lunes, 30 de noviembre de 2015

Estaba pensando en la ley de Murphy...

El mejor momento para orinar, según B, es el espacio temporal entre un pañal y otro, durante el cambio de pañal. Estaba pensando en la ley de Murphy, pero ella podría hacer otra cosa en ese momento, y eso sí sería malo.

Siempre hay al menos dos modos de ver las cosas.

Silvia Parque

domingo, 29 de noviembre de 2015

Esta madre le tocó a mi hija

Olvidé dar de cenar a B.

Así de simple: lo olvidé.

La clase de cosas por las que a una mamá que se intoxica deberían quitarle a sus hijos hasta que se recupere, rehabilite o lo que sea.

Yo no me intoxico, pero olvidé darle de cenar.

Cómo pudo pasar, no tiene importancia en esta entrada. A lo que voy es a que:

La gente suele decir que las mujeres a las que se nos nota el amor por la cría, y de un modo u otro elegimos ejercer como mamás, somos buenas madres. Alguien como yo, dirá: "bueno, con no ser muy mala me conformo" y parece que es modestia, aprehensión o culpa por culpa de la cultura que suele exigir superpoderes a las mamás. Pero... si hay quienes son mejores que otros para bailar, para organizar fiestas o dibujar planos, también habrá quienes sean mejores que otras en el maternaje.

A ver... hoy he descubierto un rasguño en la pierna de B, que no tengo idea de cómo pudo llegar ahí. Pero esas cosas pasan. A las mamás más cuidadosas se les cae un bebé de la cama alguna vez. Tal vez no a "las más cuidadosas" -espero que no a mí-, pero sí a "las cuidadosas" a secas. No se puede evitar: se falla de un lado o del otro. ¿Pero olvidar dar de cenar?

Si alguien está muy preocupado al llegar a este párrafo, puede tranquilizarse. La leche sigue siendo el principal alimento de mi niña, y de eso tuvo todo lo que pidió, incluyendo una buena dosis de leche materna, que es la gran cosa. Pero de cualquier manera, queda muy mal olvidar su comida. Es la primera vez que me pasa, pero otras veces he tenido otros olvidos de cosas que había que hacer. ¡Y eso es trabajando desde casa, para dedicarme a ella!

Así que: si hay quienes son mejores que otras para lo del maternaje, habrá quienes sean peores, y creo que yo caigo en ese lado de la curva. Me apena, pero no me siento muy mal porque no se puede ser buena en todo, y yo soy buena para otras cosas; por supuesto, cosas que me importan mucho menos que cuidar a B, pero así estuvo la repartición de talentos. Los padres damos a los hijos de lo que tenemos y de lo que somos, y yo aspiro a que B pueda mamar lo bueno que hay en mí. Entretanto, recuerdo a Matt diciendo que luego de la crianza viene la educación, y que de eso hay mucho más; creo que hasta dijo que era más importante. Me siento con muchos recursos para cuando llegue esa etapa. También le pongo "on" a los comentarios de Macondo, y dejo que su mirada se me instale en el corazón para darme la suficiencia de decir con autoridad, que con todo y todo, soy la mejor madre que podría tener mi hija, porque soy su mamá.

Silvia Parque

sábado, 28 de noviembre de 2015

Estampa con letrero

B tiene un letrero con su nombre. El letrero tiene una tortuga. Las letras tienen diamantina encima.

Está en la puerta de la habitación, porque ahí duerme, porque es su habitación también. Lo veo ahora mismo.

La tortuga es tierna, parece tímida. Como cuando B esconde su cara sobre mi hombro (también la esconde cuando vamos por la calle y el sol está fuerte).

Silvia Parque

viernes, 27 de noviembre de 2015

La cereza de la semana


Esta semana fue como una semana inglesa de diez días. Se juntaron medio atropelladamente dificultades domésticas, algún inconveniente y emociones económicas. Como si todo eso hubiera fermentado un delicioso pastel: hubo una conclusión maravillosa.

Me puse en camino rumbo a un trabajo remunerado fuera de casa, y eso tuvo lo suyo de conflictuante porque mi ideal sería trabajar solo desde aquí (en la corrección de estilo); pero he movido con lentitud el negocio, y se llegó el tiempo límite para el nivel de ingreso requerido, así que... hay que hacer lo que hay que hacer. El caso es que el jueves fui a una entrevista, y entre preparar papeles que me pidieron, estar lista, y la dinámica de dejar a la niña con otra persona, quedé muy cansada. Pero aquí empezó lo bueno...

Tuve la impresión de que no tengo el perfil que busca la escuela que me entrevistó, y en el camino de regreso a mi casa (para ser exacta: camino a la casa donde estaba B), esa idea me llevó a enfocar el perfil que yo busco. Porque siempre he sido bendecida con oportunidades que cubren el perfil que yo defino. Ahora quiero un trabajo con un horario cómodo, en un lugar cercano a mi casa y accesible, con una remuneración más que justa, en un ambiente de animación intelectual. Dios siempre me ha privilegiado en estos asuntos, y vuelvo a colocarme en mi lugar. En otras palabras: desperté.

Pensé, también: si voy a repartir un par de currículums aquí y allá, ¿por qué no pegó unos cartelitos, aprovechando el viaje? Me lo han sugerido mucho, y siempre lo dejé para después... Pensé en diversificar el servicio y otras cosas, en lo que me dirigía a recoger a mi niña. La pobre la pasó muy mal, en el rato entre que despertó y volvió a verme; pero me sentí confortada al ver cómo la habían procurado, con empatía y paciencia. En el camino de ahí a mi casa (esta vez sí a mi casa), supe que voy a disfrutar mucho volver a dar clases, si en eso ando en enero, y que nos adaptaremos como familia a lo que vaya a pasar... Hoy alguien me dijo que seguramente tenía yo más angustia que la ansiedad que tuviera la niña. Y respondí, dándome cuenta al decirlo: que no. Sufrí bastante al decidir que la cuidara otra persona -de toda mi confianza-; pero una vez puesto en marcha en plan, no sufrí, ni me preocupé: me apuré lo más que pude, pero no de manera angustiada. El peor momento fue cuando oí sus gritos desesperados, a muchas casas de distancia; se me aceleró el corazón y me apenó en el alma, pero no con pesar agobiante -aplastador-.

