

Fallando

Ayer, mientras B dormía una siesta que empezó tarde -no es bueno que las siestas empiecen tarde-, me quité el top y me puse mi bata de consolación, para beber almíbar caliente en el que cocí guayabas. Empecé a escribir esta entrada que termino hoy, también mientras B duerme la siesta -que habría estado mejor más temprano-.

Ayer fue un día de buenas noticias y pequeñas complicaciones, con un crítico momento de desesperación por la tarde, en el que volví a gritar: "¡Yaaaaa! ¡Por favor, déjame trabajar! ¡Espeeeraaa!" (multiplicado por cuatro, más o menos).

B había esperado mientras yo opcionaba por la mañana, mientras me bañaba, mientras hacía la comida, mientras tenia una entrevista inesperada, mientras daba clase, y ahora debía esperar mientras yo hacía que mi teléfono emergente leyera mi chip y lograba opcionar de nuevo. Se quejó, se retorció y gritó.

En cuanto me desocupé, la cargué, le di teta y se quedó dormida. Sé que tenía sueño desde rato antes, pero también sé que estaba descargándose del estrés por el mal rato y eso me da mucha pena. Es horrible gritar a tu hija de un año siete meses, sobre todo cuando su demanda es "hazme caso, quiero estar contigo".

Me queda claro que en realidad, por ejemplo, apenas me buscó mientras hacía la comida; su papá estaba ahí, acababan de regresar del parque y disfrutaban la novedad del chicozapote: B se llenó cara, ropa y manos y le dio gusto verse en el espejo convertida en hija postiza de Cepillín. La ida al parque fue mientras yo hablaba con mi afortunada visita inesperada, así que ella tampoco sufría en el momento de mi entrevista. No es una niña metida en un corralito durante horas, ni colocada frente a un televisor para estarse quieta; no se le deja de lado. Pero su demanda se cruza con mi deseo y me produce un poco de frustración y un dejo de culpa; si pudiera, trabajaría solo en las horas en que a ella le viniera bien.

Eso, respecto a no darle mi atención en todo momento.- Es lo que hay, no pasa algo grave.

Otra cosa es gritarle. Nada justifica que le grite, así que me disculpo con ella y se lo explico: que no se lo merece, que me porté mal y lo lamento; que le pediré a Dios que me ayude para no volverlo a hacer... Cuando vuelve su papá, le digo delante de ella que tenemos que contarle que hoy mamá se desesperó y gritó y eso está muy mal. Me doy cuenta de que evito decir que "le grité"... como si hubiera gritado al aire. Espero que Dios sane su corazón, porque a mi me queda claro que aunque se levante pensando en otra cosa y se muestre la mar de contenta, ahí está ya la impresión que causé... otra vez.

Mi caso es ilustrativo de cómo gritamos -o pegan, los que pegan- porque podemos y por incapaces. Aunque estés a punto de explotar en un trabajo, no le gritas a tu jefe; en todo caso, le gritas a tu subordinado con el que -se supone- no te pones en riesgo. Aunque conozcas la teoría sobre gestión de emociones, hace falta estar en paz para reaccionar de modo correcto. Porque se vale enojarse, se vale desesperar, pero hay un modo correcto de interactuar cuando una se enoja o se desespera; también hay un modo correcto con los hijos. Es de humanos fallar, claro.

Silvia Parque

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Otra primera Navidad

B se entusiasma con la Navidad. Es hermoso ver su cara contenta y oírle saludar al árbol. Es la primera Navidad de la que tiene conciencia. El año pasado se interesó en las luces y por supuesto, disfrutó abrir y recibir regalos; pero en este momento -un año, siete meses- está mucho más "hacia afuera", explorando el mundo, y eso hace que toda la estimulación de la temporada sea una fiesta increíble.

Silvia Parque

lunes, 12 de diciembre de 2016

Vacaciones obligadas

Me he tenido que tomar unas vacaciones obligadas desde el viernes, porque la pantalla de mi teléfono falleció y así no puedo trabajar. Ya mañana todo vuelve a la normalidad -con otro teléfono-, gracias a Dios.