Quien me dijo que "seguramente tenía yo más angustia..." fue una de mis dos visitantes de hoy... Esa fue la cereza del pastel.-

Estaba yo en este viernes cansado, con la casa hecha un desastre nivel manchas de comida en el piso, cuando recibo una llamada de una amiga que no veo hace meses. Me pregunta si estoy en casa. Le digo que estaré encantada de verla, escondo el tiradero en la recámara, y me sorprendo con que llega primero otra amiga, que no veía hace más tiempo todavía. Se habían puesto de acuerdo, pero para ilustrar el tipo de persona y de visita, mencionaré que su acuerdo pasó por considerar traer café preparado, para no ponerme a calentar agua. De esas personas que una se pregunta qué hice yo para merecer esto, y no queda más que agradecer a Dios.

Pasé un momento delicioso. Y terminé de despertar. Me dejaron verme en su mirada, que entre otras cosas cubrió de valor mi tiempo dedicado a la crianza, y me sentí muy bien. Una de ellas se ofreció a pegar cartelitos en X, Y y Z, para ahorrarme ese ir y venir. De ese tamaño. Así ha sido, así es y así va a ser mi vida. No por mi mérito sino por el favor de Dios, grandísimo. Cada vez que entro en la lógica de los demás, lo olvido y pierdo mi sendero. Así que como decía: vuelvo a colocarme en mi lugar. Al mismo tiempo, es una etapa diferente; es decisivo que haga lo que me toca con toda la mano. No es que no haya tenido noticias de eso antes, pero ahora han terminado de pasar aires polvosos, y me mueve la dependencia de B. Es como si hubiera fluctuado entre dejarme llevar por la corriente en una zona de confort, y luchar contra corriente usando las uñas para atravesar una pared, con etapas en medio durante las cuales hago lo que me corresponde bajo la gracia, y me va muy bien. Voy a instalarme en una de esas etapas.

Silvia Parque

jueves, 26 de noviembre de 2015

Sabes que los mayores tienen una vida, cuando te haces mayor

Un viejo es alguien 15 años mayor.

Creo que aunque sepamos que cada cual es protagonista de su vida, de algún modo suponemos que la vida se trata de los que están viviendo lo que se vive en la juventud. Hasta que ya no estamos en "la juventud". Porque ya se sabe que la jovialidad no está en la edad, pero hay un momento en el que dejas de calificar para programas dirigidos "a jóvenes": ese momento en el que empiezas a contratar los servicios de personas que apenas nacían cuando tú estrenabas el primer empleo... Entonces, cuando vives con canas y sigues teniendo conflictos, pasiones, saltos mortales y demás, te das cuenta de la vida llena de "asuntos" que tienen las personas con quince, veinte o cuarenta años más que tú. Al menos, eso me ha pasado últimamente. Noto cuánto no los había visto.

Silvia Parque


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Día de la no violencia contra la mujer

Hoy fue el día de la No-violencia contra la mujer. Tal vez en muchos lugares no tenga sentido, pero en Querétaro, definitivamente sí. Aquí las violencias contra las mujeres no hay que interpretarlas con mucho criterio, son evidentes.

Oigo con frecuencia que los hombres también pierden con esta organización machista del mundo, y aunque en principio es verdad, y hay casos y cosas que deberían examinarse con cuidado, me suena como cuando trabajaba dando clases en un jardín de niños y me negué a pintar (paredes) un sábado de vacaciones. Habíamos ido a algo así como hacer cierre del ciclo, y se entiende que limpiaríamos nuestras áreas de trabajo. La dueña quería que pintáramos paredes y no me pareció bien; me dijo que también ella se había levantado temprano, y que había llegado antes para empezar a pintar. Yo no respondí por respeto; pero no pinté y me fui. Sí: ella iba a "hacer equipo" con las demás empleadas, que recibíamos un sueldito sin prestaciones, pero el negocio y el patrimonio que representaba era suyo, las ganancias eran suyas.

Silvia Parque

martes, 24 de noviembre de 2015

Ablactación con inspiración del método "baby led weaning"

Como he comentado en otras entradas, yo tenía la idea de alimentar a B solo con leche materna, sus primeros 6 meses; pero se le dificultó mamar y se desnutrió, por lo que nos servimos de la leche de fórmula; primero con jeringa, y después con biberón. Durante un periodo muy breve, intenté extraerme leche, pero B hacía tomas muy largas y frecuentes, de modo que se habría tratado de que el tiempo en que yo no estaba dando de comer, estuviera sacándome leche y/o lavando implementos del extractor. Como saben las mamás que sí hacen esa labor: superadas las primeras semanas, cada extracción habría sido más rápida y abundante; pero me rendí. Afortunadamente, no se redujo mi producción de leche, ni sus ganas de prenderse; seguimos con lactancia mixta, y ahora que está fuerte, mama que es un gusto.

Exactamente el 18 de octubre, el día en que cumplió seis meses, empezamos la ablactación. Yo quería usar el método "libre de papilas", pero según mi entendimiento, B no calificaba porque todavía no permanecía sentada sin apoyo (y todavía no lo hace), así que tuve claro que, como en todo, habríamos de hacer adaptaciones; han sido tantas, que no puedo decir que sigo el método, pero sí que me inspiro en sus principios.

Empezamos con calabacita. Era un domingo después de la Iglesia. Yo estaba de lo más emocionada, pero ella no mostró interés en el primer momento. La misma niña que se metía -y se mete- todo a la boca y que nos miraba comer con cara de huerfanita hambrienta, no mostraba ningún interés en la muy escogida, tierna, cocida y finamente picada calabacita. Entonces hice lo que no hay que hacer: me senté en posición de mamá alimentadora, tomé un trocito y lo acerqué a su boca, una vez, y otra vez y otra vez, hasta que caí en la tentación e intenté meterlo. Tuve que aceptar que mi fiesta no era su fiesta. La siguiente vez, el mismo día, fui menos intrusiva y creo que llegó a medio probar algo. Pero el día siguiente fue maravilloso. La puse en mi regazo, frente a la laptop, dejé la calabacita cocida, entera, a su alcance, en la mesa; me ocupé de mis cosas, y ella, naturalmente, llevó su boca hasta la comida (la boca a la comida, sí, como perrito). De ahí pa'l real, he comprobado que le gusta controlar su alimentación, y me parece perfecto.

No me preocupo si come poco, porque su principal alimento sigue siendo la leche, pero sí me interesó asegurarme de que comiera algo; si la dejo por la libre, hay "platillos" de los creo que comería tan poco que sería prácticamente nada. Sé que con el tiempo, lo conseguiría, pero ¿ese gramillo que lograra caer al estómago, contaría como haber probado el alimento? Así que sí preparo papillas, siempre dejando "textura". Me decidí a hacerlo porque con algo, creo que con la zanahoria, ella mostraba un animado interés por comer más de lo que estaba logrando comer. Me pareció que se frustraba, y en cambio, disfrutó mucho el machacado. Antier que comió manzana procedimos así: le presento la manzana entera, con cáscara, y ella la toma, la observa, la gira y se la lleva a la boca. Luego, le ofrezco una mitad de manzana, y ella succiona; toma el trozo por sí misma, lo manipula, y se lo lleva a la boca; muerde con la encía y come; pero se le escapa con facilidad, así que acepta que lo sostenga en mi mano para succionar y/o morder (vi por primera vez la huella de su primer diente). Al rato, raspo manzana con una cucharita y se la voy dando. Cuando pierde interés en la manzana, dejo que tome la cuchara, y le pongo montoncitos de manzana raspada sobre la tabla de su mesa. Come de una diversidad de maneras, algunas menos escandalosas que otras -en cuanto al batidero que queda-.

Seguimos el orden que nos recomendó la pediatra: verduras, frutas, cereales, leguminosas y carnes, cada cosa unos dos o tres días para notar si algo hace barullo. Cambié lo de dos o tres días, por uno o dos días, y no me privé de darle una probadita de esto o aquello, el par de veces que me acompañó a almorzar fuera. La carne, después de que la probó sola, se la di con vegetales que ya había comido, para que le supiera mejor. No le doy nada que yo no me comería; de hecho, siempre se me antoja lo que le doy. No quiero alimentos procesados comerciales porque no confío en ellos, no me gustan sus texturas, son más caros, me ilusiona hacer yo su comida, y sobre todo: a excepción del Gerber de manzana, no me resultan nada apetecibles: hasta me han dado asquito los que son de carne (en cambio, mi preparado de pollo, y mi preparado de res, olían delicioso y sabían de lo mejor).

Hasta ahora, B come dos veces al día, y sigue tomando leche a libre demanda. Intento servirle cuando no tiene hambre, para que se trate de una experiencia más de conocer, que de satisfacer una necesidad física. Le repito el nombre de lo que está comiendo, y damos gracias. Creo que ambas la estamos pasado bien, con los inevitables momentos de estrés porque algo fue difícil de tragar y las emociones fuertes cuando se "quema" un poquito, o lo tira todo. Pero es un placer verla reaccionar a lo nuevo: siempre pone cara de una extrañeza que al principio yo interpretaba como disgusto; puede mantener ese gesto mientras se saborea, pedir más y volver al gesto. ¡Y qué bonito es verla pedir más! Hace la cabeza hacia adelante y un sonido como "mm mm" que evidentemente es "más-más". Es asombroso verla domar sus brazos, sus manos y sus dedos. Es increíble toparme con su idiosincracia y su voluntad...

En eso estamos.

Silvia Parque

lunes, 23 de noviembre de 2015

Muy propia

Hoy mi B estuvo especialmente demandante. A veces, cuando lloriquea por algo que nos parece "nada" o "cualquier cosa", le decimos algo como "qué bárbara, B, hasta pareces una bebé de X meses". Y así se portó hoy, como toda una bebé.

Silvia Parque

sábado, 21 de noviembre de 2015

Si yo fuera...

Si yo fuera la dictadora del mundo, les obligaría a tributarme flan con caramelo, haría que Nestea y Coca-Cola volvieran a sus sabores originales, y que el chocolate Crunch regresara a la vida, como era en un principio. Pero no lo soy, e incluso debo lavar los platos cada día, y cuando no barro ni trapeo, el piso está todo sucio.

Silvia Parque

viernes, 20 de noviembre de 2015

El peor defecto

Me parece bien que en las entrevistas de trabajo, la gente use esos clichés de "soy muy perfeccionista" y "a veces soy demasiado honesto" como sus peores defectos. No se le puede pedir a nadie que se ponga una soga al cuello, y el entrevistador sabrá escuchar lo que necesite saber. Pero me desagrada el discursito fuera de ese contexto. No pueden decir: soy inseguro y mi neurosis me hace postergar el final de una tarea, de modo que a veces echo a perder las cosas; no pueden decir: no tengo criterio ni autocontrol para saber cuándo quedarme callado o cómo decir las cosas de la manera apropiada a la situación; no: salen con eso del perfeccionismo y la honestidad, con tonito de norrompounplato.

Otros típicos en la lista: "me entrego demasiado", "confío en toda la gente"...