Nunca pensé dedicarme a lo que estoy haciendo y menos, que pudiera gustarme. "Opciono" propiedades para una inmobiliaria. Busco anuncios en Internet, llamo al número de contacto y propongo que nosotros promovamos la venta o renta del inmueble. Supuse que podía encontrarle el gusto, pero me sorprendió que realmente me gustó mucho.

B me dice, a su modo: "casas"; yo respondo: "sí, busco casas para la inmobiliaria", y ella completa "en venta o en renta".

Silvia Parque

jueves, 8 de diciembre de 2016

Confianza para pelear con la pareja

Uno de los signos poco apreciados, pero según yo muy apreciable, de salud en una relación de pareja, es la confianza para pelear.

Ya se sabe que es diferente discutir, tener diferencias y pelear. A las peleas hay que evitarlas porque son desagradables, riesgosas e ineficientes. Afortunadamente hay muchas maneras de abordar problemas, que permiten dejar la pelea para ocasiones especiales.

Una pareja bien avenida pelea poco; sin embargo, las personas comunes peleamos y también peleamos con la pareja. En esas peleas se nota la salud de la relación, cuando:

- Nunca está en juego la permanencia de la pareja como tal. Ninguno considera la posibilidad de "terminar". De hecho, la relación está en el fondo de un hoyo cuando cualquier cosa es motivo para pensar en "terminar"; hay parejas en las que la idea de "no seguir" ronda durante años: pasé por eso y es desgastante.

- No se toca ni de lejos el punto donde la otra persona será verdaderamente lastimada. Es una especie de traición usar el conocimiento que tenemos de la vulnerabilidad del otro, para hacerle daño.

Así que si estás bien con tu pareja, no te da miedo pelear. No quieres hacerlo, pero no te da miedo: estás en confianza hasta para eso.

Silvia Parque

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Mi hija se hace un lugar

Cuando el niño aprende a decir "no", se hace un lugar.

Mi hija toma su espacio de existencia y se instala en el mundo, sin duda.

Entró en la etapa del "no" del modo más encantador que pueda imaginarse, diciendo "no"con una sonrisa, en un tono dulce, a veces casi como pregunta, a veces casi como con tiento. Creí que seguiría así y me veía gestionando sus desbordes emocionales con ternura infinita.

Luego, entró en una fase dramática. ¡Había que oí sus "AY, AY, AY"! Un niño al que estuve dando clase, creyó que su papá estaba pegándole. Nosotros que ni el gesto de levantar la mano hacemos, bien podríamos pasar por torturadores si alguien la escucha en ciertos momentos.

Ahora, el "sufro muchísimo" ha tomado toda la energía de la oposición humana creada generación tras generación. No sabía el umbral que estábamos cruzando la tarde de su primer berrinche. Pero aquí seguiremos, en el camino del amor.

Silvia Parque

martes, 6 de diciembre de 2016

Dejando el pasado atrás

B pasaba mucho tiempo en los brazos y en la teta cuando era una bebita, y era frecuente que yo, sentada con ella, divagara recordando y jugando a imaginar volver al pasado para hacer algo de diferente manera.

Hoy he caído en la cuenta de que ya casi no lo hago y de que me siento mejor sin atender tanto al pasado.

Silvia Parque

lunes, 5 de diciembre de 2016

Envidia

Creo que la envidia es el peor sentimiento; peor que el odio, incluso; miserable, mezquina, ruin; de lo mas detestable.

Afortunadamente, fui por la vida sin haber sentido envidia hasta que fui mayor. Ocurrió hace unos cinco años, en un momento de desesperación. Recuerdo el momento justo, caminando por la calle, en que llegó la sensación podrida de "ustedes no deberían tener eso que sí debería tener yo y que debería ser destruido estruendosamente porque está con ustedes que son feos por tener lo que yo no tengo". Fui consciente de que dejé instalarse esa sensación. No me dio la gana detenerla, pero tampoco la dejé crecer. Luego trabajé con eso y no recuerdo haber vuelto a sentirlo.