Silvia Parque

jueves, 19 de noviembre de 2015

No, gracias

Un día, alguien me ofreció un abrazó y no lo acepté; es algo para recordar porque ni me ofrecen muchísimos abrazos, ni recuerdo haber rechazado algún otro. Esa misma persona me contó cosas, digamos, que no se le cuentan a todo el mundo, y ofreció contarme más, pero le dije que no quería escuchar. Lo tengo en mente por algo que no tiene nada que ver, pero que lleva a lo mismo: no tenemos que aceptar todo, aunque sea bueno, aunque se ofrezca de buena voluntad.

Silvia Parque

B come

B sigue tratando de comer todas las cosas a su alcance, con predilección por los empaques plastificados y los objetos que puedan considerarse foco de infección, amenaza para los ojos o para la respiración (no dejo que coma esas cosas, pero ella lo intenta); entre sus juguetes, ama comer un espejo que cuelga de un cojín de medialuna, y la etiqueta de un hipopótamo (las etiquetas, en general, le gustan mucho). En el último mes, empezó a tratar con más insistencia, de comer partes del cuerpo de otras personas.

Por lo demás, ya ha incluido en su menú: calabacita, zanahoria, jícama, pepino, berenjena, camote, manzana, pera, plátano, jugo de naranja, pan blanco e integral, tortilla, papilla de arroz, papilla de maicena, frijoles y caldo de frijol, lentejas, papaya, tomate, pollo y caldo de pollo; algunas cosas con más éxito que otras. Su pediatra lo único para lo que indicó esperar a que cumpla un año, es para los mariscos (de cualquier forma, no son comunes en nuestra mesa). Estamos "usando" una adaptación del método baby wed leaning y nos va muy bien.

Silvia Parque

P.D. También toma toda el agua de la bañera que puede.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los hombres y la pipí en los baños compartidos

Estaba buscando algo en Google imágenes, y no sé por qué apareció un letrero con el dibujo de un hombrecito de palo orinando, en tres intentos fallidos de atinarle al inodoro; debajo decía:

 "Recuerda que también entramos mujeres al baño. Atínale". 

Cuando iba a clases de teatro en la Casa de la Cultura, en el baño había un letrero menos gracioso y más amable, solicitando a los caballeros hacer "uso apropiado de", con el mismo recordatorio de que también las mujeres usaban ese baño.

¿Pero qué tiene que ver que también entren mujeres? Es decir, ¿a los hombres no les molesta encontrar gotitas o charquitos de orina? Entiendo que ellos no se van a sentar, y eso le quita diez rayitas al nivel de lo desagradable que puede ser que haya pipí por ahí. Pero, ¿no les molesta, de todas formas?

Silvia Parque

Siete meses

Hace siete meses, nació B. Yo no estaba lista, a pesar de los meses de espera y los años de deseo. Sabía que era un regalo de Dios, pero no había dimensionado cuánto no la merecía. Llegó y se reveló otra, no la que yo había pensado, aunque sí a quien había estado amando. Con cada mes se muestra más ella, y me encanta; sé que podrá rebelarse a la niña de nuestro ensueño para ser la mujer que le corresponda ser.

Cada cumplemés la felicitamos, pero hoy me felicito más a mí misma. Ayer salimos, y no le llevé un biberón, así que pasó un rato de hambre; todavía no tiene un mueble apropiado para su ropita; ya deben ser semanas de retraso en la siguiente vacuna que le toca; así que no me felicito por mis logros, ni mucho menos; me felicito por ser tan enormemente afortunada.

Silvia Parque

lunes, 16 de noviembre de 2015

Es que mayor crédito no es tener más dinero

En lo pequeño y en lo grande, en lo superficial y en lo profundo, abundan ejemplos de juicios que se hacen a "algo", por cómo resulta para "algo" que no era su objetivo. A menudo, porque ese "algo" se ha ofrecido tendenciosamente como respuesta para "algo" que no puede responder.

- Un batido de proteínas se supone que es la solución a los problemas de peso, de personas que tal vez tengan un problema de volumen -o de autoestima-, y nada más es un complemento alimenticio.
- Un estudiante hace investigación cuantitativa suponiendo que va a encontrar el sentido de un comportamiento, y nada más obtiene correlaciones entre variables.
- Una persona se entrega incondicionalmente y por completo, a la locura de amor que era pura sensación para tener un recuerdo interesante.

Silvia Parque

Viajar, pintar, tener sexo, amar, conocer, vender, socializar...

Creo que la pasión a la que te entregas al iniciar la juventud, después de la adolescencia, ya no la puedes dejar; tal vez la puedas transformar en otra cosa o mantener bajo resguardo, pero te habita para siempre. Por eso es vital la decisión de qué hacer luego del bachillerato (preparatoria, instituto...); no se trata de en qué vas a trabajar, ni de qué beneficios prácticos te traerá esto o lo otro, sino de cómo se marcará tu vida. Pero parte de lo mágico es que no lo sabes, aunque lo supieras.

Silvia Parque

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿A dónde te llevo?

Hoy, explorando el TT #PrayForParis, encontré un tuit que menciona a París junto al Líbano y Bagdad, donde otras decenas de personas acaban de morir a manos de otras personas (el tuit también menciona el terremoto en Japón, pero eso es diferente). Antes que otra cosa, lo primero que pasó por mi cabeza fue: "¿A dónde te llevo?" No es que tuviera pensado ir a París, al Líbano o a Bagdad; no es que tema que algo pase afuera de mi casa, tampoco; pero tuve la impresión de que el mundo entero era un peligro y yo no podría ser el mundo para B, cuando tuviera que dejar de tenerla en brazos.  La impresión se pasó, pero con la cabeza fría: sí andamos por mal camino, como humanidad. A los tuits de conmoción por los atentados en París, les siguen, como siempre -y qué bueno-, los que recuerdan que todos los días se dan eventos igual de terribles en otros lugares: lugares que no importan.

Hace días, a propósito de que escribí sobre mi deseo de que B no crezca en México, Matt comentó que le hubiera gustado que explicara por qué. Es porque México no es un buen país para vivir, y menos para una mujer. No me gusta verbalizarlo y menos dejar registro de que lo he verbalizado, por lo siguiente:

1. Así, sin contexto, es desagradecido, viniendo de alguien que ha sido privilegiada en todos los sentidos.
2. Parece desatender el hecho de que Dios está en todas partes. *repetir el punto 1*
3. No hay comparación entre la mayor parte de México, y algunos lugares en guerra o paupérrimos; incluso, nuestro remedo de democracia y de libertad de expresión es mejor que lo que se vive en varios lugares.

Sería mejor  decir que "México no es un buen país para que viva mi familia, aunque es un maravilloso lugar para millones de personas: otras". Yo no quiero estar en un lugar donde el gobierno le dice a los ciudadanos que "ya chole con sus quejas". Aquí el desgobierno, el valemadrismo y la corrupción se viven en la médula de las instituciones. Dejan mucho que desear el sistema educativo y el sistema sanitario. En cuanto a cultura... me entiendo mejor con personas de otros países, o con mexicanos que no son como la mayoría. Eso último queda muy mal, pero así es. En el norte, la gente es franca y leal, pero también de mecha muy corta, y progre enceguecida; en el centro perviven discriminaciones del siglo XIX y miseria que supura envidias.  En donde se viven o se han vivido olas de violencia, la descomposición social es de dar miedo.

Vivo en uno de los estados más seguros del país, y hace poco me dijeron "se están llevando muchachas de acá arriba", como quien dice "han estado robando tapones de coches en la otra calle". No hay día que no aparezca en Facebook o Twitter, que otra mujer se ha "perdido". Mi niña está segura, pero no quiero que crezca con eso alrededor. Allá lejos son terroristas, acá son los militares, o quien pueda imponerse.

Silvia Parque 

jueves, 12 de noviembre de 2015

No hay espacio para la locura en la maternidad

Estuve loca cuando mi vida se puso muy caótica. Mi analista me envió con el neurólogo, que diagnosticó Trastorno de Ansiedad Generalizada. Tuve suerte de tener contención profesional porque meses después, mi vida caótica se iba a fragmentar en pedacitos de corazón "podrido de latir" -como diría Sabina-. Pero ya era complicada desde antes, desde niña. Así las cosas, cuando llegué a la salud mental y la paz del alma, llegué a las que podía tener siendo yo; o sea, que tengo mis cosas...

Me eriza la psique dejar algo a la mitad. Soy muy buena para posponer; puedo dejar proyectos importantes a la mitad, a la cuarta parte o recién comenzados, pero que nada interfiera con una tarea específica porque me comerá el cerebro hasta que vuelva a ella. Peor si la interrupción fue por algo inesperado. Lo inesperado y yo no somos los mejores amigos. Suelo trabajar abriendo varios frentes: paso de un archivo a otro para despejarme de uno, avanzando con otro, y eso me da espacio para pensar; pero dejar un párrafo a la mitad para contestar un correo urgente, puede ser muy disruptivo para mí. No soy multitarea. Para nada.

Tampoco soy multiestímulo. No puedo atender un sonido ambiental, una voz que le habla a alguien, una voz que me habla a mí, luces de colores, sensación de humedad, y permanecer de buen humor. Aunque sepa que la "voz que le habla alguien" no está requiriendo mi atención; aunque el sonido ambiental haya sido originalmente agradable. Si llegué al límite de los estímulos que puedo manejar, esa voz y ese sonido pueden resultar como la gotita de agua que tortura a quien quiere dormir; en ese punto, cualquier cosa que vea, huela o sienta, puede ser demasiado.

También soy quisquillosa. Si quiero un pastel de chocolate, no quiero una galleta de chocolate, no quiero un pastel de nuez, no quiero nada más que exactamente lo que quiero; puedo cambiar de querencia, eso sí, pero no puedo hacer pasar una cosa por el satisfactor deseado si no lo es. Y tengo aversiones nivel "me da algo". En el top se encuentra la aversión por la sensación del cabello mojado sobre mi piel; mío o ajeno. Está bien mientras estoy mojándome, es tolerable mientras está empapado... pero cuando pasa de empapado a mojado y de mojado a húmedo.- me pone mal. Lo siguiente en la lista es el sabor de la pasta dental, y mil veces más, la sensación de espuma que hace al cepillar los dientes.

Así he vivido. Hasta que tuve una hija.

Un hijo te cambia la vida, dicen. Y te cambia la vida, en efecto.

No volverás a dormir igual, no volverás a comer igual; ya nada es lo mismo, dicen. Y ya nada es lo mismo.

Entre las novedades: no hay espacio para la locura.

He interrumpido mi baño para amamantar a B, con el cabello mojado cayendo sobre mis hombros, todo el rato que come, más el ratito que se queda en brazos después de la toma. He interrumpido mil cosas, cada día -incluyendo un corte de cabello-, porque los bebés tienen sus propios tiempos y necesidades, que no son los de una. Más que nunca, lo inesperado es lo único de lo que puedo estar segura. He hecho planes perfectos armonizando el trabajo, la vida social y el cuidado personal, para decirles adiós porque B entra en "brote de crecimento" o por cualquier cosa. Ahora, comer frío significa comer, y es suficientemente bueno. Y nunca valoré tanto un rato para cepillarme los dientes.

Todavía tengo que desconectar con todo alrededor para atravesar por los ratos de llanto, que objetivamente ni son muchos, ni son para tanto, pero que a mí me... sitúan en un área de oportunidad en mi desarrollo personal. Es algo a lo que hago espacio con amor, porque si no reconocemos nuestros límites, nos lastimamos -así que algo de espacio hay que dejarle a la locura, finalmente; uno regular, donde quepa bien-.