Hasta ayer. Ayer fui consciente de que estaba sintiendo envidia del papá de B; específicamente de su imperturbable capacidad de no fastidiarse ni un poquito cuando la niña se pone extra-remolona. Y no hay "envidia de la buena". Admirar e incluso querer lo que tiene el otro, no es envidia si no tiene el ingrediente del deseo nefasto de quitar al otro lo suyo o eventualmente, destruir eso que una no tiene. En este caso fue fácil elaborar el sentimiento porque hay amor en medio de lo que podríamos llamar "objeto de la envida"; pero qué cosa más fea.

Silvia Parque


viernes, 2 de diciembre de 2016

Los lentes

Tengo miopía y astigmatismo. No uso los lentes "por ratos" o "para leer", sino casi todo el día; me los quito para hacer arrumacos con B en la cama para que no se vayan a caer y para no tener que estar defendiéndolos de ella. 

Hace días, consiguió quitármelos y en unos segundos, les rompió una pata. Esa tarde, su papá pegó la pata y los siguientes días, la volvió a pegar y la volvió a pegar, porque la pobre pata ya no fue la misma.  

Con estos antecedentes, ayer dejé los lentes en el respaldo de la cama de B; me levanté, creo que a limpiarme la nariz, y de pronto vi a la criatura con los lentes en la mano: los lentes sin una pata. Así los llevo desde entonces, porque la patita sigue desaparecida. 

Silvia Parque

jueves, 1 de diciembre de 2016

Los calcetines

Hablando con Macondo sobre los inconvenientes de la lluvia, le contaba que ODIO que se mojen los calcetines. Podría pensarse que lo que odio es que se mojen los pies, pero es que tengo un asunto con los calcetines. Tal vez es que en mi caso, pies y calcetines van juntos. Ya sé que hasta mi niña sabe que los calcetines son para los pies; pero en mi caso, pies y calcetines deben, NECESITAN ir juntos.

Uso calcetines siempre, no importa el calor que haga: nunca me da calor en los pies. Un tiempo, traté de usar sandalias; me gustan y me parece que con mucha ropa, se ven mejor las sandalias que otros tipos de zapatos. Pero me incomoda no traer calcetines. Cierto que una vez que he llevado sandalias cómodas un rato, pongo mi atención en otra cosa y mis pies tan contentos. ¡Pero qué bien se siente volver a enfundarlos!

En la sección de "datos sin importancia de los que usted no debería enterarse", podría quedar registrado que más o menos el 85% de las veces que he tenido sexo en la vida, ha sido con calcetines. Para un orgasmo, conmigo es suficiente; pero terminar sin calcetines, eso sí que es señal de que hubo éxtasis a otro nivel, nivel desquiciante, tal vez. Empezar sin calcetines, ni se diga; está reservado para ocasiones con circunstancias extra irresistibles.

Ya no hablando de sexo, sino de amor, la otra noche tuve una confirmación del significado profundo de la entrega de mis pies. Estaba en la cama con B, en el rato a gusto de apapacho y juego nocturno, cuando tuve que quitarme un calcetín por alguna razón. ¡Le dio un gusto ver mi pie! Nos bañamos juntas hace meses, así que no es que no me conozca toda; pero supongo que el contexto se lo presentó como algo distinto. Lo tocaba, lo levantaba, se alegraba con el movimiento de mis dedos. No quiso que volviera a enfundarlo. Y no lo enfundé.

Esta manía mía viene de la costumbre de mi abuela, de ponerme las calcetas de mi abuelo. Un cable se me cruzó con otro, en la experiencia de ser arropada y consentida, en el acto de vestirme los pies. Y es que podría parecer que simplemente prefiero llevar calcetines a no llevarlos; después de todo, como he contado, he sido capaz de usar sandalias varias veces. Pero de verdad me pongo mal cuando me faltan. He usado los mismos calcetines sucios por días -muchos días-, cuando la opción era dejar desenfundados los pies. De hecho, encontrándome estresada, cansada, alterada o en cualquier modo alejada del bienestar, mi necesidad adquiere matices delirantes.

Silvia Parque