En metafísica se dice que escogemos a nuestros padres como maestros de lo que nos toca aprender. ¿Qué estaría pensando mi niña?

Silvia Parque

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Chocolate semi-amargo de Michoacán

He estado tomando chocolate caliente, gracias a que una persona amable trajo a mi casa una buena dotación de tablillas de chocolate de Michoacán. Ahora que fui a ver cómo se llaman para escribir esta entrada, vi que ya se fue a la basura la etiqueta. Pero es la gran cosa: una barbaridad.

Yo solo conocía el chocolate de mesa de marcas comerciales muy conocidas, sobre todo el Abuelita (que fue de La Azteca y hace tiempo es de Nestlé). Justo hace unos días, de vacaciones, tomé unas tazas de chocolate Abuelita, y la última batallé para terminarla porque me pareció muy dulce; el que disfruto ahora es semi-amargo y me parece mucho mejor así: no le agrego azúcar.

Silvia Parque

lunes, 9 de noviembre de 2015

La pérdida de la capacidad de autorregulación

Yo creo que nacemos como animalitos con cuerpos que todo lo saben: salimos del ambiente acuático y respiramos, nos ponen un pezón cerca y succionamos, incluso se ha documentado que un recién nacido es capaz de reptar hasta encontrar la teta de su mamá. Así las cosas, la alimentación a libre demanda se basa en la idea de que el bebé sabe cuándo y cuánto necesita comer. Yo he alimentado a B con ese principio, y así manejamos también el sueño. No hay "hora de dormir", aunque más o menos a las 10:00, hacemos ambiente de noche: apagamos la mayor parte de las luces, bajamos el volumen, y ya no jugamos escandalosamente. Hasta hace un mes o poco más, eso era todo; ella dormía cuando le daba sueño, casi siempre después de alguna de sus múltiples peticiones de comida: no la "poníamos a dormir". Yo recordaba que a mi sobrina -un año mayor que mi niña- había que dormirla, pero pensaba que eran efectos de la diferencia en la crianza. Ahora, sin embargo, B se pone latosilla por la noche, y he concluido que es porque tiene sueño; quiere comer, pero no, pero sí, ahora no, ahora sí; queja, un poco de lloriqueo, y finalmente se prende a la teta para quedarse dormida. Entre los "no-sí-queja-etc.", le calma que la carguemos con arrullo, en un acompañamiento que se ha convertido básicamente en una "inducción al sueño"... le ayudo a dormir, pues; parece que ya no gestiona sola su sueño. ¿También dejará de autogestionar sus cantidades de comida, ahora que no solo toma leche? Como se ha sentido mal por esto o por lo otro en este mes de conocer comidas, el que coma mucho de lo que le gusta ha pasado a ser sospechoso...

Silvia Parque

Alucino el llanto de B

Muchas cosas han ido pasando en mí a lo largo de estos primeros meses de B. Una que no creí que iba a pasar, es la necesidad de comprobar que respira cuando duerme. La terrible muerte de cuna va siendo menos probable conforme crece la cría, y sin embargo, yo no tenía esa necesidad de comprobar la respiración de B cuando nació: la fui teniendo semanas después, y fue creciendo junto con la niña. Casi no me pasa de noche, porque duermo, pero cuando sus siestas se alargan, necesito ir a ver que "todo está bien"; a veces la toco para que se mueva.

Lo más loco es que escucho su llanto cuando no está llorando. A veces, pasa que es el bebé vecino de abajo, y tardo unos segundos en convencerme de que no es B, a pesar de que evidentemente el sonido no está en la casa. Pero puede ser cualquier otra cosa. Se llama "ilusión" al fenómeno psicológico por el cual una cosa se nos figura otra. Yo tengo ilusiones del llanto de B con ladridos y aullidos de perros, con sirenas, con el aire, con canciones y cuanta cosa. Pero a veces, de plano es alucinación. Hay solamente silencio, y yo la escucho. ¿Habrá más madres alucinadas? Debe ser un fenómeno con nombre.

Silvia Parque

sábado, 7 de noviembre de 2015

Dejar algo a lo que estamos apegados

Si es difícil dejar algo a lo que estamos apegados, aun cuando ese "algo" sea evidentemente dañino, o el contacto con ello sea consistentemente doloroso, puede ser muy difícil dejarlo cuando se trata de algo que no parece hacernos daño, que muchas veces nos hace sentir bien... o que cuando nos llega a hacer sentir bien, nos hace olvidar cuánto nos hizo sentir mal.

Silvia Parque

Cafca y pesadilla

Ayer vi con B, el comercial japonés que calma el llanto de los bebés [AQUÍ]. Funciona que da miedo. Y es que no "calma" el llanto, sino que lo termina. Empezaba B el lloriqueíto de que iba a llorar, iba yendo a más, cuando pongo el comercial, y no es que haya sonreído y cambiado de ánimo, no, salieron de su ser unas dos o tres expresiones de "quiero llorar", ¡pero no pudo! Se quedó embobada con el video; cuando terminó, volvió su lloriqueíto de "quiero llorar", y ya me parecía a mí que debía darle espacio a su llanto, pero no pude resistirme: volví a ponerlo, y lo mismo, pero más instantáneo y ella embobada. Traté de darle pecho, pero ella volteaba a ver la imagen. Y lo hice de nuevo. Subsumida totalmente. Pero no tenía cara de feliz, complacida o relajada, solo de subsumida en el extraño mundo de Cafca.

No creo que vuelva a hacerlo. Yo creo que el llanto hay que respetarlo. Claro que prefiero que B no llore, por ella y por quienes la oímos; pero el caso no es callarla, sino atender la demanda para que se pase su malestar. No obstante esa intención, los niños, a veces lloran, y en ese caso, pues hay que acompañar. Es increíble que haya que repetirlo, pero: los bebés no necesitan ejercitar sus pulmones llorando. Y no: los bebés no lloran porque sí: lloran porque se sienten mal, aunque eso a veces no sea ni por hambre, ni por frío, ni por dolor... es decir, tal vez se sientan mal por algo tan imperceptible o incomunicable, que hay que decir que se sienten mal porque sí, pero se sienten mal.

El caso es que el comercial me da miedo. Tal vez es la causa de la noche de pesadillas que he tenido (aunque B duerme como la bendita que es).

Me cuesta mucho narrar mis sueños, así que solo mencionaré algunos puntos importantes.

Primero, iba a haber un toque de queda; yo tenía dos opciones de casa para quedarme, una de ellas, en lo que en el sueño era la casa de mi abuela; el papá de mi niña está entre quedarse en un sitio o el otro; al final yo abro muchos gabinetes de la cocina, y él se queda en otro lugar; cuando se va yendo, le recuerdo que hay toque de queda, y empiezo a sentir preocupación. Antes de la hora, salgo al patio de la casa en la que estoy; hay más gente; llegan unos soldados con armas largas, y apuntan a varias personas, con toda calma, como jugando; eso no me gusta y como que voy a irme, pero no puedo; ellos acomodan a las personas para tomar una foto como si fuera un ataque; hay maniquíes; alguien dice "qué fraude"; yo estoy por irme, pero no puedo [debo estar influida por El ángel exterminador]; los soldados hacen que las personas vayan a una esquina, todas juntas, yo voy hacia allá para no significarme, pero ya estoy a unos metros de todos, y se me acerca una mujer que no había aparecido en el sueño, pero es de ellos; va a inyectarme; trato de evitarlo pero no puedo; un hombre negro me hace señas: tengo un hilo largo enterrado de una aguja; no sé si puedo sacarlo. Creo que lo saco pero ya he estado sedada, o no sé qué. Los soldados salen y todo en el patio medio se va recuperando, la gente va despertando; yo salgo también, los veo andar por ahí. Creo que voy a la otra casa donde tenía opción de estar. Falta menos tiempo para no poder estar en la calle. No sé si llegó la hora, pero la gente hace filas para entrar a algún lado; hago una fila, pero están entrando a sitios más oscuros que cualquier oscuridad que haya visto: no se ve absolutamente nada, como entrar a un hoyo negro de oscuro, supongo; así son todos los lugares a los que entran. Ya casi todos han entrado a algún lado, y yo sigo buscando; hay lugares medio no tan oscuros abajo de algo, arriba de algo, y no sé si alguien dice o piensa "aquí es donde primero van a venir", y oigo un gruñido como si ahí estuviera una criatura. [Tal vez es un eco del recuerdo de un león e B, que ríe, gruñe y gatea.] Porque los que "van a venir" son criaturas terribles. Le pido permiso a un oficial para meterme a un coche estacionado. Dice que no necesito permiso y me meto. La dueña está afuera con un arma y de algún modo nos entendemos Yo pongo los seguros por si llegan las cosas esas, y pienso que a ella le abriré rápido, pero los vidrios se empañan de vapor: la yo protagonista cree que ella quiere entrar y la yo espectadora sabe que es ella, pero el monstruo está ahí y si abro, va a entrar. Me parece que la mata porque la he dejado fuera de su propio coche. Ahora estoy en una habitación, con un bebé, pero no soy yo: hago el personaje. Unos tipos vulgares quieren entrar por algo suyo, es como si fuéramos amigos de mucho tiempo; yo pregunto si van a quedarse; quisiera que me protegieran; pero no van a quedarse; entonces quiero cerrar la puerta, pero uno de ellos me hace perder el tiempo sin dejarme cerrar; sé que ya van a llegar los malos y me da coraje. A cada momento, el espacio entre la puerta y el marco de la puerta es más grande. Volteo a ver al bebé que he dejado sobre la cama. Rebobino el sueño para dejarlo más al centro de la cama y que no se vaya a caer. Todo el sueño he estado rebobinando, para tratar de librarla. No tengo puerta, y llega la criatura; sería un monstruo muy serie B, y hasta medio tierno. Tiene el toque de La tiendita de los horrores, con boca del comercial de Cafca. Lleva un arma larga con la que apunta hacia nosotros, pero yo le aviento una silla y le hago perder el arma; le aparece un azadón en lugar del arma larga, y a mí vuelve a aparecerme la silla; él o ella avienta el azadón y yo volteó a ver al bebé, que no veo pero sé que está bien; otra vez le aviento la silla, que al mismo tiempo continúa en mi mano. Lo golpeó con ella y se la entierro en el pecho. Parecía un monstruo lento y bobo, pero tal vez fueran muchos, tal vez fueran terribles, y tenía un arma.

Así que maté a dos seres vivos por la noche. Cuando era más joven pensaba que si estaba en medio de una inundación, me dejaría llevar por la corriente esperando ser rescatada (también solía pensar que con seguridad sería rescatada). Hace un par de años, pensé que no, que intentaría ponerme a salvo. Ahora creo que me pondría a salvo.

Silvia Parque

jueves, 5 de noviembre de 2015

Mientras duerme la bebé

B duerme unas dos veces al día; a veces solo una vez. No cuento las siestas ligeras de unos cuantos minutos que suele disfrutar después de comer. Es un excelente momento para todo lo que no puedo hacer con ella demandando atención. Ya había escrito sobre esto porque es todo un caso: ¿cómo elegir qué hacer en ese momento? ¿Lo que debo, lo que quiero, lo más necesario?

He descubierto que es mejor hacer lo que quiero que esté mezclado con lo necesario. Lo que debo, de cualquier modo lo haré, y si se trata de trabajo es mucho más productivo dejarlo para la noche, cuando ya puedo disponer de horas. No obstante, lo que más suelo querer y necesitar, es comer y bañarme: sobre comer aplica lo mismo que sobre las tareas de trabajo: eso de todas formas lo voy a hacer, aunque B llore... excepto si está malita, como ayer, pero que esté malita es una excepción; sobre bañarme, ni hablar: no quiero que despierte, me llame, y yo no pueda llegar rápido con ella, o peor, no oirla llamarme. Así que el querer necesario ganador es recoger y limpiar. Pero hoy estoy agotada, y me quedo aquí otro ratito, con helado de galleta.

Silvia Parque 

Se puso malita

Cuando B estaba recién nacida, quien era su pediatra dijo que la alimentara a libre demanda, pero que no dejara que pasara tres horas sin comer, ni le diera antes de una hora; aunque yo me había informado bien sobre lactancia materna, seguía drogada y vulnerable, y le hice caso, aun oyendo llorar de hambre a mi niña, porque pedía comer más o menos cada cuarenta minutos. Eran veinte minutos terribles, cada vez. Se fue resignando a que no le daríamos sino pasado el tiempo estipulado, y se desnutrió. No sobran jamás esos miles de mensajes de: "mamás, sigan su instinto". Sé que no existe el "instinto materno" como tal, pero sí la intuición, sí la sabiduría evolutiva, sí la capacidad de sacar conclusiones lógicas cuando has entendido algo y ves que agua más harina te da engrudo. El médico, en realidad, no era displicente en cuanto a la salud de B; pero su prevención era indicar complementar con fórmula si la niña se quedaba con hambre, y con esa lógica se habría ido al traste nuestra lactancia. Aquel fue el primer llanto de "me pasa algo malo"; al menos lo pasó en brazos y con mucho apapacho. Me apena cómo tuvo que rendirse. (Sobre su nutrición: cambié de pediatra, consulté a mi asesora de lactancia, y se puso remedio.)

Hace poco, tuvo febrícula. Una gripita de nada que para nosotros fue temible. Le tengo miedo a las calenturas de los niños, porque se me vienen a la mente historias de bebés a los que prácticamente se les coció el cerebro. La verdad es que empezó a estar calientita, estando bien de lo demás, pero cuando le medíamos a temperatura, juzgábamos que esa medida era "normal", y nos despreocupábamos; unas tres veces pasó eso; a veces estaba llorando, pero la consolaba, se dormía, y yo muy campante porque había descartado que hubiera que cuidarle lo caliente. Hasta que una mañana, se me hizo que algo estaba mal; no importaba que esa medida de temperatura fuera normal -según nosotros-: algo le estaba pasando. Le mencioné a mi madrina lo que el termómetro decía, y se me subió algo caliente al pecho, a mí: tenía febrícula y había que tener cuidado. Qué tanto entendiera yo que la febrícula en sí misma no es una enfermedad y que no es fiebre, no tiene importancia. Igual tuve miedo. Fue una noche por demás estresante, de estarla bañando y revisando. Supongo que es muy de papás primerizos, pero hay que agregarle que mi mamá, una vez bañó a mi hermanita con agua fría para bajarle la calentura, y la niña entró en shock. La anécdota se cuenta como algo muy simpático, porque mi mamá, que entró a bañarse con ella, salió sin ropa a la calle, y así, sin ropa, llegó al hospital. Pero es gracioso a la distancia; una mujer con su bebé en brazos, gritando desesperada, no es nada gracioso, en realidad. Gracias a Dios, a B se le pasó, pero qué pena sus llantitos lastimeros, largos, como casados.

Y está el llanto de ayer.

Ya en la recta final de las vacaciones en mi rancho, se empezó a poner un poco llorona de tanto en tanto, con llantito de sentirse mal. Podía ser cualquier cosa: estábamos en un lugar más frío y se constipaba un poco por la noche; empezó a tomar un medicamento para el reflujo que según yo la pone irritable; se alteraron sus tiempos de sueño con actividad diferente a la de siempre; está en edad de que venga en camino su primer diente; la ablactación le estaría cambiando la digestión y según todos, una manzana entera es demasiado para un bebé. Con ese antecedente llegamos a casa, antier por la noche, luego de un día de viaje. Hubo quien dijo que los bebés se alteran simplemente por viajar, y también hay que pensar que llegó a la normalidad de la atención que le brindan dos personas, después de estar rodeada de la atención de muchos otros. Andaba chiplona. Me fui con ella a cortarme el cabello, y se armó la de Dios es Cristo. Incluso no quiso mi teta. Mi teta: remedio de todo mal. Mi teta que siempre fue consuelo, calmante y el chupón perfecto. De ahí en delante, la tarde se fue poniendo más complicada, con breves momentos de pausa para que comiera; ella, por supuesto, porque a mí no me dejó comer desde el desayuno. Era raro: cuando llegó su papá se estuvo tranquila un rato con él, y luego volvía al llanto desconsolado; decidimos buscar un médico, pero en cuanto salimos a la calle, volvió a calmarse; no sé si los ratos de calma eran del tamaño de los ratos de llanto, pero todo el proceso fue abrumador.

Pasé la primera parte de la tarde pidiéndole que por favor, ya no llorara, y para la segunda parte, me sentía muy culpable por pedirle algo en función de mi necesidad y fuera de su alcance. Su papá, que fue un sol cuando llegó, me pidió de la manera más atenta, que la próxima vez que la vea diferente-mal por largo rato, la lleve al médico sin esperar, y me entró culpa por no haberlo hecho, ni haber llamado a la pediatra temprano. Pero ya pasó. Nadie nace sabiendo. Mi madrina nos dijo a larga distancia que podía ser la pancita y que le diera espaven, que fue mano de santo. Estoy muy cansada, me atrasé en el trabajo, la casa está más caótica que ayer, pero B hoy está como si nada, y soy feliz por eso.

Silvia Parque